Elena de Orleans, una vida marcada por un amor prohibido

por hola.com

La biografía de la princesa Elena de Orleans (1871-1951) bien podría servir como argumento para una novela romántica. Bisnieta del rey Luis Felipe I de Francia (1773-1850) y, por tanto, miembro de la dinastía de los Orleans, la princesa Elena, conocida en su época por su gran belleza, protagonizaría uno de los romances más sonados del siglo XIX con el príncipe Alberto Víctor de Inglaterra (1864-1892), nieto de la reina Victoria. Este idilio, caracterizado por una gran pasión y por un final desdichado, marcaría el resto de la vida de la Princesa. En estas líneas repasamos su vida.

Nace la princesa Elena de Orleans en territorio inglés, concretamente en York House, Twickenham, el 13 de junio de 1871. En ese lugar, muy cerca de Londres, residía la familia Orleans desde que el rey de Francia Luis Felipe I, bisabuelo de la Princesa, marchara al exilio en 1848, tras la llamada Revolución de Febrero. La princesa Elena era hija del príncipe Felipe, Conde de París (1838-1894) y de la infanta María Isabel de España (1848-1919), a su vez hija de los Duques de Montpensier. La familia del Conde de París sería autorizada a regresar a tierras galas poco después del nacimiento de la Princesa, por lo que la infancia de ésta se desarrollaría principalmente en el Hôtel Matignon de París – actual residencia oficial de los primeros ministros franceses -, palacio en el que la familia Orleans residiría hasta 1876, cuando las autoridades republicanas decidieron expulsar de territorio galo a los cabezas de familia de las dinastías Orleans y Bonaparte, con el objeto de evitar posibles conspiraciones en pos de la restauración de la monarquía. Antes de esta degradante deportación, los Orleans sí habían logrado que la fortuna familiar, de gran envergadura para la época, les fuera devuelta, por lo que los vástagos de la estirpe comenzaron a ser vistos en las cortes europeas como posibles candidatos con los que emparentar a príncipes y princesas casaderos.

Los padres de la Princesa estaban convencidos de la importancia de que sus hijos realizaran matrimonios que fueran ventajosos para la imagen y el estatus de la familia Orleans. El Conde y la Infanta tuvieron además de a Elena a siete hijos más, si bien dos de ellos, los príncipes Carlos y Diego fallecieron al poco de nacer. En el caso de los hermanos que habían nacido con anterioridad a la princesa Elena, los dos casaron con importantes figuras de la realeza europea: la princesa Amelia (1865-1951), que contrajo matrimonio con el futuro Carlos I de Portugal (1863-1908) y el príncipe Luis Felipe (1869-1926) que llevaría al altar a la archiduquesa María Dorotea de Austria (1867-1932). En el caso de la princesa Elena la intención de sus padres es que su hija emparentara con una de las familias más poderosas del continente, la Casa de Romanov, en aquel tiempo encabezada por el zar Alejandro III de Rusia (1845-1894). Éste y especialmente su esposa, la emperatriz María (1847-1928), veían en la princesa francesa a la candidata perfecta para esposa se su primogénito y heredero al trono, el futuro zar Nicolás II de Rusia (1868-1918). Sin embargo el corazón de la Princesa ya estaba ocupado, por lo que este intento de congeniar a la joven Orleans con el futuro Zar estaba condenado al fracaso.

En 1887, la princesa Elena, de 16 años de edad, conoce en Inglaterra al príncipe Alberto Víctor, Duque de Clarence y Avondale (1864-1892), hijo mayor de Alberto Eduardo, Príncipe de Gales (1864-1892) y por tanto segundo en el orden sucesorio al trono británico por detrás de su padre. El Duque, familiarmente conocido como Eddy, es un apuesto oficial de caballería de 23 años. La Princesa se enamora de él casi de inmediato. Por su parte el Duque, que en aquel tiempo se encontraba en pleno cortejo de la princesa Alix de Hesse (1872-1918), pronto se da cuenta que en realidad el objeto de sus deseos es la Princesa gala. La pareja comienza una apasionada relación epistolar en la que los jóvenes se profesan su amor sin contención –“Para mí eres un ángel sobre la tierra”, le escribe el Duque a la Princesa -. Durante el verano de 1890, la princesa Elena viaja a Escocia para pasar unas vacaciones por invitación de la princesa Luisa del Reino Unido (1867-1931). Allí los enamorados se encuentran y se dan cuenta de que están hecho el uno para el otro. Desafortunadamente el entorno de los jóvenes no vería con buenos ojos el noviazgo.

El principal problema del posible compromiso entre el Duque de Clarence y la Princesa de Orleans era el religioso. Según estipulaba el Acta de Establecimiento de 1701, aprobada por el parlamento británico, un católico no podía acceder al trono inglés. De este modo, el eventual matrimonio con la católica Elena era razón suficiente para excluir al Duque de la línea sucesoria. La reina Victoria, al ser informada de la relación de su nieto, se negó en redondo a aprobar el compromiso, llegando incluso a apuntar a otra candidata como novia para su nieto, la princesa Margarita de Prusia (1872-1954).

No obstante, los jóvenes enamorados no cejan en su empeño de estar juntos. La Princesa le comunica a la reina Victoria su voluntad de convertirse a la fe anglicana. La Reina cree improbable que el Conde de París, padre de la joven, esté dispuesto a aceptar la conversión de su hija. Por su parte, el Duque incluso llega a amenazar con renunciar a sus derechos dinásticos. La noticia del idilio del Duque y la Princesa llega a las más altas esferas políticas, que se muestran radicalmente contrarias a un posible matrimonio. La princesa Elena decide solicitar una audiencia con el Papa León XIII (1810-1903) para pedir al Santo Padre la venia para criar a sus futuros hijos como protestantes. El Papa se niega. En mayo de 1891, la Princesa, desolada, envía una carta a su amado en la que la joven finalmente se rinde: “cumple sin vacilaciones con tus obligaciones como Príncipe inglés y olvídame”. El Duque, desesperado e iracundo, se reúne con los padres de la joven pero éstos se niegan en redondo a darle la mano de su hija. “Se me rompe el corazón de pensar que tendremos que vivir nuestras vidas separados”, le escribe el Duque a la princesa Elena en su misiva de despedida.

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Cuatro meses después de la última comunicación de la pareja, el Duque se compromete con la princesa Victoria María de Teck (1867-1953). El compromiso, arreglado por las familias de los novios, no dura mucho. El Duque muere seis días después del anuncio, víctima de la epidemia de gripe de asola el continente europeo. Su prometida terminará casando con el hermano del difunto, el príncipe Jorge, y convirtiéndose más tarde en la reina María.

La noticia de la muerte del Duque supone un mazazo de proporciones inconmensurables para la princesa Elena. Su vida deja de tener sentido. Durante años la joven apenas tiene vida social y los intentos de su madre para que conozca posibles pretendientes – como el futuro Víctor Emmanuel II de Italia (1820-1878) o el Duque de Oporto, el infante Alfonso (1865-1920) jamás fructifican -. Finalmente en 1895 la Princesa, probablemente resignada a no encontrar el amor de nuevo y buscando una cierta comodidad, acepta contraer matrimonio con el príncipe Emmanuel Filiberto, Duque de Aosta (1869-1931), miembro de la Casa de Saboya, pero de un estatus inferior al que sus padres hubieran deseado.

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La vida con el Duque italiano no fue fácil, una vez que la Princesa nunca olvidó a su gran amor. La pareja tuvo dos hijos: Amadeo (1898-1942), quien llegaría a ser Virrey de Etiopia y moriría en Nairobi, después de ser hecho prisionero por el ejército inglés, en 1942, y Aimone (1900-1948), quien llegaría a ser, si bien brevemente, Rey de Croacia con el nombre de Tomislav II, y que casó con Irene de Grecia y Dinamarca (1904-1974). Sin embargo, incontables crónicas de la época relatan los problemas del matrimonio. El diario New York Times, por ejemplo, anuncia en enero de 1897 que los Duques apenas tienen relación y que, aunque viven bajo el mismo techo, hacen vida en diferentes estancias. En 1931 el matrimonio llega a su final con la muerte del Duque. La Princesa, cinco años después, vuelve a casarse en segundas nupcias con un militar, el coronel Otto Campini (1872-1951). Apartada de la vida pública, el 21 de enero de 1951 la princesa Elena de Orleans fallece con 79 años de edad en Castellammare di Stabia, en la Campania italiana.

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