Crianza

La neuroeducadora Elvira Perejón, sobre la prohibición de Novak Djokovic a sus hijos: “Es una forma de proteger el desarrollo emocional, social y cognitivo”


Tomar decisiones respecto a la educación de los hijos no siempre es fácil, ni siquiera para una gran estrella como Djokovic, pero él no tiene dudas acerca de ésta en concreto


Novak Djokovic, con su hijo Stefan© Getty Images
2 de febrero de 2026 - 15:14 CET

Novak Djokovic demostraba este domingo una nobleza y una humildad admirables al elogiar a dos de sus mayores adversarios: a los españoles Rafa Nadal, que se encontraba en las gradas como espectador de la gran final del Open de Australia, y a Carlos Alcaraz, quien le vencía haciendo historia. “Bravo Carlos, pequeño titán, joven mago de Oz. Un digno campeón, un talento inmenso, una maravillosa persona y creador de historia”, decía el serbio. Este saber estar, esta capacidad de mirar más allá, lo convierten en un ejemplo a seguir entre los más jóvenes y, por supuesto, también para sus hijos.

Eso a pesar de que ellos, sus hijos, probablemente no siempre lo vean así, no siempre les parezcan acertadas las palabras o las decisiones de su padre. Puede que uno de los grandes tenistas de la historia como Djokovic también sienta, al igual que el resto de los padres mortales del mundo, que “a ver por dónde le viene ahora la pelota" en casa, utilizando el tenis como símil de la crianza de los hijos. Y es que sabemos que criar a un hijo no es fácil, ni siquiera para Djokovic.

Educar también es sostener decisiones incómodas hoy para proteger la autoestima, la seguridad y la salud emocional del futuro de nuestros menores.

Elvira Perejón, neuroeducadora y especialista en neuropsicología infantojuvenil

De hecho, hace unos meses compartía una de las decisiones que más rechazo ha generado en sus hijos, Stefan y Tara, que tienen 11 y 8 años, respectivamente: no les deja tener móvil y no lo tendrán hasta que no sean lo suficientemente maduros. "Se quejan de que todos en el colegio tienen uno menos ellos", decía en una entrevista a una televisión serbia que se ha viralizado en estos días.

¿Es esta una decisión acertada? ¿No es una forma de excluir a sus hijos de las actividades y entornos (aunque sean digitales) de sus amigos y compañeros? “Desde la neuroeducación y el bienestar digital, me parece una decisión coherente y responsable”, nos dice Elvira Perejón, neuroeducadora y especialista en neuropsicología infantojuvenil (@educacionincondicional). “No se trata de demonizar la tecnología, sino de entender que un smartphone no es solo un teléfono, es una puerta abierta a redes sociales, internet, datos personales y estímulos para los que el cerebro infantil todavía no está preparado”.

Perejón subraya que es necesario que los niños hayan trabajado muchas competencias previas antes de darles un móvil propio. Entre esas competencias, las imprescindibles son que hayan aprendido a gestionar el tiempo en pantalla, que entiendan qué es la privacidad, que sepan que no todo lo que se ve en internet es real y que hayan desarrollado autoestima suficiente para no depender de la validación externa y contar con normas familiares claras. “Cuando el móvil llega antes de que todo eso esté construido, no es una herramienta: es una sobrecarga”, advierte. “Retrasar su acceso no es un castigo, es una forma de proteger el desarrollo emocional, social y cognitivo”.

Novak Djokovic llevando en brazos a su hija Tara tras un partido en 2023© Getty Images
Novak Djokovic llevando en brazos a su hija Tara tras un partido en 2023

¿Te atreverías a no darle un móvil a tu hijo si todos en su clase ya lo tienen?

La decisión de Djokovic es valiente por cuanto implica ir a contracorriente. Muchos (seguramente sus propios hijos) la verán más bien como temeraria, puesto que inevitablemente lleva a los niños a quedar fuera de muchos planes y de muchas conversaciones en redes sociales, si todos los demás a su alrededor sí tienen uno. 

A la hora de la verdad, eso hace que, por muy convencido que se esté de lo contraproducente que es darle un smartphone a un menor, muchos padres y madres acaben claudicando para que su hijo no quede excluido. “Esta es la parte más difícil, la realidad de muchas familias. La presión del grupo existe y negarla no ayuda”, comenta la neuroeducadora. “Lo primero es validar lo que sienten: es normal que quieran encajar, sentirse parte y no ser “los raros”.

Dar tecnología sin acompañamiento es dejar solos a los niños y niñas en un entorno para el que no están preparados.

Elvira Perejón, neuroeducadora y especialista en neuropsicología infantojuvenil

Elvira Perejón explica que es fundamental que los padres tengan muy claro el porqué de su negativa a darle un smartphone a sus hijos: “Cuando la decisión se toma desde el miedo o la duda, es más fácil claudicar. Cuando se toma desde la convicción informada, el mensaje llega con más seguridad y firmeza”.

Y, de cara a la explicación que se les da a los hijos, lo importante es hablar con ellos, darles un argumento, para que entiendan que tener un móvil implica asumir importantes responsabilidades, más allá de tener redes sociales o WhatsApp. Responsabilidades, dice, como cuidar la privacidad, no creerse todo lo que se ve en línea, gestionar la presión social, protegerse frente a la manipulación, el acoso o el contacto con desconocidos. “Todo eso no se aprende de un día para otro”.

También es esencial no ir solos, asegura la creadora Club BrainyFamily. “Cuando varias familias comparten criterios y acuerdan retrasar el móvil, la presión baja muchísimo, tanto para los niños y niñas como para los propios padres”. Y recuerda que “educar también es sostener decisiones incómodas hoy para proteger la autoestima, la seguridad y la salud emocional del futuro de nuestros menores”.

¿Es ésta una decisión que puedan tomar todas las familias?

Además de la presión de grupo (que, como hemos visto, existe y es potente), hay otra realidad que hace muy difícil a muchas familias el negar un móvil a sus hijos. Tanto es así que es uno de los motivos que ha generado más controversia en redes sociales, donde algunos usuarios han señalado que el poder adquisitivo de Novak Djokovic le permite que haya siempre alguien que lleve a sus hijos al colegio cuando sus padres ni nadie de la familia puedan hacerlo. Si tienen que ir solos al colegio, ¿quién no daría un smartphone a su hijo para saber dónde está en todo momento?

“Un niño o una niña puede estar localizado y comunicarse con su familia sin necesidad de tener acceso a redes sociales, internet ilimitado o mensajería sin supervisión”, señala al respecto Elvira Perejón, quien habla de alternativas mucho más ajustadas al desarrollo infantil, como relojes con llamadas limitadas, teléfonos básicos sin acceso a internet o dispositivos que permiten contactar solo con adultos de referencia. “Estas opciones cubren la necesidad de seguridad y comunicación sin exponerles a riesgos innecesarios”.

“El problema no es económico, es educativo”, destaca. “Dar tecnología sin acompañamiento es dejar solos a los niños y niñas en un entorno para el que no están preparados”.

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