La responsabilidad es, en todo niño y en toda niña, una virtud y normalmente es el resultado de un trabajo a lo largo del tiempo por parte de sus padres. Sin embargo, hay ocasiones en las que esa responsabilidad va mucho más allá, cuando los hijos menores de edad se hacen cargo de tareas que deberían corresponder a sus padres. Es lo que se llama parentificación, una inversión de roles que puede afectar enormemente al desarrollo emocional de los niños y a su salud mental presente y futura. ¿Cómo darnos cuenta de que estamos dejando que nuestros hijos asuman responsabilidades que nos corresponden a nosotros como padres? ¿Por qué ocurre y cómo revertir la situación?
De todo ello nos hablan Victoria Espinosa (Doctora en Psicología, docente universitaria, psicóloga general sanitaria especializada en población infantojuvenil, apego y trauma e investigadora en el Centro de Investigación e Innovación en Salud Mental del Parc Sanitari Sant Joan de Déu) y Laura Núñez (psicóloga general sanitaria y terapeuta EMDR de población infantojuvenil y adulta, especializada en trauma y apego). Ambas son coautoras del libro ilustrado ¡Eso no me toca a mí! (Ed. Peonza), muy útil para ayudar a los niños (y también a las familias) a reconocer cuando son víctimas de una situación de parentificación.
Un niño o niña que parece muy responsable puede estar renunciando a cosas tan importantes como jugar, descansar o expresarse.
Los psicólogos siempre decís que es recomendable que los niños asuman responsabilidades, pero ¿qué ocurre si asumen responsabilidades que corresponden a los adultos de la casa? ¿Cómo les afecta?
Asumir responsabilidades en la infancia es saludable y necesario para desarrollar autonomía y estrategias de afrontamiento y para colaborar y sentirse parte importante de la familia, pero estas responsabilidades tienen que estar adaptadas al nivel de desarrollo. Si no, les estamos pidiendo algo que desborda la capacidad con la que cuentan y esto puede tener consecuencias tanto a corto plazo, en la infancia y adolescencia, como a lo largo de su vida adulta.
¿Cómo influye en el desarrollo de la personalidad de estos niños?
Las consecuencias negativas de la parentificación se pueden dar en todos los niveles: fisiológico, como alteraciones del sueño y la alimentación o dolores recurrentes de tripa o cabeza sin explicación; emocional, como estados de hiperalerta o baja autoestima; cognitivo, como problemas de atención y concentración; conductuales, como limitación del juego, absentismo escolar o autolesiones. Además, observamos dificultades para desarrollar la propia identidad, porque estos niños y niñas aprenden que son importantes por cómo cuidan de los demás, olvidándose de quiénes son, qué necesitan o de qué disfrutan; y dificultades para relacionarse con los demás que se alargan hasta la vida adulta.
¿Qué es la parentificación?
La parentificación, también conocida como inversión de roles, ocurre cuando un niño o niña asume responsabilidades que les corresponden a las personas adultas. Pueden ser responsabilidades instrumentales, como hacerse cargo de un hermano más pequeño; o emocionales, como consolar a uno de sus padres o mediar en conflictos familiares.
¿Por qué se suele producir? ¿Cuáles son los casos o las situaciones más habituales?
Las causas de la parentificación son diversas y se pueden dar en todo tipo de familias. Podemos encontrar enfermedades físicas o mentales, divorcios complicados, migraciones, dificultades para conciliar, falta de habilidades parentales, etc.
Nos parece importante, para abordarla, destacar el papel del contexto, la responsabilidad de toda la sociedad y la necesidad de contar con condiciones sociolaborales que garanticen la protección y el desarrollo saludable de toda la infancia y adolescencia.
En vuestro libro infantil, la protagonista, Maca, al principio se siente feliz de ayudar a su familia, como “una superheroína”, hasta que llega a no tener tiempo para jugar, dibujar y ni siquiera dormir. ¿Cómo suele ser el proceso de inversión de roles? ¿Suele ser de un día para otro o, al igual que en el caso de Maca, se trata de algo gradual, que puede llegar a pasar inadvertido al principio?
Se trata de un proceso gradual, para estos niños y niñas la norma es llevar a cabo esas tareas que no les corresponden. Al principio, no solo puede pasar desapercibido, sino que en muchas ocasiones se refuerza cuando los adultos decimos frases como “no sé qué haría sin ti” o “qué madura es para la edad que tiene”. Un niño o niña que parece muy responsable o mayor para su edad puede estar renunciando, poco a poco, a cosas tan importantes como jugar, descansar o expresarse. Es importante revisar este refuerzo y mirar más allá de la conducta o la apariencia, para detectarlo a tiempo.
¿Cómo encontrar el equilibrio entre las responsabilidades que sí pueden o deben asumir en función de su edad y el exceso de responsabilidad?
El título del cuento, ¡Eso no me toca a mí!, resume muy bien uno de sus objetivos: ayudar a familias y menores a diferenciar entre lo que les toca y lo que no les toca. La diferencia está en el tipo de tarea, la cantidad y la intención con la que se asigna. Cuando las responsabilidades buscan fomentar la autonomía o la colaboración —por ejemplo, ayudar con los deberes de un hermano algunos días—, el adulto sigue siendo el responsable principal y la ayuda del niño se reconoce y se valora; en estos casos, estamos ante una pauta adecuada para un desarrollo sano.
La señal de alerta aparece cuando el niño o niña percibe que, sin él o ella, el padre, la madre o la familia no podrían seguir adelante, cuando siente que su papel es imprescindible para que todo funcione. Por eso es importante implicarlos sin transmitir que el bienestar familiar depende de ellos, evitando mensajes como “si no fuera por ti, no sé qué haría”.
Estos niños aprenden que son importantes por cómo cuidan de los demás, olvidándose de quiénes son.
¿Cómo darnos cuenta de que los niños están llevando a cabo tareas u obligaciones que no deberían asimilar?
Podemos darnos cuenta observando cambios en su bienestar y en su comportamiento. En el cuento, Maca, la protagonista, empieza a tener dificultades para poner límites, problemas de sueño o somatizaciones como dolores de barriga. También le cuesta concentrarse en el colegio y va dejando de jugar y disfrutar con sus amigos. Ante estas señales, es importante parar, mirar más allá de la conducta y preguntarnos si ese niño o niña está asumiendo responsabilidades que no le corresponden.
¿Es habitual que sean los propios niños quienes se den cuenta de la situación que están viviendo y pidan parar o digan, como Maca, “¡eso no me toca a mí!”?
Sin ayuda, es muy difícil que puedan identificar que estas tareas no les corresponden, los niños quieren ayudar, intentan mantener el equilibrio familiar. Además, la parentificación sigue siendo un tema bastante desconocido para la población en general. Precisamente por eso se trata del primer cuento sobre parentificación, que busca que niños y niñas puedan identificar si están asumiendo lo que no toca y que tengan una herramienta para pararlo o pedir ayuda.
Según vuestra experiencia, ¿cuándo y cómo llegan a consulta estos niños? ¿Quiénes suelen darse cuenta de la situación que viven?
La parentificación no suele ser el motivo principal por el que llegan a consulta pero sí una realidad que está detrás en niños y niñas que vienen por ansiedad, dificultades escolares o sociales, síntomas asociados con el trauma, etc. El cuento tiene como objetivo también ayudar a que las personas adultas que conviven o trabajan con infancia y adolescencia identifiquen esta realidad.
Lo mismo puede ocurrir en la terapia con población adulta. Aunque la parentificación no sea la demanda, al revisar su historia de vida, su infancia, aparece con frecuencia como una experiencia significativa que puede explicar muchos de los síntomas emocionales del presente y de los patrones en las relaciones.
¿Qué ayuda necesitan? ¿Cómo se revierte esta situación?
En el trabajo con familias, es fundamental intervenir desde la empatía y no desde el juicio. Muchas veces, la inversión de roles ha sido una forma de la familia de salir adelante. El objetivo es identificar la causa y buscar soluciones como fortalecer las habilidades parentales para reorganizar los roles y que los adultos vuelvan a ocupar su lugar.
Parte de este proceso implica compartir con el menor, explicándole con palabras sencillas que son los adultos quienes deben cuidar. El cuento se convierte aquí en una herramienta clave para tener esta conversación, reparadora para ambas partes. No obstante, es importante recordar que estas situaciones no dependen solo de las familias, sino que muchas veces están relacionadas con la falta de recursos, apoyos y conciliación, por lo que también requieren una respuesta social y comunitaria.





