En el baúl de los recuerdos de Karina figura, desde que falleciera en 2017, Tony Luz, quien fuera su primer esposo y con quien formó una de las parejas más buscadas de principios de los años 70. “Creo que, además de Marisol y Carlos Goyanes, nosotros fuimos una de las parejas de España. Nuestra boda en Illescas la sacaron todos los medios. Fue muy bonito y ahora se me agolpan muchos recuerdos... y todos positivos. Simplemente, estábamos hechos el uno para el otro, sentimentalmente hablando”, contaría a ABC tras la muerte del compositor. La realidad es que su enlace no pasó desapercibido en la época, porque su historia de amor y su celebración tuvieron ingredientes muy interesantes que hoy, en el que habría sido el aniversario del matrimonio, merece la pena recordar.
La historia de la pareja
Desde Jaén, junto a sus padres, Karina se trasladó a Madrid en 1959 porque el negocio familiar se hundió y decidieron buscar nuevas oportunidades en la capital. Entonces ella tenía tan solo 14 años, pero ya le picaba el gusanillo de la música, que había tenido el placer de conocer a fondo al estudiar solfeo. A principios de los años 60, con el apoyo de su madre, se presentó a diferentes concursos radiofónicos y al Festival Internacional de la Canción de Benidorm; también fue la protagonista de un spot publicitario y de este modo terminó por despegar su carrera. En medio de estos primeros y exitosos pasos conoció a quien sería su futuro marido, guitarrista de Los Pekenikes (la banda que fue telonera de Los Beatles en su concierto de 1985 en Madrid).
Los ojos se posaron en la nueva pareja que parecía haber nacido de un flechazo. La cantante de ritmos ‘yeyé’ había encontrado en su primera conquista un aliado en lo personal y en lo profesional, pues le orientaba en términos musicales e incluso compuso algunos de sus éxitos, como El baúl de los recuerdos y En un mundo nuevo, con la que logró el segundo puesto en Eurovisión. Aquello sucedió en 1971, tan solo dos años antes de que se produjera el esperado ‘sí, quiero’ entre los artistas. Con la cantante en su momento más mediático (en una era de grandes divas de la canción) y una nutrida prole de fieles aguardando su matrimonio, el 30 de marzo de 1973 sellaron su amor ante un gran número de cámaras y reporteros.
Un lugar reconocido para dar el gran paso
Tras un largo noviazgo, los prometidos escogieron un complejo hotelero de Illescas, Toledo, para su gran día. En concreto, era el que había diseñado el empresario vasco José Luis Solaguren, fundador de la cadena de restaurantes José Luis, con sede en Serrano. Su espacio de celebración contaba con capilla propia y zona para el banquete y ya había conquistado, dos años antes, a unos jóvenes Isabel Preysler y Julio Iglesias, quienes se casaron en enero de 1971 en este enclave toledano. Allí, entre docenas de periodistas, tuvo lugar la ceremonia y la posterior celebración de Karina, con 27 años, y Tony Luz, con 29.
Las claves del look de novia de Karina
La jienense se casó enfundada en un vestido de novia blanco, acorde a las modas de la época. El diseño no era nada clásico y estaba confeccionado a partir de un tejido con lunares en relieve. La prenda destacaba por su cuello pérkins, su silueta acampanada, sus mangas cortas de farol y su gran lazada de terciopelo rosa bajo el pecho, desde donde partía la falda, creando un corte imperio.
Como complementos, nuestra protagonista escogió unos tan alegres como su propio carácter: sobre su larga melena, perfectamente peinada con gran volumen y junto a un maquillaje con abundante máscara de pestañas y sombras azules, confío en una diadema de flores de tela en tonos rosas, blancos y amarillos. Desde este accesorio, que formaba un favorecedor semirrecogido, partía un velo largo y algo tupido.
En lo relativo al ramo que eligió, fue una opción rompedora y poco vista, aunque en sintonía con las propuestas que comenzaban a proliferar en aquel momento. Se decantó por una apuesta de tallo largo (una tendencia que convence a las novias de hoy), pero no uniforme, sino con variedades a diferentes alturas. El diseño, estrecho y muy alargado, estaba compuesto por tan solo cinco rosas en color rosa y en blanco. A ello se sumaba un lazo de raso blanco, para atar el resultado, que casaba con los detalles de su vestido nupcial.
Una nueva etapa
La felicidad de los recién casados, que brindaron —como se observa en las imágenes— como copas Pompadour metalizadas mientras cortaban una tarta nupcial de cuatro pisos con abundante nata, no duró mucho. Once meses después de la boda y tras más de ocho años de noviazgo (sin convivencia), el matrimonio hizo público que se divorciaba. ¿Qué falló en la relación, qué pudo provocar la ruptura? La propia Karina señalaría a ABC: “yo estaba en la cresta de la ola y tenía conciertos para aburrir, tanto en España como en América. Para crear una familia, lo cierto es que no teníamos la situación ideal”.
La vida en pareja no pareció funcionar, tal y como ella misma explicaba en una entrevista concedida a Diez Minutos: “cuando empezamos a convivir, yo no sabía lo que era ser esposa, ama de casa… y además estrella. Es muy difícil, porque yo empecé a cantar con 16 años y no me dio tiempo a aprender a ser buena ama de casa”.
Al parecer, confesó la cantante, habían confundido la amistad con el amor. No obstante, los amigos y medios de la época reconocen que sí había química entre ellos. Años después, cuando falleció su exmarido, dijo: “nos separamos de una forma muy discreta y muy cordial. Y sabiendo que nuestra unión era más profesional que sentimental. Lo que sucede es que se confundieron los términos. En ningún momento existió un mal rollo entre nosotros”, reconocería en una entrevista.











