Desiré Capataz Teixidó, asesora de sueño, sobre el colecho múltiple: “Cuando hay un bebé y un hermano mayor, lo más seguro suele ser que un adulto duerma siempre entre ambos”


La experta indica que adaptar el espacio y las expectativas a la etapa de cada uno es clave


madre en la cama con sus dos hijos© Getty Images
6 de enero de 2026 - 12:02 CET

Cuando llega un segundo hijo a casa, hay familias que se plantean si continuar (y sobre todo cómo hacerlo) con el colecho. Es cierto que dormir en la misma cama con dos bebés, o con un recién nacido y un niño de corta edad puede ser un reto logístico, pero también una forma de mantener el vínculo y sobrevivir a las noches. La decisión, claro está, es muy personal, pero hemos querido abordar, con la ayuda de Desiré Capataz Teixidó, asesora de sueño infantil y autora del libro Duerme feliz, las claves del colecho múltiple para que sea una alternativa segura y realista. 

Desiré Capataz Teixidó, asesora de sueño infantil© Joanna Noguera R
Desiré Capataz Teixidó, asesora de sueño infantil

La primera pregunta no puede ser otra: ¿qué riesgos y beneficios existen al practicar colecho con dos niños?

Cuando hablamos de colecho con dos niños es importante salir del blanco o negro. No es ni una práctica intrínsecamente peligrosa ni una solución mágica.
Entre los beneficios, muchas familias destacan una mayor sensación de calma por la noche, menos llanto, respuestas más rápidas y, en el caso de bebés lactantes, una lactancia nocturna mucho más llevadera. A nivel emocional, los niños suelen sentirse seguros y acompañados, y eso se traduce en noches menos tensas para todos.

Los riesgos aparecen sobre todo cuando uno de los niños es un bebé pequeño y no se han tenido en cuenta las condiciones de seguridad. Compartir cama con más de un niño requiere más espacio, más consciencia y más preparación. El problema no es la cercanía, sino la improvisación, el cansancio extremo o un entorno poco seguro. Ahí es donde conviene poner el foco.

Entre los beneficios, muchas familias destacan una mayor sensación de calma por la noche, menos llanto, respuestas más rápidas y, en el caso de bebés lactantes, una lactancia nocturna mucho más llevadera

Desiré Capataz Teixidó, asesora de sueño infantil

¿Qué diferencias hay entre colechar con un recién nacido y con un niño mayor?

La diferencia es grande. Un recién nacido es extremadamente vulnerable: su control corporal es limitado, su respiración es inmadura y necesita un entorno muy concreto para dormir seguro. Un niño mayor, en cambio, ya tiene control postural, se mueve con más autonomía y el colecho responde más a una necesidad emocional que física.

Por eso, cuando hay dos niños de edades distintas, no podemos tratarlos igual. Lo que puede ser seguro con un niño de tres o cuatro años no lo es necesariamente con un bebé de dos meses. Adaptar el espacio y las expectativas a la etapa de cada uno es clave.

dos niños hermanos durmiendo en la misma cama© Bethany - stock.adobe.com

Desde el punto de vista práctico, ¿cómo se puede organizar el espacio de la cama para garantizar la seguridad de ambos niños?

Aquí la palabra clave es “pensarlo antes”. Lo ideal es una superficie firme, amplia y despejada, sin huecos peligrosos ni elementos blandos. Muchas familias optan por colchones en el suelo o por unir camas para ganar espacio.

Cuando hay un bebé y un hermano mayor, lo más seguro suele ser que un adulto duerma siempre entre ambos. Así se evita que el movimiento involuntario del niño mayor pueda suponer un riesgo para el pequeño. No se trata de hacer malabares, sino de adaptar el espacio a la realidad familiar.

¿Qué medidas deben tomar los padres para reducir riesgos (posición, superficie, accesorios)?

Las medidas son sencillas, pero importantes: el bebé siempre boca arriba, superficie firme, sin almohadas, edredones pesados ni cojines cerca. Evitar el sobreabrigo y cuidar mucho quién comparte la cama: padres no fumadores, sin alcohol, drogas ni medicación sedante, y evitando situaciones de agotamiento extremo.
El colecho seguro no es improvisado. Es una decisión consciente que implica preparar el entorno y revisar si se dan las condiciones adecuadas cada noche.

Lo que puede ser seguro con un niño de tres o cuatro años no lo es necesariamente con un bebé de dos meses. Adaptar el espacio y las expectativas a la etapa de cada uno es clave

Desiré Capataz Teixidó, asesora de sueño infantil

¿Es diferente colechar con gemelos o mellizos que con hermanos de distinta edad?

Sí, es diferente. Con gemelos o mellizos hablamos de dos niños en la misma etapa evolutiva, lo que facilita ciertas cosas, pero también implica que ambos pueden ser vulnerables si son pequeños. En esos casos, suele ser más seguro pensar en soluciones que permitan cercanía sin amontonamiento, como cunas adosadas o superficies amplias con adultos intercalados.

Con hermanos de distinta edad, el mayor suele ser el factor a vigilar, no por mala intención, sino por movimiento durante el sueño. Por eso la organización del espacio cobra aún más importancia.

¿Qué señales indican que el colecho está funcionando bien o que conviene replantearlo?

Una señal clara de que funciona es que la familia lo vive con calma. No significa dormir del tirón, sino sentir que las noches son sostenibles. Si hay descanso razonable, menos llanto y la sensación de que se está respondiendo a las necesidades de todos, probablemente va bien.

Cuando hay miedo constante, ansiedad, falta total de descanso o conflictos importantes entre los adultos, conviene parar y replantear. El colecho no debería vivirse como una obligación ni como una fuente de sufrimiento.

pies de dos padres y dos hijos en la cama© schulzfoto - stock.adobe.com

¿Qué beneficios emocionales puede aportar a los niños y a los padres compartir la cama?

Para los niños, compartir la cama puede significar seguridad, regulación emocional y la certeza de que sus necesidades serán atendidas. Para los padres, muchas veces supone bajar la alerta, sentirse más conectados y vivir la noche con menos angustia.

También favorece una crianza más intuitiva, menos marcada por la idea de que el bebé “debería” dormir de una determinada manera. Cuando baja la exigencia, suele bajar también el estrés.

¿Cómo influye en el vínculo entre hermanos?

Bien gestionado, puede fortalecerlo. Compartir espacio nocturno puede aumentar el sentimiento de pertenencia y reducir celos, siempre que se respeten los tiempos y necesidades de cada uno. Es importante no forzar y explicar, incluso a los más pequeños, por qué se organizan las cosas de una determinada manera.

Cuando hay miedo constante, ansiedad, falta total de descanso o conflictos importantes entre los adultos, conviene parar y replantear

Desiré Capataz Teixidó, asesora de sueño infantil

¿Qué mensaje daría a las familias que sienten culpa o miedo por elegir esta opción?

Les diría que la culpa no viene del colecho, sino del discurso que lo rodea. Dormir cerca de los hijos no es una irresponsabilidad. La irresponsabilidad es no informarse o hacerlo desde el agotamiento y la improvisación.

Elegir con información, revisar la decisión y adaptarla cuando haga falta es cuidar. Y eso es exactamente lo que están haciendo.

En líneas generales, ¿hasta qué edad es recomendable mantener el colecho con dos niños?

No hay una edad universal. Desde el punto de vista de la seguridad, los primeros meses son los más delicados. A partir de ahí, la pregunta deja de ser “hasta cuándo” y pasa a ser “cómo estamos”.

Muchos niños se van de la cama de forma natural cuando ya no la necesitan, sobre todo si nunca se ha vivido como un problema.

¿Qué alternativas existen para quienes quieren cercanía pero temen los riesgos?

Existen muchas opciones intermedias: dormir en la misma habitación, cunas sidecar, colchones juntos en el suelo, acompañar hasta que se duermen y luego retirarse. La cercanía no es todo o nada, y cada familia puede encontrar su propio equilibrio.

¿Qué efectos tiene en la rutina de sueño de los padres?

El colecho no suele eliminar despertares, pero sí los hace más llevaderos. Hay más microdespertares, pero menos levantarse de la cama, menos llanto intenso y, en muchos casos, una sensación subjetiva de mayor descanso, especialmente en madres lactantes.

Como todo en crianza, funciona mejor cuando es una decisión compartida y revisable. Cuando se impone o se vive con miedo, deja de ser una ayuda.

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