Los niños y los adolescentes con altas capacidades no siempre brillan académicamente y no siempre encajan en los estereotipos asociados a este mayor cociente intelectual. De hecho, la mayoría de estos niños no tienen nada que ver con dichos estereotipos, tal y como asegura Rafael Dávila, educador social y orientador educativo, especialista en altas capacidades intelectuales y perito judicial psicosocial.
Dávila, que es uno de los mayores divulgadores que hay en España sobre esta neuridivergencia, acaba de publicar su primer libro, Grietas y Semillas: El despertar de lo invisible, una novela en la que los protagonistas son cinco adolescentes que son compañeros de instituto y amigos, y los cinco tienen un cociente intelectual superior a la media. Se trata de una historia que, sin duda, llegará al corazón de muchos chicos y chicas se verán reflejados, pues les ayudará a comprender el porqué de sus emociones y la causa de sentirse, en no pocas ocasiones, incomprendidos.
Las altas capacidades suelen ir acompañadas de intensidad emocional, pensamiento divergente, sentido crítico o necesidad de profundidad, y eso incomoda.
'Grietas y Semillas: El despertar de lo invisible' es una novela en la que los protagonistas son un grupo de chicos y chicas con altas capacidades y una orientadora escolar. ¿Necesitan los niños y adolescentes con altas capacidades referentes, verse reflejados en historias literarias, en películas…?
Sí, los necesitan, y no solo como algo deseable, sino como algo profundamente reparador. Muchos niños y adolescentes con altas capacidades crecen sin verse reflejados en ningún lugar. No aparecen en los libros de texto, no se parecen a los personajes de las series, y cuando aparecen, suelen hacerlo desde estereotipos muy limitados.
Verse reflejados en una historia les permite comprender que lo que sienten no es extraño ni incorrecto. Que su manera de pensar, de sentir o de vivir el mundo tiene sentido. La literatura y el cine pueden convertirse en un espejo amable que les diga: "no estás solo, no eres el único, no hay nada roto en ti".
Estos chicos no cumplen con los estereotipos de las altas capacidades. ¿Es esto común en la vida real? ¿Pueden las altas capacidades pasar desapercibidas?
Es, de hecho, lo más habitual. La imagen del alumno brillante, siempre motivado y con buenas notas, representa a una minoría. En la realidad, las altas capacidades suelen manifestarse de formas muy diversas: aburrimiento, desmotivación, distracción, conductas disruptivas, ansiedad o incluso bajo rendimiento.
Por eso pasan desapercibidas tan a menudo. Porque buscamos señales muy concretas y dejamos fuera todo lo demás. Cuando un niño no encaja en el molde, tendemos a pensar que “algo falla”, en lugar de preguntarnos si simplemente estamos mirando mal.
Los nombres de estos cinco amigos son Ink, Prisma, Espejismo, Lux y Tempestad. ¿Por qué has elegido estos y no otros nombres? ¿Cómo definen a los personajes?
Elegí estos nombres porque no describen, sugieren. No son etiquetas cerradas, sino imágenes que ayudan a entender cómo se sienten y cómo viven el mundo estos personajes. Ink representa la creatividad que desborda y no siempre encuentra dónde expresarse. Prisma simboliza la mente que analiza, descompone y ve matices donde otros ven una sola forma. Espejismo habla de la invisibilidad, de quienes están, pero no son vistos. Lux encarna la palabra, la conexión, la inteligencia social y verbal. Y Tempestad es la emoción intensa, la sensibilidad que no cabe en moldes pequeños.
Son distintas maneras de ser, y todas son legítimas.
En tus redes sociales has explicado que el libro “habla de mirar de una manera diferente”. ¿Qué implica esa mirada?
Mirar de otra manera implica detenerse. Escuchar más y juzgar menos. Implica entender que la conducta es solo la punta del iceberg y que debajo suele haber emociones, necesidades y preguntas sin respuesta. Esa mirada nos invita a dejar de centrarnos exclusivamente en el rendimiento y empezar a prestar atención al bienestar. A entender que un niño que “molesta”, que se aísla o que parece desmotivado quizá no necesita corrección inmediata, sino comprensión. Es una mirada que no pretende arreglar al niño, sino acompañarlo.
¿Cuál es y cuál debería ser el papel de los profesores y de los orientadores para detectar posibles altas capacidades?
Profesores y orientadores son figuras clave. Están en contacto diario con los alumnos y pueden detectar señales tempranas si cuentan con la formación y el apoyo adecuados. Su papel no es diagnosticar, sino observar, sospechar, hacerse preguntas y abrir caminos. Detectar no significa etiquetar, sino ofrecer oportunidades. Cuando un profesional educativo mira con sensibilidad y conocimiento, puede cambiar por completo la trayectoria vital de un niño.
Tener más capacidad no significa tener más recursos emocionales o sociales para gestionarla; al contrario, muchas veces implica una mayor vulnerabilidad.
Los cinco protagonistas de ‘Grietas y semillas’ son los “raros” del instituto. ¿Por qué las diferencias que puedan presentar los niños y adolescentes con altas capacidades se ven como rarezas?
Porque el sistema educativo está pensado para la homogeneidad. Todo lo que se sale de la norma se percibe como una anomalía que hay que corregir o disimular. Las altas capacidades suelen ir acompañadas de intensidad emocional, pensamiento divergente, sentido crítico o necesidad de profundidad, y eso incomoda. En lugar de entenderlo como una riqueza, se convierte en una “rareza”. Llamarlos “raros” es una forma de no enfrentarnos a la diversidad real que existe en las aulas.
¿Cómo afecta emocionalmente a niños y adolescentes que su alta capacidad no se detecte, que pase desapercibida? ¿Qué puede implicar?
Puede tener un impacto profundo. Muchos niños crecen sintiéndose fuera de lugar, incomprendidos o defectuosos. No entienden por qué piensan distinto, por qué sienten más o por qué se aburren donde otros parecen encajar.Con el tiempo, esto puede derivar en baja autoestima, ansiedad, desmotivación escolar o incluso rechazo hacia el aprendizaje. La no detección no es una ausencia neutra: deja marcas emocionales que pueden acompañar durante años.
¿Por qué, pese a tener una capacidad intelectual superior a la media, se considera que los niños y adolescentes con altas capacidades tienen una necesidad de apoyo educativo?
Porque tener más capacidad no significa tener más recursos emocionales o sociales para gestionarla. Al contrario, muchas veces implica una mayor vulnerabilidad. El apoyo educativo no es un privilegio, sino una respuesta ajustada a sus necesidades. Igual que apoyamos a quien tiene dificultades, debemos apoyar a quien tiene un potencial que, sin acompañamiento, puede convertirse en fuente de malestar.
¿Cuál debería ser el apoyo que estos niños reciban en los centros escolares?
Un apoyo integral. No solo académico, sino también emocional. Necesitan propuestas educativas flexibles, retos intelectuales, espacios donde puedan expresarse, docentes formados y acompañamiento que valide quiénes son. También es fundamental el apoyo a las familias, que muchas veces se sienten solas, confundidas o cuestionadas.El objetivo no es exigir más, sino cuidar mejor.
¿Cuál es la realidad en la mayoría de los casos?
La realidad es desigual y, en muchos casos, insuficiente. Hay profesionales comprometidos que hacen un trabajo admirable, pero también hay falta de recursos, de formación específica y de reconocimiento institucional. Por eso considero tan importante contar estas historias. Grietas y semillas no pretende dar lecciones, sino abrir conversaciones. Porque a veces, una historia puede ser el primer paso para que una familia empiece a mirar a su hijo —y a sí misma— de otra manera.





