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Tres días de celebraciones nupciales y miembros de otras monarquías europeas entre los invitados

Philippos de Grecia y Nina Flohr celebran la primera boda real en Atenas en 57 años

El hijo pequeño de Constantino y Ana María de Grecia se ha casado con la hija del 'rey de la aviación privada' por el rito ortodoxo en una catedral cargada de simbolismo

por Sira Acosta

Dicen que a la tercera va la vencida y ahora sí: Philippos de Grecia y la heredera suiza Nina Flohr han celebrado por fin su gran boda. Si en diciembre de 2020 se casaron en por lo civil en Saint-Moritz (Suiza), solo con la familia, y seis meses después celebraron una bucólica "reboda" en la campiña inglesa para sus amigos, este 23 de octubre de 2021 ha llegado el momento que todos esperaban. El hijo pequeño de los reyes de Grecia y la hija del 'rey de la aviación privada' se han casado esta tarde en una ceremonia religiosa por el rito ortodoxo en Atenas, ciudad  en la que no se celebraba una boda real desde hace 57 años. La familia de la reina Sofía ha regresado a un escenario cargado de simbolismo, que forma parte de su historia, y lo ha hecho rodeada de miembros de otras casas reales europeas.

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Durante todo el día la expectación ha sido máxima en la plaza Mitropólis del barrio de Plaka, en el centro histórico de la capital griega, todas las miradas estaban puestas en la catedral de la Asunción de Santa María de Atenas, que ya ayer recibió visita de los novios y de algunos miembros de la Familia Real griega. En torno a las cuatro de la tarde, hora local, ha comenzando el goteo constante de invitados sobre una alfombra azul que se había instalado esta misma mañana en las escaleras de una catedral que había sido decorada con un sencillo adorno floral a cada lado de la puerta. Por parte del novio, además de la Familia Real griega al completo llegaron miembros de otras casas reales europeas como la danesa (la princesa Benedicta y su hija Alessandra, hay que recordar que Ana María de Grecia nació como princesa de Dinamarca y es hermana de la reina Margarita), española (la reina Sofía y la infanta Elena), británica (las princesas Eugenia y Beatriz de York), monegasca (Andrea Casiraghi y Tatiana Santo Domingo) y de la dinastía Hannover (los hermanos Ernst y Christian de Hannover con las princesas Ekaterina y Alessandra) ; y, por parte de la novia, una exclusiva selección de la "realeaza de los negocios" ya que la Nina Flohr es hija de Thomas Flohr, fundador y presidente de VistaJet. A la celebración en la catedral solo han podido asistir un centenar de invitados mientras el resto ha seguido la ceremonia gracias a unas pantallas gigantes que la novios han instalado en un hotel de lujo de la capital. 

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La últimas llegadas, siguiendo el orden de precedencia, de los miembros más destacados de la familia real, unido al nerviosismo de los pajes y las damitas - hijas de las amigas de la novia Sabine Getty y Alice Naylor-Leyland, ambas de la aristocracia británica -, que vestidos de blanco y ocre esperaban en la puerta de la catedral, anunciaban que la novia se acercaba. Asi fue, después de que Philippos entrara con su madre, la reina Ana María, vestida de azul y feliz ejerciendo de madrina, llegó el coche de la gran protagonista. Muy emocionada, agradeciendo la presencia de público y prensa y coronada por primera vez como princesa griega, Nina Flohr, a la que ya llaman los medios del país "princesa Nina", agarró el brazo de su padre y encaminó sus pasos rumbo al templo, dejando que dos damas (Ana María y Amelia, hijas de la princesa Alexia y de Carlos Morales) le ayudaran con la larga cola de su vestido. Tras ellos las puertas de la catedral ateniense se cerraron y una campana  marcó las cinco y media de la tarde en la capital griega. 

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Justo una hora después, las luces de la catedral se han encendido y poco a poco el movimiento en los alrededores de la catedral ha regresado. El coche de los novios ha encendido el motor y las puertas se han abierto para dejar ver la primera imagen de Philipos y Nina ya como marido y mujer. Precedidos por una lluvia de petalos blancos  y cogidos de la mano, han posado para los medios que había allí congregados. Primero él le ha dado un beso en la frente a su mujer, después le ha besado la mano y finalmente el Príncipe se ha animado a dar el beso que todos pedían.

Después han salido Constantino y Ana María de Grecia, acompañados por su nieto mayor, que seguía empujando la silla de su abuelo. Tras ellos los padres de la novia, Thomas y Katharina, y los príncipes Pablo y Marie Chantal de Grecia. Después pudimos asistir a reencuentros familiares que dejaron ver que la reina Sofía prácticamente acaba de llegar y no le había dado tiempo de saludar a muchos de algunos de sus familiares. La vimos besar a su hija, la infanta Elena, y a su sobrina, la princesa Alexia. También fue evidente la alegría de la princesa Benedicta de Dinamarca al encontrarse con ella y con la princesa Irene y juntas se marcharon charlando. 

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La boda de los recuerdos

Especialmente emotiva fue la llegada de Constantino, que desde el 2018 usa silla de ruedas en la mayoría de sus apariciones. Acompañado por su nieto mayor, el que lleva su nombre, insistió en ponerse en pie para saludar al arzobispo Jerónimo II, primado de la iglesia Ortodoxa, que salió con el resto de encargados del servicio religioso para recibirle a la puerta de la catedral en la que se casó el 18 de septiembre de 1964 con la reina Ana María, cuando su futuro parecía otro y brillante, cuando nada hacía predecir que solo tres años después un golpe militar les haría marcharse al exilio y que nunca podría regresar como "Rey de los Helenos", solo como el rey Constantino, que desde el año 2013 cumplió su deseo de volver a residir en su país, como un ciudadanos más, para disfrutar de la última etapa de su vida en la soleada localidad costera de Porto Jeli.

Para doña Sofía, que hace apenas unas horas estaba en Oviedo acompañando a la princesa Leonor en la entrega de los Premios Princesa de Asturias, este regreso a Atenas para la boda de su sobrino pequeño también esconde muchos recuerdos, ya que el 14 de mayo de 1962 fue en esa misma Catedral ateniense en la que se casó con el entonces príncipe Juan Carlos. Ese día el templo se decoró con 45.000 claveles rojos y amarillos como guiño a nuestro país, el país en el que finalmente reinaría la princesa griega. Como detalle, también emotivo y simbólico, en un día cargado de referencias al pasado de la Familia Real griega, la reina Sofía llevó el rubí que perteneció a su madre, la reina Federica de Grecia. 

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Por estas referencias esta boda ha sido la más especial de todas las que ha celebrado la Casa Real griega después de ser depuesta, ya que tanto el príncipe Pablo con la princesa Marie Chantal, como su hermana la princesa Alexia con Carlos Morales, aunque celebraron espléndidas bodas, se casaron en el Reino Unido. Mientras, el príncipe Nicolás con Tatiana Blatnik, que sí se casaron en Grecia donde residen en la actualidad, apostaron por la isla griega de Spetses, encantadora y señorial, pero sin el potente significado que tiene que un hijo del rey se case en la capital del país. Además para las celebraciones que han dado comienzo después de este "sí, quiero", los novios también eligieron un lugar muy especial la Asociación Nacional de Gimnasia, también en el corazón de la ciudad junto al mítico Zappeion y los Pilares de Zeus. Se trata de un espacio de 3.500 metros cuadrados rodeado de vegetación que tiene una capacidad para albergar eventos de hasta 3.000 personas con el atractivo añadido de que tiene las mejores vistas de la Acrópolis de Atenas, que por la noche ofrece todo un espectáculo al estar iluminada. 

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