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¿Por qué el testamento del Duque de Windsor resulta tan jugoso?

Eduardo VIII y Wallis Simpson cambiaron el curso de la historia del Reino Unido con su amor, sin embargo no todo está escrito, al menos hasta ahora, ya que un juez del Reino Unido ha autorizado que se abran sus últimas voluntades

por hola.com

Para algunos su amor fue uno de los más románticos del siglo XX y para otros una dolorosa deslealtad a la Corona británica. Sea como fuere, el Duque de Windsor cambió el curso de la historia y del futuro de su país cuando renunció al trono por la mujer que amaba, Wallis Simpson. Fue el 11 de diciembre de 1936 cuando tuvo lugar esa abdicación por amor, sin embargo, este romance sigue fascinando al público y promete volver con más fuerza que nunca después de un Tribunal de Justicia de Londres haya permitido que se examine su testamento.

En un tiempo en el que esta historia de amor vuelve a generar interés a raíz del éxito de la serie The Crown de Netflix, el juez Sir James Munby autoriza a que se rompa el sello del sobre que custodia el testamento del Duque de Windsor. En un fallo con fecha del 15 de noviembre  y a raíz de la solicitud firmada por Oliver Urquhart Irvine, bibliotecario y guarda de los archivos de la Reina, el presidente de la Sala de Asuntos de Familia del Tribunal Superior permite que se haga una copia del documento y que se examine con el fin de averiguar uno de los grandes misterios que rodean a este testamento: ¿quién tiene los derechos de autor?

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Este sería el primer paso para que las palabras de Eduardo VIII sean reproducidas en biografías, series o películas, algo que hasta ahora ha sido imposible, como los propios documentalistas de The Crown explicaron de cara al lanzamiento de la segunda temporada. Annie Sulzberger, una de las documentalistas, contó –tal y como recogen los medios británicos- que no tuvieron más remedio que reescribir algunas de las palabras del Duque por la falta de claridad sobre los derechos de autor que rodean a este legado, del que los Archivos Reales son incapaces de otorga el permiso para reproducirlos.

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Las cartas, notas y documentos que forman parte de ese testamento no pasarán a dominio público hasta el año 2042 –tal y como recoge la sentencia- así que de momento descubrir la identidad del propietario es la única vía para que recrear con la máxima fidelidad posible una vida que ha fascinado a generaciones y es que tras 65 años en el trono a menudo se olvida que la Reina de Inglaterra no había nacido para reinar.

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La historia del Reino Unido cambió cuando el hijo mayor el rey Jorge V se enamoró perdidamente de Wallis Simpson, una rica estadounidense dos veces divorciada, cuya relación provocó una crisis constitucional que le llevó a renunciar al trono. "Yo, Eduardo VIII de Gran Bretaña, Irlanda y los Dominios británicos de Ultramar, Rey, Emperador de la India, por la presente declaro mi decisión irrevocable de renunciar al trono para mi y mis descendientes, y mi deseo de que este instrumento de abdicación tenga efecto inmediato", recogía el documento oficial en el que anunciaba su abdicación. Si el Duque de Windsor no hubiera renunciado al trono del Imperio británico, casi con toda seguridad su sobrina Isabel II, que ha cumplido este abril los 21 años nunca hubiera sido Reina, ni lo hubiera sido su padre, Jorge VI,  que según se dice cuando se enteró de que su hermano mayor había abdicado exclamó aterrado: "¡No es posible, no es posible!".

Eduardo VIII vio cumplido su deseo el 3 de junio de 1937 cuando contrajo matrimonio con Wallis Simpson en una íntima ceremonia a la que sólo asistieron sus amigos más cercanos y que tuvo lugar en el castillo francés de Cande. De hecho, no acudió ningún miembro de la Familia Real y fueron muchos los británicos que no aceptaron de buen grado su decisión. Ya convertidos en marido y mujer, aprovecharon para viajar por todo el mundo y establecieron su residencia en Francia.

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El matrimonio se exilió en las Bahamas al estallar la Segunda Guerra Mundial, eran los invitados más esperados de las fiestas más lujosas que se daban en su amada capital francesa y vivieron su amor en una espectacular mansión del Bois de Boulogne que finalmente fue vendida en usufructo por la ciudad de París a Mohamed Al-Fayed. Añadiendo un ingrediente a una historia que ya los tenía todos, algunos medios que reprodujeron las últimas horas de vida de Diana de Gales afirmaron que ese trágico 31 de agosto de 1997 en el que perdió la vida, ella y Dodi Al-Fayed habían estado visitando Villa Windsor. Definitivamente, el testamento del Duque de Windsor puede dar otra vuelta de tuerca a una vida de lo más jugosa. 

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