Niña de 3 años sonriendo©AdobeStock

Psicología infantil

¿Desde cuándo se pueden detectar las altas capacidades?

Hay una serie de señales que advierten de que el niño (o incluso el bebé) tiene una precocidad en determinadas áreas que puede acabar manifestándose en una alta capacidad. ¿De cuáles se trata? ¿Desde qué momento puede saberse?

Cuando hablamos de altas capacidades debemos saber que un 50% de esta condición depende de un factor genético (es habitual que lo tengan varios hermanos y familiares), y el otro 50%, de elementos ambientales: educación, entorno, estimulación... Es decir, puede haber una potencialidad que no acabe por desarrollarse. Algunos niños muestran desde que tienen meses de edad algunos rasgos que pueden hacer sospechar a sus padres de esta condición, que se presenta en, aproximadamente, el 10% de las personas.

Mónica Fernández Díez es psicopedagoga y coordinadora del Grupo de Investigación de Altas Capacidades del Colegio Oficial de Pedagogía de Cataluña (COPEC). A ella le hemos preguntado sobre este tema.

Signos precoces de alta capacidad en bebés de meses

En los primeros meses de vida ya se pueden detectar algunas señales de la alta capacidad que, tal como indica la experta, se relacionan con una mayor madurez neuromotora y neurosensorial. Así, el bebé muestra:

Esta precocidad evoluciona en la mayoría de los casos a una alta capacidad. “Si no es así, algo falla en el entorno o el niño tiene algún tratorno o problema que le impide desarrollar esa alta capacidad”, advierte la especialista.

En la alta capacidad se puede diferenciar entre precocidad, talento simple o complejo, por el que se destaca en una o varias áreas (verbal, matemática, espacial, memoria, creatividad y lógica) y superdotación (por la que se destaca en todas las áreas). Lo habitual es que de la precocidad se pase a uno de las dos formas siguientes, aunque podría no ser así.

¿Qué señales muestran los niños muy pequeños?

Pasado este periodo de los primeros meses de vida, el bebé puede mostrar también otras señales compatibles con una alta capacidad. Son las siguientes, como detalla Mónica Fernández:

  • Empieza a hablar antes del año y medio (puede construir frases, tiene bastante fluidez e incluso puede dar ‘pequeños discursos’).
  • Comienza a andar antes del año (especialmente, sobre los nueve o diez meses).
  • Tiene un control de esfínteres temprano (entre el año y medio y los dos años).
  • Lee y escribe antes que sus compañeros de clase (sobre los tres o cuatro años).

“La mayoría de los niños con altas capacidades van a mostrar alguna de estas características, no todas”, explica. Y, además, el hecho de presentar de forma aislada alguna, como podría ser empezar a caminar antes del año, no implica que ese niño tenga alta capacidad. Son señales que hay que confirmar.

Bebé leyendo un libro©AdobeStock

Test para detectar la alta capacidad: ¿cuándo son fiables?

“A partir de los tres años y medio ya podemos aplicar de forma fiable test para evaluar la alta capacidad”, comenta la experta del COPEC. Se trata de pruebas donde se miden distintas áreas: aptitudes, personalidad, creatividad, inteligencia, sociabilidad... Hay que evaluarlas todas y en función de sus resultados se realizan posteriormente otras pruebas específicas donde se valora la atención, la memoria, el lenguaje... “O bien porque destacan demasiado en esas áreas o porque muestren algún problema en ellas, ya que también puede haber dificultades asociadas a las altas capacidades”, recalca.

Toda esta batería de pruebas sirve para conocer si el niño tiene o no altas capacidades (aunque a lo largo del tiempo se repitan para confirmarlo) y, muy importante, para hacer adaptaciones escolares o curriculares si fuera necesario, que pueden ir desde una ampliación de temario hasta una aceleración de curso (pasar directamente a uno superior) o incluso a proporcionar más tiempo en los exámenes (si la alta capacidad estuviera ligada a déficit de atención).

Una vez que se confirma la alta capacidad lo recomendable es comentarlo siempre con el colegio, para ir de la mano en la ayuda o los programas de enriquecimiento que pueda necesitar el niño. También es aconsejable que él sepa de su condición. “Esto le sirve para conocerse mejor y para comprenderse, para no sentirse un ‘bicho raro’, ya que sus intereses pueden no coincidir con los de sus iguales”, destaca Mónica Fernández. Además, así es consciente de sus potencialidades para que las pueda optimizar porque la capacidad intelectual también hay que estimularla.

“Si desde el centro se trabaja para integrar las diferencias, es muy difícil que haya acoso escolar por el hecho de tener altas capacidades. Hay que comprender la diversidad de todas las personas y respetarlas, y eso se lleva a cabo desde que son pequeños, normalizando esta condición. No hace falta poner etiquetas ni que el niño presuma de su alta capacidad. Es una característica más”, insiste.

¿Qué pasa si no se detectan las altas capacidades?

Cuando la alta capacidad no se detecta en etapas tempranas de la infancia o se detecta pero no se atiende, el niño puede sufrir algunos problemas tanto académicos como emocionales más adelante.

Así, un niño con altas capacidades en esta situación puede pasar la época de Primaria sin muchas dificultades y con notas brillantes porque posiblemente le valga con lo que escucha en clase. El problema es que no aprende a tener hábitos de estudio. Por eso, tal como alerta la psicopedagoga, “cuando llega a Secundaria, donde todo empieza a ser más complejo, surgen los problemas: no siempre se correlaciona su capacidad con su éxito académico, las notas bajan, se puede mostrar disperso o con falta de atención, se aburre, desconecta de la clase, y puede aparecer la frustración y una gran activación física, unida a aislamiento social y la experiencia de sentirse incomprendido”.

Esta falta de hábitos de estudio y de responsabilidad por no haber canalizado bien esas altas capacidades puede devenir, sorprendentemente, en el fracaso escolar. De hecho, en Bachillerato, los que no han sido atendidos por su alta capacidad pueden tener muchas dificultades con suspensos, notas mediocres, falta de entrega de trabajos, despistes...

En estos casos, hay que trabajar para reconducir la situación, “ayudándolos en la motivación, en adquirir responsibilidades, en el esfuerzo y en alcanzar un objetivo marcado”.

La relación entre la alta capacidad y la alta sensibilidad

“Entre el 85 y el 90% de los niños con altas capacidades son también personas con alta sensibilidad (PAS). Pero no todos los niños con alta sensibilidad tienen altas capacidades”, aclara Mónica Fernández.

Ambas condiciones comparten, por ejemplo, la empatía, pero hay diferencias. En los niños PAS hay un procesamiento profundo de la emocion, pero no se da esa velocidad más rápida de procesamiento de información que es propia de las altas capacidades.

Los niños con alta sensibilidad muestran mucha pasión por lo que les motiva; esto les lleva a una sobreexcitación sensorial y emocional que no se da en la alta capacidad, a no ser que se posean las dos condiciones.

En todo caso, es algo a observar, ya que cuando el niño conoce sus características y sabe por qué siente así y por qué percibe el mundo de un modo diferente, se siente más a gusto consigo mismo. Prestarle ayuda para ello puede ser muy positivo para superar las dificultades asociadas que pudieran presentarse.

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