La boda de Amaia en Navarra

Amaia, la novia (y bailarina) del vestido de cuento y la historia de amor inesperada

Relata a Hola.com cómo escogió un sofisticado diseño de Pronovias para casarse en la iglesia que la vio crecer

por Estrella Albendea

El filósofo y psiquiatra Carl Jung, gran estudioso de lo que él llamaba sincronicidades, decía que aquello que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino. Reflexionaba así sobre las casualidades, que no eran tales para él, sino que entendía estas circunstancias sorprendentes como un reflejo de aquello que se encuentra en nuestra mente, en momentos de transformación psicológica, capaz de enviarnos un mensaje, como los sueños y los anhelos. Quizá Amaia, bailarina profesional y una de las novias del momento, recuerda como coincidencia sus comienzos con Iker; algo que en realidad habría sido —atendiendo a Jung— causalidad o el clásico ‘todo pasa como consecuencia de algo’. "Yo nacida en el norte llevaba años en Madrid luchando por mi sueño, bailar. Pero la vida en ocasiones tiene otro camino preparado para nosotros, después de 8 años una lesión muy dura, el amor por mi tierra y un dolor en el pecho incalculable me hicieron volver a casa". Ella misma relata a Hola.com su bonita historia. 

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Una pedida de mano emocionante

Fue ese verano de 2015 cuando todo cambió para ella. “Playa de la Zurriola. Intentaba abrir el corazón de nuevo y paseaba con un chico que de alguna manera sería más importante de lo que yo misma podía imaginar, no por ser el definitivo, pero sí por ser quien se encargaría de ponerme en contacto con Iker. En aquel paseo, este chico se paró a saludar a un amigo, Iker. Desde ese momento no pude parar de pensar en él: moreno, sonriente y con los ojos tan bonitos como el mar de su ciudad, San Sebastián”, confiesa emocionada.  El resto fue historia, porque cuatro años después, el 20 de enero de 2019 él le pidió matrimonio: “en el día más especial para cualquier Donostiarra, la noche de San Sebastián. Iker sin saberlo eligió el día que siempre había deseado”. 

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La ceremonia con más significado

La boda llegó el 22 de agosto de 2020, “a las 17:00 de la tarde”, apunta la novia. Acompañados por sus seres queridos, se dieron el ‘sí, quiero’ el día que tenían marcado en el calendario desde el principio y en una parroquia muy especial: “Fue en la Iglesia San Esteban de Bera de Bidasoa (Navarra). Iker es de San Sebastián y yo soy de Bera. Lo cierto es que hay innumerables iglesias preciosas en las que podríamos habernos casado, pero decidimos casarnos en la Iglesia de San Esteban, debido a que tanto mis abuelos como mis padres se casaron en ella, además de haber sido bautizadas, comulgadas y confirmadas en la misma tanto mi hermana como yo”, explica a este medio.

Amaia se llevó la primera sorpresa del día al acabar la ceremonia y no pudo contener las lágrimas. “A la salida de la misa me esperaba una de las mayores sorpresas para mí. Cuatro de mis alumnas realizaron el tradicional baile del ‘Aurresku’, versionado en ballet por dos de mis mejores amigas de la época en la que me formaba como bailarina en Madrid. No hubiese podido tener mejor sorpresa que verlas bailar para nosotros en el día más especial”, explica. Ella misma reconoce que está muy unida a sus alumnas y que aquello no pudo pillarle más desprevenida: “encontrármelas de frente sin haber sospechado nada, bailando ‘tan tan bien’ me emocionó muchísimo. Las primas pequeñas de Iker bailaron a la vez la versión tradicional de Danza Vasca del mismo baile”.

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Pero los grandes momentos del enlace no terminaron ahí, pues el día estuvo repleto de escenas para el recuerdo. Aunque la entrada y la salida de la iglesia o la colocación del anillo nunca podrá olvidarlas, sí que existe una sorpresa que destacaría: “es cierto que tanto yo, como cualquier otro invitado, resaltaríamos el discurso que Iker dio justo después de la cena. Se dirigió a todos y cada uno de los asistentes y no dejo indiferente a nadie. Todos derramamos alguna que otra lágrima mientras nos hablaba”.

Además de emoción, también hubo hueco para las risas y la ilusión. La novia pidió a su padre y padrino que buscara una forma de que sonara la marcha de San Sebastián para sorprender al novio. “Mi padre llamó a una charanga para que ya a la salida de la Iglesia tocaran la marcha de San Sebastián y todas las canciones de esa fiesta tan especial. ¡Fue lo más! La gente se animó muchísimo (tanto que se querían a quedar a bailar) y lo recordamos como uno de los momentos más especiales”, concede.

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Un vestido romántico y de cuento

Al igual que los invitados, las redes sociales tampoco podrán olvidar el otro gran protagonista de la boda de Amaia e Íker: el vestido de la novia. Un espectacular diseño de Pronovias, de su colección Atelier, del que la novia se enamoró al instante y que no cambió en ningún momento, a pesar de la situación sanitaria. “El inicio fue lo más sencillo del proceso para mí. Creo que lo viví al revés de como el resto de novias lo suele vivir normalmente. No quise probarme ningún vestido más. Lo escogí́ porque lo vi muy claro, en cuanto lo ví en una fotografía”, manifiesta. Le bastó con intuir su delicada estética y la combinación de sencillez y sofisticación para quedarse con él: “veía la limpieza que sabía que tendría mi vestido, y a su vez no dejaba de ver lo especial de la espalda y de su gran cola de tul. Quedaba muchísimo tiempo aún para la boda, pero al verlo tan claro decidí no esperar más”.

El look, tan original, tan diferente y casi onírico, ha conquistado a estilistas y a prescriptoras de estilo en las redes sociales. ¿La clave de su éxito? Posiblemente que la novia se sentía muy cómoda con él: “no quería sentirme disfrazada y quería seguir reconociéndome a mi misma con el paso del tiempo en las fotografías y estoy segura de que lo conseguí. Ser fiel a uno mismo, aunque sea con una versión mucho más especial para tu gran día, me parece que es lo mas importante a la hora de la elección del vestido”.

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Para completar el estilismo, el ramo de novia que mejor definía el estilo de Amaia y unos accesorios dignos de la mejor estilista: “Del ramo se encargó Naiara Oskila de El Taller de Los Detalles. Ella es un amor y pone todas sus ganas e ilusión en cada detalle, lo que le hace ser una gran profesional. Mi ramo estaba únicamente compuesto por rosas blancas y olivo, no pudo ser mas ‘yo’ y más perfecto para mí. ¡Seguiría queriéndolo exactamente igual!”. En cuanto a los complementos, los zapatos eran de María Albertín, los pendientes de Carat London y tanto el velo como el tocado, una obra de Mariana Barturen Couture.

¿Un segundo diseño?

Más allá del vestido principal, Amaia dejó espacio para un diseño más para el banquete: “por un lado siempre había soñado casarme luciendo un vestido con cola, pero a su vez tenía claro que después luciría un vestido ‘mini’ muy juvenil, para disfrutar del resto de la noche sin haber renunciado a ninguna de las dos ideas. Este segundo lo confeccionaron en un taller de A Coruña.  Me permitió cambiar totalmente de look, sentirme muy ligera y cómoda y lucir los zapatos azules de Jimmy Choo que mi tío (que además no pudo venir, aunque sí que vio la ceremonia gracias a la empresa de streaming que contratamos) me había regalado meses antes”.

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Tanto durante el día como por la noche, Amaia mantuvo su maquillaje y peinado con ambos vestidos, con un resultado pulido, pero natural. Detrás del recogido estuvo Iñaki Sagarzazu en San Sebastián, el peluquero en el que ella siempre confía. “Durante los años que bailé (antes de pasar a ser profesora) no hubo ningún día en el que no llevase moño. Creo que la gente puede recordarme a partes iguales con moño que con pelo suelto. Me decanté por un moño de estilo bailarina bajo con raya en medio. El toque especial de la forma exacta del moño fue arte y magia de mi peluquero. Daba la sensación de ser un nudo”, apunta.

“Del maquillaje solo podía encargarse Esther De Castro. Nunca me ha resultado fácil ponerme en manos de maquilladores, he tenido muy malas experiencias y en todas ellas terminaba limpiándome la cara para, como podía, maquillarme yo. No me maquillo a diario por lo que no me sentía capaz de maquillarme a mí misma para un día como ese. Hace unos años que conocí por casualidad a Esther, y desde entonces ella ha sido la que me ha maquillado para cada boda y evento que he tenido”. Su maquillaje desprendía luz. Aunque parecía muy ensayado, por el favorecedor resultado, confiesa la novia que nunca tuvieron que hacer pruebas, se entendieron a la perfección. 

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Celebrar con los mejores proveedores

Más allá del look, hubo otros detalles epatantes, como el imponente salón del Hotel María Cristina, decorado por El Taller de los detalles, en el que tuvo lugar el banquete para los invitados. La pareja no contrató a ninguna wedding planner, sino que la propia Amaia y su hermana apostaron por su propio sello personal. Se formaron antes en el sector y dieron vida a su proyecto: “Nala Sisters, en el que las bodas tendrán un lugar muy especial, por lo que no pudo ser de otra manera que no fuese de nuestra propia mano”.

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La experiencia les permitió coger un gran rodaje, pues tuvieron que hacer algunos cambios. “Contábamos con que siempre surgen imprevistos y dificultades en la organización de una boda pero jamás hubiésemos imaginado todo lo que nos esperaba”, explica. Tuvieron que renunciar a un bonito fotomatón y controlar los aforos. “El Dj (2gether Events) se involucró muchísimo con nosotros y nuestro día, y queriendo ayudarnos y animarnos en esos dos últimos días en los que tuvimos que soportar muchísimos cambios”. Los novios quedaron más que satisfechos con el trabajo de todos los proveedores y, al igual que otras parejas que se han casado en los últimos meses, solo pueden decir que todo mereció la pena.

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