La evolución de la crianza de padres a hijas©AdobeStock

Educación

La evolución de la figura del padre en la manera de educar a sus hijas

Los padres de ahora buscan herramientas que les permitan criar a sus niñas desde la igualdad. Charlamos con dos expertos en sociología y crianza para dar respuesta a todas las cuestiones que se plantean en este nuevo escenario

Llega un día en la vida de todo padre o madre en el que hay que empezar a marcar límites a los hijos. En ese momento, y por primera vez, algo en nuestra cabeza hace “clic”: es entonces cuando nos viene a la mente aquello que recibimos de niños... y cuando empezamos a preguntarnos si realmente queremos educarles así.

Precisamente de todo esto trata la herencia educativa; un tema al que hoy damos voz poniendo el foco, en concreto, en cómo las conductas de épocas anteriores propociaron que los hombres educasen a sus hijas desde una base machista y sobreprotectora. Así ha cambiado la famosa herencia educativa:

Buscar herramientas, no sobreproteger

“La herencia educativa no es entrar a valorar si lo hicieron mejor o peor con nosotros, es elegir con nuestra experiencias y nuestras propias decisiones si queremos hacerlo igual o buscar otra forma que se adapte más a nosotros como familia”, expone Sara Noguera, maestra y experta en crianza respetuosa en el centro Kimudi Crianza.

La experta sostiene que somos la primera generación que, además de plantearse lo que hace, decide si lo quiere cambiar y pone de su parte para informarse y avanzar.

Este escenario nos enseña que todo es ensayo error y que no pasa nada por equivocarse, ya que todo se puede reconducir y reinventar: “La crianza del castigo y del tortazo a tiempo es la que crea adultos frágiles y dependientes, y no al revés. Cuando una línea educativa pide respeto sin respetar, pide obediencia sin objeción y comportamientos adultos en menores lo que quiere es el control del niño, no su beneficio”.

Aplicado de hombres a niñas, “en realidad, uno de los avances más grandes en cuanto a la crianza es que los padres empiezan a entender que educar a sus hijas no es protegerlas sino informarlas. Es decir, estas nuevas figuras paternas empiezan a plantearse qué herramientas puedo ofrecerle a mi hija para que cuando yo no esté se sienta segura”.

En concreto, y al contrario de lo que se piensa, nos explica que darle tanto valor a las emociones genera criar personas más fuertes: “Si valido mis emociones y las entiendo, las controlo. Hay gente que opina que estamos creando de esta forma a una generación de cristal. Es al contrario. Nosotros somos esa generación porque no tenemos ni idea de gestionar emociones”.



Nuestra educación influye en las elecciones de pareja y de vida afectiva

Por otro lado, el sociólogo y sexólogo Javier Santoro asegura que nuestra relación con los padres, y la que ellos presentan como pareja, influye muchísimo en la manera en que interpretamos y vivimos nuestras relaciones afectivas, sociales y sexuales.

“Los ingredientes de lo que luego será el amor lo experimentamos por primera vez en nuestra vida a través de ellos: la confianza, el contacto físico, el cariño, sentirnos valorados, apreciados... aunque también puede ocurrir todo lo contrario”.

Extrapolado a la manera de educar a las niñas en la igualdad, es evidente que habrá que formarlas de una manera saludable si queremos que elijan en el futuro parejas saludables.

“Mediante una crianza respetuosa, estas niñas buscarán parejas que no les bailen el sagua pero sí esperan igualdad, no solo entre niños y niñas... sino entre adultos y niños. Al final, somos lo mismo, otra cosa es que nos necesiten”, advierte Sara Noguera. Por otro lado, advierte que hay mucha gente, en este caso mujeres, que se sienten cómodas con la repetición de patrones.

El experto en sociología concreta que es evidente que tenemos un modelo en ellos. Sin embargo, lo vivimos, y sobre todo lo sentimos, en una edad en la que somos especialmente sensibles y, sin embargo, muy pequeños aún como para poder interpretarlo: “Durante esa etapa de nuestra vida no hay nada más importante que nuestros padres. Si de esas fuentes, que son de las que dependemos, recibimos actitudes violentas, de falta de aprecio, cuidado, etc, es más probable que tengamos una autoestima baja. Por tanto, cuando encontremos una persona que no nos aprecia o, incluso nos maltrate, puede ser más fácil que lo aceptemos porque, de alguna manera, lo hemos llegado a normalizar”.

Por otro lado, Santoro reflexiona sobre el peligro de elegir culpables en esta forma de educar: “Existe una tendencia de atribuir toda esta historia del machismo al patriarcado... se queda corto. Para analizar la conducta humana hemos de recordar en qué medida somos consecuencia de nuestra biología o biografía. Si somos producto de nuestra cultura es mucho más fácil encontrar culpables, en vez de aceptar y ser conscientes de ello para ponernos en guardia y buscar soluciones”.


Cómo ha cambiado la manera de educar a nuestras hijas©AdobeStock

Coeducarnos a nosotros mismos (y como pareja) para coeducar

Dice la experta que la nueva manera de entender la crianza ha propiciado que el 40% de las asesorías que hace en consulta sean en pareja. “Es mucho, vamos por buen camino”, expone. Y asegura que para educar a nuestros hijos en la igualdad primero hemos de educarnos como pareja

Para muchos coeducar es repartirse el 50% de las responsabilidades de la educacion de los niños. Va mucho más allá ya y se sostiene con estos tres pilares:

  1. Tener claro, como pareja, cómo queremos educar a nuestros hijos y qué limites vamos a establecer. Siendo firmes con ese propósito.
  2. Saber suplir a la otra persona en caso de que no esté, y aunque se hayan repartido los roles.
  3. Que las mujeres sean capaces de delegar en los hombres y que ellos sean capaces de asumir actividades que, quizá a nivel social todavía no están culturalmente estipuladas. “Por ejemplo, esto de ve a hacer la compra y que se conteste ‘qué compro’”.

“En definitiva, para poder educar desde la igualdad y el respeto, primero tenemos que ponernos de acuerdo como pareja”, concluye Sara Noguera.

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