El bruxismo es por todos conocidos y, como bien se sabe, afecta al sueño, al descanso y, por consiguiente, al rendimiento escolar y académico de los niños, entre otros muchos aspectos. Pero hay un tipo de bruxismo que pasa más desapercibido y cuyos efectos son tan perjudiciales o más como los del dental: el bruxismo lingual. ¿Qué consecuencias tiene para el niño que lo padece? ¿Cómo pueden los padres sospechar o darse cuenta de la presencia de esta dolencia? Lo indica la Dra. Sofía Rodríguez Moroder, especialista en patología dental del sueño en Craneo Salud, en esta entrevista.
¿Qué es el bruxismo lingual?
El bruxismo lingual es un hábito parafuncional, es decir, un movimiento involuntario en el que la lengua ejerce una fuerza excesiva dentro de la cavidad oral. No consiste solo en apretar los dientes, sino en empujar o mantener la lengua en tensión contra los dientes o el paladar. No se considera una patología en sí misma, salvo cuando esa fuerza mantenida genera signos y síntomas clínicos.
El bruxismo lingual puede estar relacionado con alteraciones en la respiración, la deglución o el desarrollo del paladar, que condicionan la posición de la lengua dentro de la boca.
¿Por qué se da en los niños?
En los niños suele aparecer como una respuesta inconsciente. Aunque a menudo se piensa que no están estresados, los niños sí perciben el estrés, pero lo hacen a su manera. Problemas en el colegio, no sentirse escuchados o respetados por profesores o compañeros, tensiones familiares o una vida diaria exigente también les afectan.
Además, puede estar relacionado con alteraciones en la respiración, la deglución o el desarrollo del paladar, que condicionan la posición de la lengua dentro de la boca.
¿Cómo darnos cuenta de que nuestro hijo puede tener bruxismo lingual?
Uno de los signos más evidentes es la lengua dentada o festoneada, con marcas de los dientes en los laterales. También pueden aparecer molestias como sensación de cansancio o agujetas en la mandíbula, la cabeza, el cuello o los trapecios. Muchas veces el dolor no se localiza en la lengua, sino que aparece de forma referida en otras zonas, lo que dificulta identificar la causa.
¿Cómo afecta el bruxismo lingual al sueño infantil?
El sobreesfuerzo muscular puede interferir en el descanso. El niño no duerme de forma reparadora, se mueve más durante la noche y puede despertarse cansado. El dolor dificulta el descanso y se genera un círculo de mal sueño y fatiga acumulada.
¿Y a su salud y su rendimiento en el día a día?
El cansancio mantenido puede traducirse en dolores de cabeza, cuello o espalda, irritabilidad, menor concentración y bajada del rendimiento escolar. Si no se detecta a tiempo, estas molestias pueden mantenerse y llegar a cronificarse.
¿Se puede corregir el bruxismo lingual?
Sí, siempre que haya un diagnóstico correcto. El tratamiento se adapta a cada niño y suele ser multidisciplinar, con la intervención de fisioterapeutas especializados para liberar tensiones musculares y logopedas que ayudan a reeducar la posición y la función correcta de la lengua dentro de la cavidad oral.
El bruxismo lingual no se considera una patología en sí misma, salvo cuando esa fuerza mantenida genera signos y síntomas clínicos.
¿Cuánto puede tardar un niño en corregir el bruxismo lingual?
Depende de cada caso, de la causa que lo origine y del tiempo que lleve instaurado el hábito. Cuando se detecta de forma precoz, la evolución suele ser más rápida, ya que el hábito no está tan consolidado.
Una vez rehabilitado, ¿puede volver a padecerlo cuando sea más mayor?
Sí, puede volver a aparecer. Al tratarse de un hábito, no se puede garantizar que no reaparezca. Los niños perciben el estrés a su manera y situaciones emocionales, escolares o familiares pueden volver a desencadenarlo en distintas etapas de la vida.
¿Se puede hacer algo para evitar que vuelva a aparecer?
Los hábitos se trabajan para corregirlos, pero no se puede asegurar al cien por cien que no vuelvan. Lo importante es aprender a detectar las señales a tiempo, escuchar al niño, analizar correctamente lo que le ocurre y actuar de forma precoz para evitar que el hábito se consolide de nuevo.





