Así como hay ocasiones en las que nos cuesta tomar hasta las decisiones más sencillas de nuestro día a día, también hay otras en las que todo se siente tan claro como el agua. Momentos en los que la vida nos hace avanzar con seguridad y en los que, a través de pequeñas señales, nos confirma que vamos por el camino correcto. Algo así le ocurrió a Marcos cuando decidió pedirle matrimonio a Eugenia. No solo tuvo claro que había llegado el momento y encontró la sortija con la que siempre había soñado sorprenderla, sino que también sintió el impulso de elegir la fecha del enlace y reservar la iglesia antes incluso de hacerle la gran pregunta.
De Sevilla a Sierra Nevada hasta llegar a Madrid, así fue su historia de amor
Esta historia comienza en Sierra Nevada, donde los recién casados se conocieron durante un viaje al que Eugenia había ido con sus amigas. Una de ellas era prima de uno de los amigos de Marcos y, entre planes y jornadas de esquí, ambos grupos terminaron convirtiéndose en amigos. Años más tarde, cuando la novia ya se había afincado en Madrid para estudiar y la vida los llevó por caminos separados. Sin embargo, varios veranos después volvieron a encontrarse y Marcos decidió mudarse a la capital junto a ella. Desde entonces, no han vuelto a separarse.
El compromiso llegó el 2 de mayo de 2025 en Portugal, mientras celebraban el 30 cumpleaños de Marcos en el hotel Hortas do Rio. "Estábamos tomándonos una cerveza y un aperitivo al sol cuando sacó el anillo y me lo pidió. Y yo, por supuesto, feliz", cuenta la novia.
Un sueño hecho realidad: el vestido que cumplió todas sus expectativas
Eugenia no partía de cero, ya que llevaba tiempo imaginando cómo sería su vestido y sentía una conexión especial con Tba Brides, la firma que finalmente se encargó de darle forma. "Siempre quise hacerme el traje con ellas porque no hay ni un solo diseño suyo que no me guste", nos confiesa la novia.
Además, su manera de trabajar le permitió visualizarse vestida de novia desde la primera cita, probándose diferentes faldas, cuerpos y diseños de su colección prêt-à-porter. "Desde el primer día me vi y le dije a mi hermana: bajaría así, tal cual, a casarme a la iglesia de la esquina", recuerda.
En un primer momento, se enamoró de una falda y un cuerpo que encajaban por completo con su estilo. Sin embargo, durante la segunda prueba, Sol y Amaia, las figuras clave detrás de Tba Brides, le enseñaron un vestido entero que convenció al instante a todas sus acompañantes. Aunque ella necesitó algo más de tiempo para tomar la decisión final, la confianza que le transmitieron las diseñadoras fue suficiente para que terminara decantándose por él.
"Te vistes de novia una vez en la vida y, aunque no hay que sentirse disfrazada, sí es especial llevar algo con ese punto extra de 'efecto wow'. La verdad es que estoy feliz con el resultado", reconoce.
La diadema, los pendientes y los zapatos: los complementos de su look nupcial
Eugenia no llevó un segundo atuendo; prefirió centrar toda la atención en su look principal y completarlo con reliquias familiares y accesorios con un gran valor sentimental. Entre ellos destacaba una diadema de la abuela de Marcos, quien se la ofreció durante una de las pruebas. Al comprobar lo bien que encajaba con el vestido, no dudó en incorporarla al conjunto.
El velo, por su parte, había pertenecido a su bisabuela y llevaba guardado en una caja desde el día en que ella se casó, pues ni su abuela ni su madre llegaron a utilizarlo. Aunque se conservaba en muy buen estado, el único desperfecto se encontraba justo en la zona que debía sujetarse al cabello, por lo que decidieron colocarlo al revés. "Fue de las cosas más especiales del conjunto", confiesa.
Los pendientes también guardaban un vínculo especial con la familia de Marcos, ya que fueron un regalo de sus padres durante la pedida, con quienes Eugenia mantiene una relación muy cercana. Al tratarse de una joya desmontable, puede reservar el diseño completo para las ocasiones más especiales y utilizar únicamente el brillante en su día a día. Para la boda, sin embargo, los lució con todas sus piezas.
Como toque final, escogió unos tacones de Flor de Asoka, que más tarde cambió por unas alpargatas de Pitusas. Tampoco faltó el anillo de brillantes y zafiros con el que Marcos le pidió matrimonio en Portugal, la pieza más especial de todas para ella.
El ramo y las medallas que simbolizaban a su hermana y su grupo de amigas
Para el ramo y el resto de las flores de la boda, confió en Marta Ferraro y Marta Balbás, de Dtallo. "Marta es una de mis mejores amigas y no dudé en ponerme en sus manos y en las de su madre", cuenta Eugenia. Tras compartir con ellas algunas ideas, la novia no vio el resultado hasta la mañana del enlace, cuando Marta se lo entregó en casa mientras se preparaba. "Me encantó", recuerda.
Además, agregó dos medallas muy especiales: una de la Virgen del Carmen, regalo de su hermana, y otra de la Virgen del Pilar, que le habían entregado sus amigas de El Pino, el colegio mayor en el que vivió en Madrid. Los ramos que repartió entre sus amigas, por su parte, fueron obra de Myriam Vizcaíno, de Castañuela.
Un look natural, luminoso y limpio, así fue su propuesta de belleza
Para cerrar su look, puso su propuesta de belleza en manos de Patricia Franco Casas, una profesional afincada en Sevilla con quien varias de sus amigas se están formando como maquilladoras. Así, apostó por un maquillaje luminoso y natural, con el colorete ligeramente marcado para conseguir un favorecedor efecto buena cara, la mirada definida y los labios en un tono vino muy favorecedor.
El cabello, peinado con raya central y recogido en un moño bajo y pulido, permitía que la diadema familiar y el velo adquirieran todo el protagonismo. "Ella y Angie me maquillaron y peinaron, y consiguieron que estuviera tranquila en todo momento", nos cuenta Eugenia. Su hermana y su madre, por su parte, se pusieron en manos de su prima Chapa, de Chapa Molina Makeup.
De la ceremonia en la parroquia de su barrio a la celebración en las Bodegas Góngora
La boda se celebró el 28 de febrero de 2026, a las doce de la mañana, en la parroquia de San Sebastián, en El Porvenir, el barrio de los novios. "Siempre habíamos querido casarnos en La Paz porque, cuando nos conocimos, coincidíamos allí en misa y para nosotros era un lugar muy especial", recuerda Eugenia. Además, Marcos y sus testigos llegaron caminando desde su casa hasta la iglesia, un gesto que hizo que aquel momento resultara todavía más cercano.
Después, los novios y sus invitados se trasladaron a Bodegas Góngora, en Villanueva del Ariscal, donde la celebración continuó por todo lo alto. Se enamoraron del espacio nada más conocerlo y Rocío, junto al resto del equipo, les ofreció un trato cercano y los acompañó durante todo el proceso. Además, como el lugar ya contaba con una personalidad única, la decoración se diseñó únicamente para acompañar y realzar su esencia.
Así, Dtallo llenó cada rincón de flores silvestres, ramas de olivo y mimosa, y creó también unos centros de mesa acordes con los colores del lugar, consiguiendo que todos los elementos convivieran en armonía gracias a una cuidada gama cromática. Para el seating plan y las invitaciones contaron con Maspapeles, que los ayudó a encontrar el diseño perfecto. Finalmente, las mesas recibieron los nombres de los caballos del abuelo de Marcos, un detalle que le hacía especial ilusión al novio.
Para la propuesta gastronómica confiaron en Alda y Terry Catering, una elección que tuvieron clara desde el principio por la estrecha relación que mantienen con ellos. Tras un aperitivo largo, los invitados se sentaron para disfrutar de un plato principal y un postre en las mesas instaladas en el patio de Bodegas Góngora. Un plan perfecto que les permitió aprovechar los 25 grados que regaló aquel día de invierno en Sevilla. Después de comer, el grupo de flamenquito Magustami comenzó la fiesta, que continuó con Nacho Barrero a los mandos de la música.
Si algo han aprendido los novios durante este proceso es que lo más importante es confiar en el tipo de boda que realmente les apetece celebrar, sin necesidad de compararse con los demás. Además, Eugenia recuerda con especial cariño el trayecto que hicieron a solas desde la iglesia hasta la celebración, un rato que les permitió detenerse y ser conscientes de todo lo que estaban viviendo. "Lo más importante es estar presentes y disfrutar. Para nosotros fue el mejor día de nuestra vida", concluye.




























