La relación de los adolescentes con las redes sociales es uno de los aspectos que, por lo general, más preocupa a los padres. Por un lado, el uso abusivo que pueden llegar a hacer de ellas o el impacto emocional que les pueda generar lo que ven y, por otro, algo de lo que no siempre se habla en las familias: la posibilidad de que envíen o les pidan imágenes íntimas. ¿Cómo gestionar con los hijos una situación que descolocará también sobremanera a los propios padres? Se lo hemos preguntado a Amaya Prado, psicóloga experta en Psicología Educativa y Psicología Clínica en infancia y adolescencia y miembro del Colegio de la Psicología de Madrid, quien también da pautas muy concretas para tratar de prevenir este tipo de situaciones que tanto pueden afectar al menor y al resto de la familia.
¿Cómo evitar que los adolescentes envíen fotos inapropiadas de sí mismos?
La mejor prevención no es el control, el mirar los móviles, los mensajes..., sino la educación digital y tener un buen vínculo con tu hijo. Cuando un adolescente se siente valioso y seguro de sí mismo, tiene confianza en sí, tiene buena autoestima, disminuye esa necesidad de buscar la aprobación a través de su imagen, de los likes de las redes sociales.
Por lo tanto, es fundamental educar, por un lado, en el respeto al propio cuerpo, a la intimidad, a que estas cosas deben quedar en uno mismo y, por otro lado, en la capacidad de decir que no, y también en la capacidad de no caer en la presión, así como hablar con claridad con tu hijo adolescente, sin alarmismos, pero sí sobre las consecuencias del envío de imágenes íntimas. Tiene que haber un diálogo abierto, una escucha activa y continuada. Y esto tiene que venir desde la infancia. Este es el principal factor protector.
Cuando un adolescente se siente valioso y seguro de sí mismo, disminuye esa necesidad de buscar la aprobación a través de su imagen, de los likes de las redes sociales.
¿Cómo empezar a educar a los hijos e hijas al respecto?
Esto es un proceso longitudinal desde la infancia, desde que son pequeños, adaptando siempre el mensaje a la edad que tengan. En los primeros años, se trabaja el respeto al cuerpo, que nadie te debe pedir cosas que tú no tienes que hacer, y la diferencia entre lo público y lo privado. En la preadolescencia y la dolescencia, es imprescindible abordar de forma directa el uso de las redes sociales y de los peligros de las redes y de la sexualidad digital y, como decía, de estos riesgos asociados.
No se trata de una conversación puntual, sino de un proceso educativo constante. Se pueden utilizar noticias que salgan en la tele, en los propios medios digitales, se puede utilizar ejemplos que hayan pasado a otros chicos... Hay mil maneras de poder abordar esto de una forma directa e indirecta, pero es algo que se debe abordar desde que son pequeños, no desde que son adolescentes por ese miedo o ese alarmismo a los riesgos asociados. Y, para ello, es importante que desde siempre haya esa confianza y ese vínculo para poder abordar estos temas que, a veces, pueden ser peliagudos.
¿Qué hacer si descubrimos que alguien le ha pedido que lo haga, que envíe una foto desnuda o desnudo?
Es una situación impactante, pero lo más importante es mantener la calma y no culpabilizar al menor. Hay que tratar de vincular con él para que nos explique esta situación.
Pedir imágenes íntimas a un menor es una forma de abuso; por lo tanto, hay que transmitirle que no ha hecho nada mal. Hay que ayudarle a bloquear a esa persona, no enviar ningún contenido y guardar pruebas de la conversación porque, en función del caso, puede ser necesario denunciar y buscar apoyo profesional, priorizando siempre esa protección en el ámbito emocional.
¿Y en caso de que el adolescente cuente que ya la haya enviado?
También es una situación impactante. El primer mensaje que debemos enviar a nuestro hijo o nuestra hija es de apoyo incondicional, es saber que lo han hecho, pero que estamos ahí para ayudarle a solucionar esta cuestión o este problema. El miedo al castigo o al juicio es uno de los principales motivos por los que muchos adolescentes no lo cuentan y se pueden meter en un verdadero lío, y nosotros somos los que mejor podemos ayudarles.
Es importante, por tanto, que sepan que no están solos, que tiene solución y que los adultos están para ayudarles siempre, que siempre van a tener la mejor solución. Y a partir de ahí se valorarán las medidas necesarias para minimizar ese daño y ofrecer acompañamiento psicológico si fuera preciso.
Para descubrir todo eso, es fundamental que los hijos tengan confianza con los progenitores. ¿Cómo fomentar esa confianza para que tengan la seguridad de que pueden contar a sus padres este tipo de cuestiones?
La confianza es algo que se construye en el día a día desde que son pequeños. Para ello es importante hacer una escucha activa, sin interrogar, validando sus emociones, interesándose por su mundo digital, en qué redes están, qué les gusta hacer en ellas y evitar reacciones desproporcionadas cuando se equivocan.
En muchas ocasiones tratamos nosotros de contarles nuestras propias experiencias y eso no funciona a veces con nuestros hijos porque sienten que están en otro lugar. Los hijos necesitan sentir que sus padres son ese lugar seguro, incluso en los errores. La disponibilidad emocional y la coherencia en nuestras respuestas son claves.
El miedo al castigo o al juicio es uno de los principales motivos por los que muchos adolescentes no lo cuentan.
¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a su hijo o a su hija si descubren por terceras personas que ha enviado una foto íntima y está sufriendo por ello?
Antes de hablar con el menor, conviene informarse de todo lo que haya pasado, con una información veraz y con todos los detalles. Y es importante gestionar las propias emociones porque lo primero que nos sale es enfado, ira y necesidad de que tengan una serie de consecuencias o de castigos importante. Y ahí, en esas dificultades de autocontrol de la ira, puede que nosotros ejerzamos una autoridad que no sea la que necesita nuestro hijo en ese momento, con lo cual el diálogo debe darse desde la empatía, desde la escucha activa, que nos expliquen toda la situación y no desde la acusación o desde el interrogatorio.
Es fundamental validar su sufrimiento, saber por qué ha llegado a hacer eso. Ese es el objetivo, saber por qué ha llegado a mandar una foto íntima. Hay que ayudarle a recuperar esa sensación de control.
Y activar todos los apoyos necesarios que haga falta a familiares, escolares o profesionales para proteger, sobre todo, ese bienestar emocional de nuestro hijo o nuestra hija.
¿Qué deben saber los niños y los adolescentes acerca de los riesgos de enviar imágenes íntimas de uno mismo o de otros, aunque sea a un amigo o a una amiga?
Tienen que saber que una imagen enviada deja de estar bajo su control, incluso cuando se envía a alguien de confianza; que puede difundirse sin sin su consentimiento y generar un impacto emocional profundo y muy grande. También deben saber que reenviar imágenes íntimas de otros es una forma de violencia y pueden tener consecuencias legales muy importantes. Por lo tanto, hay que educar en esa responsabilidad y empatía y también es importante hablar de esos riesgos.
Yo creo que, en definitiva, lo que lo que ellos deben saber es que pedir o enviar fotos íntimas de menores no es un juego ni algo normal de la edad. Es una conducta de riesgo que puede tener consecuencias emocionales y legales, incluso cuando ocurre entre menores.
¿Cómo enseñarles a actuar ante un adulto al que no conocen que intenta establecer con ellos una amistad a través de las redes sociales?
Esto es una situación que puede ser diferente. Esto les puede ocurrir, por ejemplo, en juegos en línea o incluso en sus propias redes sociales, que alguien les mande algún mensaje y que vaya pidiendo este tipo de de cosas. Por eso es necesario ofrecer normas claras y sencillas: no aceptar solicitudes de desconocidos (empieza un poco por ahí todo), no compartir información personal ni imágenes y avisar siempre a un adulto de confianza que, en todos los casos suele ser el padre o la madre, ante cualquier situación incómoda.
Es importante explicarles que los adultos no buscan amistad con menores en redes sociales y que tienen que confiar en su intuición porque a veces eso es una forma de protección: si me están pidiendo algo y a mi eso no me gusta, pues no lo voy a hacer y, además, voy a consultarlo con mi padre o con mi madre para ver qué me pueden decir al respecto.
Y, para ello, es importante abordarlo desde la infancia, desde que ellos ya tienen conocimiento de lo que son las redes sociales y el mundo digital, y explicarles que no solamente pueden aparecer en redes sociales si ellos están metidos, sino también, por ejemplo, en juegos en línea. Muchos chicos juegan con en línea con gente desconocida que, incluso, se hacen pasar a veces por niños o por iguales. Esto también hay que hablarlo con ellos, hay que tener este tipo de conversaciones desde que son pequeños.





