Maternidad

Ana Morales, especialista en bienestar y salud mental, sobre cómo gestionar el cansancio de la maternidad: "Esa carga no tiene por qué ser solo nuestra"


Criar y educar a los hijos implica un esfuerzo cognitivo constante, pero también físico. ¿Cómo hacer frente a ese cansancio generalizado?


Ana Morales, periodista y escritora© Ana Morales
26 de enero de 2026 - 7:30 CET

La crianza es, en casi todos los casos, agotadora. El esfuerzo físico y mental, unido a la falta de sueño los primeros meses (y, a veces, años), dan lugar  a que la madre tenga la sensación de pérdida de control de su propio bienestar, que casi siempre acaba relegando a un segundo plano. ¿Por qué ocurre esto? Se lo hemos preguntado a la periodista Ana Morales, especializada en temas de bienestar, salud mental, nutrición y fitness, que acaba de publicar su primer libro: Estado civil: cansada. La guía perfecta para pasar del "yo puedo con todo" al "elijo cuidarme" (Roca Editorial). Morales da, además, una serie de claves eficaces y fáciles de llevar a cabo para que las madres puedan (de verdad) dedicarse algo de tiempo a sí mismas cuando están inmersas de lleno en la crianza de sus hijos y sienten que no llegan a nada.

Estar sosteniendo mentalmente tantos detalles de organización y planificación que implican la crianza y la educación es un esfuerzo cognitivo constante mantenido en el tiempo que nos agota.

Ana Morales, periodista especializada en temas de bienestar, salud mental, nutrición y fitness

En el libro hablas del cansancio generalizado de muchas mujeres y desde muy jóvenes. Explicas que, en tu caso, comenzó sobre los 20 años, aún sin terminar la carrera. ¿Se agrava el cansancio cuando llega la maternidad?

Creo que el cansancio está muy extendido y generalizado entre las mujeres más allá de la maternidad. Es un tema multifactorial condicionado por muchos escenarios: los bailes hormonales que nos acompañan desde la adolescencia; el contexto social y laboral –siempre teniendo que demostrar nuestra valía–; el factor psicológico relacionado con una mayor tendencia a los pensamientos rumiantes y problemas de autoestima ya desde edades tempranas. Si a eso sumamos el papel de cuidadoras de todo el mundo (no solo de los hijos) que tenemos tan interiorizado, el cansancio nos afecta a todas. Pero sí es cierto que la maternidad es un factor añadido a ese ecosistema que agrava ese estado de agotamiento. 

¿Qué implica la llamada carga mental materna en ese cansancio que, en la mayoría de los casos, se arrastra desde mucho antes de la llegada del primer bebé?

El tener que estar sosteniendo mentalmente tantos detalles de organización y planificación que implican la crianza y la educación es un esfuerzo cognitivo constante mantenido en el tiempo que nos agota. Efectivamente, sucede incluso durante el embarazo, haciendo que vivamos en un estado de alerta constante para conseguir que todo fluya. Y eso agota muchísimo. 

¿Cómo afrontarlo cuando se es madre y no hay tiempo material real para una misma? Porque no siempre hay opción a pedir ayuda a personas externas o a los abuelos y, a veces, ni siquiera es posible coordinarse con la pareja en la crianza de los hijos…

Efectivamente es muy complicado. Y aunque la teoría nos dice que debemos intentar reservar algo de tiempo para nosotras mismas cada día, hay situaciones en las que es casi materialmente imposible, sobre todo en los primeros años de la crianza. Por eso creo que es tan valioso intentar centrarse en lo pequeño para conseguir grandes cambios. Por ejemplo, si no hay tiempo de ir al gimnasio, intentar caminar más o subir y bajar las escaleras para movernos, sea de la forma que sea. Si no podemos quedar con una amiga, intentemos reservarnos 10 minutos para esa llamada de teléfono que siempre procrastinamos. 

También ayuda hacer pequeñas microparadas al día de 2 minutos haciendo solo una cosa e intentando estar más presente. Es cierto que intentar tener tiempo para una misma en pleno apogeo de la crianza y cuando no se tiene ayuda puede resultar frustrante si se piensa a lo grande. Quizá es mejor intentar buscar esos pequeños momentos a lo largo del día antes de llegar a una situación de agotamiento extremo.

Incluso cuando la pareja está igual de implicada en la crianza de los hijos, la carga mental y el cansancio de las madres suele ser mayor. ¿A qué crees que se debe?

Creo que hay mucho de herencia cultural al respecto. Tenemos tan interiorizado ese papel de cuidadoras (en parte porque puede que lo hayamos visto en nuestras madres y abuelas) que tendemos a asimilar en silencio muchas cosas sin cuestionarnos la posibilidad de que esa carga no tiene por qué ser solo nuestra. 

Por otro lado, también se establecen de manera velada ciertas dinámicas sociales, familiares y de pareja, en las que se da por hecho que ciertas tareas de la crianza son cosa nuestra. Es muy necesario dejar de asumir de forma pasiva y hablar más de ello. 

Haces referencia a estudios científicos que concluyen que las mujeres necesitan descansar más que los hombres. ¿A qué puede deberse?

Sí, hay estudios que sugieren que podemos necesitar algo más de sueño cada noche (alrededor de unos 20 minutos más). Cuando indagué sobre ello con expertos, la explicación estaba sobre todo en esa tendencia que tenemos a la multitarea y a una mayor activación del sistema límbico en el cerebro, relacionado con las emociones. Todo ello unido a la autoexigencia constante nos lleva a un estado de alerta que hace que nuestro cerebro siempre esté de guardia. Eso consume mucha energía y el sueño es vital para lograr que las conexiones neuronales y nuestro cerebro estén sanos.

Estado civil: cansada, de Ana Morales© Roca Editorial
Estado civil: cansada, de Ana Morales

La neurociencia ha demostrado que el cerebro de la mujer cambia cuando se convierte en madre. ¿Qué implica, en la práctica, que se produzcan esas adaptaciones neuronales?

Si hay algo en lo que se insiste cada vez más en el campo de la neurociencia, es en la plasticidad del cerebro. Esa capacidad de adaptación hace, por ejemplo, que nos hayamos acostumbrado al multitasking aunque realmente el cerebro necesite hacer las cosas de una en una.  Al final es una cuestión de supervivencia pura y dura. Nuestro cerebro se adapta, sí, pero claramente repercute en nuestros niveles de energía. 

Hablas en el libro de la autoexigencia como un factor determinante en el cansancio de las mujeres. ¿Se lleva esa autoexigencia al extremo cuando se es madre?

Diría que en muchos casos, sí. Actualmente tenemos mucha más información sobre la crianza que antes. Y eso, aunque puede ser de gran ayuda, puede hacer que esas cotas de autoexigencia ya de por sí elevadas, se incrementen porque de alguna manera ese querer ‘hacerlo todo y hacerlo perfecto’ se traslada al campo de la maternidad y se amplifica. Aunque también diría que para otras mujeres la maternidad les ayuda a relativizar y a priorizar. Y sabiendo que lo que ven nuestros hijos durante sus primeros años de vida cala tanto en su aprendizaje e, incluso, en su forma de ser, muchas mujeres aprenden a establecer prioridades, tanto por su salud mental como por el bienestar de sus hijos.

Tendemos a asimilar en silencio muchas cosas sin cuestionarnos la posibilidad de que esa carga no tiene por qué ser solo nuestra.

Ana Morales, periodista especializada en temas de bienestar, salud mental, nutrición y fitness

En caso de respuesta afirmativa en la anterior pregunta, ¿cómo repercute en el bienestar emocional de la mujer?

Diría que de una forma muy negativa y probablemente generando una mayor frustración que nos acaba agotando. Como me dijeron varias psicólogas con las que hablé para escribir el libro, las mujeres tendemos a autoexigirnos mucho y a perdonarnos poco. Y eso cansa. 

Indicas que perteneces “a medias” al llamado club de las 5:30, más que convicción, para llegar a todo, que o lo haces o tendrías que empezar a renunciar a cosas. ¿A qué cosas se puede renunciar? ¿Es posible, de verdad, dormir el tiempo que precisa nuestro cuerpo (y nuestra mente) y llegar a todo como madres?

Sí, en mi caso, cuando me he sumado a este club ha sido por una cuestión pura y dura de productividad, por la necesidad de ‘llegar a todo’. No me salían las cuentas al final del día para poder hacer todo lo que tenía que hacer y recurriría al madrugón extremo. Pero claro, esto es otra trampa, porque robarle horas al sueño hace que seamos menos productivas a lo largo del día (por no hablar de cómo nos puede afectar a las relaciones sociales y a la salud en general). A veces es difícil dormir las consabidas 8 horas de sueño y llegar a todo. 

Y precisamente porque es complicado acabamos renunciando a nuestro autocuidado. Por eso, rebajar el nivel de autoexigencia puede ayudar, ya que en muchas ocasiones ese querer ‘llegar a todo’ implica tener la casa perfecta, hacer un cumpleaños infantil ideal o preparar planes por encima de nuestras posibilidades y las de nuestros hijos. Y eso sí son tareas que podemos eliminar de la lista. Cuesta bajar el ritmo, pero empezar a dejar algo sin hacer o hacerlo de una forma práctica y sencilla, sin caer en el síndrome de Instagram, puede ayudar. 

¿Qué le dirías a las madres que se sientan saturadas y agotadas, que no vean por dónde empezar para disfrutar de su maternidad (y de sí mismas) como merecen?

Les diría que estamos todas en el mismo barco, y que esa sensación de ‘no me da la vida’ y de desborde total y absoluto, no es para nada extraña. Pero también está en nuestra mano intentar cambiar ciertas cosas para cuidarnos a nosotras mismas y poder cuidar también a nuestros hijos. Como te dicen cuando te suben a un avión, antes de ayudar a los demás es necesario ponerse la máscara de oxígeno a uno mismo. 

Se trata de encontrar la manera, con pequeños gestos durante el día, para cuidarnos: ya sea tomando el primer café en calma; leyendo aunque sea 10 minutos o hablando con una amiga por teléfono. Muchas veces dejamos el descanso en manos de otros, esperando a que sea nuestra pareja, nuestros jefes o nuestros hijos los que nos digan que paremos. Cuesta, pero es importante que recuperemos el control de nuestro bienestar sin dejarlo en manos ajenas.  

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