Fawzia Fuad, la ‘Venus de Asia’

Fue una de las mujeres más famosas de su época, enormemente cosmopolita y de una elegancia extrema

por hola.com

Apenas recordada hoy en día, la princesa egipcia Fawzia Fuad (1921-2013), Reina consorte de Irán desde 1941 hasta 1948, al ser esposa del shah Mohammad Reza Pahlaví (1919-1980), fue una de las mujeres más famosas de su época, ocupando las portadas de publicaciones internacionales como Vogue o Life. Mujer enormemente cosmopolita, de una elegancia extrema -fue fiel clienta de las grandes firmas de alta costura-, y de una belleza simpar, hasta el punto de ser bautizada por el mítico fotógrafo británico Cecil Beaton (1904-1980) como la “Venus de Asia”, la vida de la princesa Fawzia no fue en ningún caso un camino de rosas, estando marcada, sobre todo, por el infeliz matrimonio con el Shah. En estas líneas repasamos su biografía.

La princesa Fazwia bint Fuad nace el 5 de noviembre de 1921 en el Palacio Ras el-Tin de Alejandría, siendo la hija mayor de Fuad I de Egipto (1868-1936) y de la segunda esposa de éste, la reina Nazli Sabri (1894-1978). La Princesa pues pertenecía a la dinastía de Mehmet Alí (c. 1769-1849), el fundador del Egipto moderno, y, por parte materna, era descendiente de Soliman Pasha al-Faransawi (1788-1860), militar francés del ejército de Napoleón que se convertiría al Islam y ocuparía importantes cargos en la jerarquía de la armada egipcia. Junto a sus hermanos –el futuro Faruq de Egipto (1920-1965), último Rey de la historia del país, Faiza (1923-1994), Faika (1926-1983) y Fathia (1930-1976), la princesa Fazwia vive una infancia privilegiada, rodeada de lujos y riquezas. Pronto la belleza de la Princesa –de pelo negro e imponentes ojos azules- comenzaría a llamar la atención de propios y extraños. El escritor y cortesano Adel Sabit (1919-2001), por ejemplo, la describiría como una mujer “extremadamente inocente, sobreprotegida, de exigua pero muy bella figura, criada en un entorno bucólico y rodeada de sirvientes solícitos”. Cuando alcanza la adolescencia, la Princesa estudia en Suiza y viaja con regularidad a París y Londres donde frecuenta las fiestas más exclusivas de ambas metrópolis.

Mientras, en Irán, el Shah Reza Pahlaví (1878-1944) se encuentra en plena búsqueda de una esposa para su hijo Mohammad. Su objetivo es casar al Heredero con un vástago de alguna familia con abolengo, que compense la escasa tradición de la dinastía Pahlaví, iniciada, de hecho, por él mismo, tras el fin del periodo de los Kayar. Un posible matrimonio con la hija del Rey egipcio, de abigarrada alcurnia, se presentaba, pues, como una opción extraordinaria para sus propósitos. Tras una serie de negociaciones –para agasajar a la Princesa y a su familia, el Shah envió además una espectacular colección de joyas- el compromiso de los dos Príncipes era hecho público en mayo de 1938, sin que los novios se conocieran ni si quiera en persona –no lo harían, de hecho, hasta apenas un mes antes de la boda-. Finalmente el 15 de marzo de 1939 el príncipe Mohammad y la princesa Fazwia se daban el sí quiero en el Palacio Abdeen de El Cairo. El matrimonio se celebró con una sucesión de fastuosas fiestas, cuyos ecos dieron la vuelta al mundo por la ostentación y el boato por los que se caracterizaron. Poco después del enlace, los recién casados se trasladaban a Teherán. La Princesa, que viajó a su nuevo país con más de doscientas maletas, fue recibida en el aeropuerto de Teherán por su suegro, quien después de besarla en la frente se refirió a ella como “mi hija”.

La llegada de la bellísima nueva Princesa fue celebrada en Irán con enormes festividades y algarabía popular. Los Príncipes se instalaron en un palacio expresamente renovado para ellos, el Palacio Qajar. Sin embargo, su nueva vivienda, pese a contar con todas las comodidades, no agradó a la Princesa, acostumbrada a los fastuosos palacios de su país de origen. Tampoco fueron completamente satisfactorias las relaciones de la Princesa con su suegra, la reina Tadj ol-Molouk (1896-1982). Pronto, para más inri, comenzaron a correr rumores de las supuestas infidelidades del príncipe Mohammad. No obstante el 27 de octubre de 1940, la princesa Fazwia daba a luz a su única hija con el futuro Shah, la princesa Shahnaz (1940).

En 1941, después de que Irán fuera invadido por ingleses y rusos en el marco de la Segunda Guerra Mundial, el shah Reza es obligado a abdicar tras haber defendido la neutralidad de su país durante los primeros años del conflicto bélico. Su hijo, mucho más cercano a los postulados de los aliados, es investido como Shah el 16 de septiembre de 1941. La princesa Fawzia se convierte así en Reina consorte. La prensa internacional recoge la noticia y destaca la belleza de la nueva Soberana, que pronto se convierte en una de las mujeres más famosas de la época, por su exotismo, su sofisticación y su aura enigmático. Mientras el mundo se rinde a sus pies, la Reina vive momentos difíciles en la asfixiante corte de Teherán. La Reina pasa horas y horas metida en la cama, jugando a las cartas y sin apenas vida social. Incapaz de aprender la lengua persa, la Reina se dirige a su esposo y a su servicio en francés. La leyenda cuenta que la Soberana deambula por los pasillos de Palacio repitiendo como un mantra la frase “Je m’ennui!” (“¡Me aburro!” en francés). Probablemente víctima de una depresión, la Reina deja de cumplir con sus compromisos, negándose incluso a acudir a eventos caritativos.

El aislamiento de la Reina se agrava cuando deja de compartir dormitorio con su marido, el Shah, y, desmoralizada, muestra desinterés por el cuidado de su pequeña hija. Finalmente la Soberana rehúsa abandonar su habitación, negándose incluso a recibir a su marido, quien intenta, sin éxito, animarla. Las noticias del estado emocional de la Reina llegan a Egipto, donde se habla de supuestas enfermedades como origen del drama personal de la Soberana. Su padre, el rey Fuad, se traslada a Teherán, alarmado. Lo que encuentra en la capital iraní supera con creces sus peores expectativas. La Reina se presenta ante su padre escuálida y con unas ojeras profundas. El rey Fuad, horrorizado, decide llevar a su hija de regreso a Egipto para intentar que allí su estado mejore.

Oficialmente se anuncia que la Reina se recupera en El Cairo de una malaria y que los doctores no la recomiendan el clima ni la altura de Teherán. Los meses pasan y la Reina permanece en su tierra natal donde, tras recuperarse física y psicológicamente, retoma la vida social egipcia, casi siempre en compañía de su hermana Faiza. La Soberana se niega a contestar las cartas que su marido le envía desde Irán. Finalmente en 1948, y con acuerdo de las dos partes, se anuncia el divorcio de la pareja. A la Reina se le prohíbe ver a su hija, con la que solo se reencontrará cuando la Princesa cumpla la mayoría de edad. El Shah se casará de nuevo en 1951, en ese caso con Soraya Esfandiary-Bakhtiari (1932-2001), con la que no tendrá descendencia, y, en 1959, con Farah Diba (1938), con la que tendrá cuatro hijos, incluido el actual pretendiente al trono iraní, el príncipe Reza Pahlaví (1960). El Shah morirá en el exilio en 1980.

Cinco meses después de la comunicación pública del divorcio, la antigua Reina iraní, de nuevo convertida en princesa Fawzia de Egipto, casará en segundas nupcias con el coronel del ejército Ismail Shirin (1919-1994), de origen aristocrático. La pareja, que tendría dos hijos, Nadia (1950-2009) y Husain (1955), vivirá felizmente el resto de su vida entre el exclusivo barrio de Maadi en El Cairo y una mansión de Alejandría. La princesa Fawzia morirá el 2 de julio de 2013 en Egipto. Sus restos mortales descansan en El Cairo junto a los de su segundo marido.

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