Niña tapándose la boca©AdobeStock

Educación

‘¿Cómo evitar que mi hijo diga palabrotas?’

El principal ejemplo y referente de un niño son sus padres, por tanto, si no quieres que tu hijo diga palabras malsonantes los primeros que tenéis que evitarlas sois vosotros. Además, controlar el tiempo de consumo de pantallas y proporcionarles buenos ‘modelos’ serán otras de las claves más importantes.

Entre los 2 y los 3 años es cuando se produce una gran explosión del lenguaje en los niños, y es que pueden llegar a “ampliar su vocabulario de 250 a 900 palabras”, señala Úrsula Perona, Psicóloga infantil y autora de “Hijos de Alta Demanda” (Ed. Toro Mítico) y “Niños Altamente Sensibles” (Ed. Toro Mítico).

Es en esta etapa cuando comienzan a decir más expresiones, a construir frases, su habla es más precisa… y “la velocidad a lo que lo aprenden es pasmosa”, asegura la experta. “El desarrollo del lenguaje va intrínsecamente ligado a la maduración del cerebro, el proceso de mielinización y la formación de nuevas conexiones neuronales”, añade. Y, la manera en que cada niño desarrolla el lenguaje depende de dos factores, que según la psicóloga infantil son:

  • El biológico. Son sus propias características biológicas (capacidad intelectual, velocidad de procesamiento, nivel de maduración, potencial de aprendizaje…)
  • El familiar, emocional y sociocultural. Este factor incluye la estimulación por parte del entorno, la riqueza de las interacciones, y en general todos los inputs provenientes del ambiente. En función de lo rico y variado que sea el vocabulario al que está expuesto el niño, más se potenciará el desarrollo del lenguaje.

Comienza la fase ‘repitemonos’

Pero también es en esta fase cuando notaremos que los peques comienzan a repetir muchas de las palabras que nosotros, los adultos, decimos. Y con eso, sí que tenemos que tener especial cuidado porque entre ellas, también están las malsonantes o las famosas ‘palabrotas’. “Una de las formas en que los seres humanos aprendemos es por imitación o repetición. Es lo que Vygotsky llamó el aprendizaje vicario o modelado. Por ello, el niño repite e interioriza la forma de hablar, las expresiones, las palabras e incluso la entonación de quienes le rodean”, explica la psicóloga.

¡Prepárate!, porque en casa tendrás lo que coloquialmente llamamos pequeños ‘repitemonos’ que se fijarán en absolutamente todo lo que hagas y digas, dispuestos a copiarte en todo momento. “Esta repetición de palabras e incluso oraciones largas recibe el nombre de ‘Ecolalia’, y es común en muchos niños, tendiendo a desaparecer en torno a los 30 meses. Si más allá de esta edad continúa, puede ser indicativo de algún problema, por lo que debe ser evaluado” advierte la experta.

Se encuentran en una etapa de aprendizaje increíblemente extraordinaria en la cual todo les llama la atención, todo quieren saberlo y todo tiene que tener un ‘por qué’ y, por supuesto, su mayor fuente de aprendizaje y principal referente son sus papás. Por ello, tenemos la responsabilidad de ser el espejo en el que se miren nuestros hijos. “Si el entorno es adecuado, rico y variado, el niño aprenderá a hablar de esa manera. Si, por el contrario, en su entorno se usan a menudo palabrotas, lenguaje despectivo o peyorativo y expresiones malsonantes, también las aprenderá”, asegura.

Madre regañando a su hijo©AdobeStock


Pero, ¿saben realmente lo que dicen?

Los vemos tan pequeñitos que a veces nos cuesta entender todo lo que saben y han aprendido en tan poco tiempo, por lo que nunca podemos infravalorarlos y pensar que ‘no entienden’ lo que decimos, porque dista mucho de la realidad. “Al principio pueden aprender este vocabulario sin saber su significado, sin embargo, sí saben en qué contexto se utilizan o su utilidad. Esa parte no verbal que conforma el lenguaje (expresión facial, gestos, tono de voz…) contiene tanta o más información que la propia palabra. Por lo que, aunque no sepan exactamente qué significa, pronto aprenden qué transmiten al usarla”, indica la experta.

Por tanto, si queremos evitar que un niño diga palabrotas lo primero que debemos hacer es no decirlas nosotros. En su defecto, si provienen de programas de televisión o dibujos animados, tener un control absoluto de lo que los niños ven ya sea en la televisión, en el móvil o en la tablet, y cumplir con las recomendaciones de limitar el tiempo de consumo de pantallas, según su edad.

Pero, ante todo, tener en cuenta, tal y como afirma la psicóloga, que “es mucho más fácil tratar de evitar que un hábito se instaure, que eliminarlo. Y más cuando hablamos del lenguaje, pues hay etapas críticas. Eric H. Lennerberg nos explica que entre los 2 años y la pubertad es cuando se aprende y consolidan la mayoría de habilidades y conocimientos lingüísticos, por lo que lo que no ha sido adquirido en esa etapa, será mucho más difícil”.


Consejos para evitar que un niño diga palabrotas

La experta nos da una serie de consejos para seguir las pautas recomendadas y así evitar que el hábito de ‘hablar mal’ se instaure en la vida cotidiana del niño:

  • En primer lugar, la experta insiste en que debemos ser un buen ejemplo. “No podemos usar expresiones malsonantes y decir palabrotas a diario y esperar que ellos no las digan”.
  • Por otro lado, “explicarles y hacerles entender el significado real de esas expresiones (cuando son muy pequeños a menudo lo desconocen)”.
  • También es muy importante, “enseñarles a expresar y canalizar la ira de otras maneras, pues la mayoría de veces las expresiones malsonantes y palabrotas brotan en contextos de enfado y son una forma de expresar la rabia”.
  • Y, por último, “más que regañar o castigar (que de poco sirve, sobre todo, con algo tan espontáneo como el lenguaje) es más importante proporcionarles buenos ‘modelos’: lectura, cine, buenas conversaciones…”.
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