Veinte años después de convertirse en una de las mujeres más recordadas de los Globos de Oro con un vestido rojo de Valentino, Scarlett Johansson ha vuelto a demostrar el poder de ese color sobre la alfombra roja. El sábado 10 de octubre, la actriz protagonizó una doble aparición en el Festival de Cine de Londres: primero acudió a la presentación de Ray Gunn y, más tarde, a la de Paper Tiger, acompañada en esta última por su compañero de reparto Adam Driver. Para ambas citas eligió vestidos rojos, pero con resultados muy distintos. El segundo, de silueta fluida y drapeados, recuperaba ese glamour sensual y clásico que convirtió su imagen de 2006 en una referencia de la moda de alfombra roja.
Dos vestidos rojos en un mismo día: el glamour de la seda
Para la presentación de Paper Tiger, Scarlett apostó por una creación a medida de Prada confeccionada en georgette de seda roja. El vestido, cortado al bies, se adapta al cuerpo mediante una caída fluida y detalles fruncidos que aportan textura sin restar ligereza al conjunto. El corte al bies —una técnica que dispone el tejido en diagonal respecto al hilo— permite que la tela acompañe el movimiento y se deslice sobre la silueta de una forma especialmente favorecedora.
El resultado tiene algo de las grandes divas de Hollywood, pero evita recurrir a los recursos más previsibles de la sensualidad de alfombra roja. La intensidad del rojo y la caída de la seda hacen prácticamente todo el trabajo. Es un vestido que confía en la silueta, en la textura y en el movimiento, una combinación que favorece especialmente a la actriz.
El look, firmado por la estilista Kate Young, se completó con un collar de Barron London, una pieza protagonista que aportaba un punto escultórico al escote. El cabello rubio, cortado en una melena bob y peinado con ondas suaves hacia un lado, reforzaba el aire de estrella clásica.
Hay, además, una diferencia interesante entre este vestido y el que había llevado horas antes. Aunque ambos comparten el mismo color, el diseño de Prada se apoya en la fluidez y el drapeado, mientras que el otro apuesta por una silueta más estructurada.
El vestido rojo que convirtió 2006 en un año inolvidable
Para entender por qué esta aparición despierta recuerdos, hay que volver al 16 de enero de 2006. Scarlett Johansson tenía 21 años y acudió a la 63.ª edición de los Globos de Oro, celebrada en Beverly Hills, nominada como mejor actriz de reparto por Match Point, la película de Woody Allen que había consolidado su posición como una de las jóvenes intérpretes más interesantes de Hollywood.
Aquella noche eligió un vestido rojo de Valentino que quedó asociado a su imagen pública. El diseño, de silueta ajustada y escote pronunciado, destacaba por los volantes que recorrían los tirantes y la falda, con un detalle que acompañaba una abertura lateral. Lo combinó con zapatos de satén rojo y joyas discretas, dejando que el vestido concentrara toda la atención.
La elección resultaba memorable por varias razones. El rojo intenso no era una apuesta tímida, y el diseño aprovechaba el movimiento de los volantes para añadir dramatismo a una silueta muy femenina. En plena promoción de Match Point, Johansson proyectaba una imagen de sensualidad clásica que encajaba con la sofisticación de la película y con la fascinación que despertaba entonces en la industria.
Aquel Valentino ha seguido apareciendo en recopilaciones de los mejores vestidos de la historia de los Globos de Oro. Su fuerza no dependía únicamente de lo ajustado del corte o del escote, sino de una combinación muy reconocible: un color rotundo, una silueta que celebraba las curvas y detalles ornamentales que daban movimiento al conjunto. Dos décadas después, la actriz vuelve al rojo.
El segundo vestido rojo: una silueta más arquitectónica
La primera aparición de la actriz ese día fue en la presentación de Ray Gunn, la película de animación dirigida por Brad Bird en la que presta su voz a Venus Nova. Para la ocasión, Scarlett Johansson eligió un vestido rojo palabra de honor de la colección Resort 2027 de Hermès, una elección que sorprendía por su silueta y por la identidad de la firma francesa, habitualmente asociada a la piel, la artesanía y una estética más sobria.
El diseño se construye a partir de un cuerpo fruncido y una falda midi con volumen, de aire casi abombado. Frente al vestido de Prada, que cae en líneas fluidas, este modelo apuesta por una forma más marcada y estructurada. La ausencia de tirantes deja despejados los hombros y convierte el escote en uno de los puntos centrales del look.
La actriz lo combinó con un colgante de Cece Jewellery, de la colección The Devil Is in the Details, y unas sandalias rojas Leva de Manolo Blahnik.
Scarlett Johansson, entre el cine y el estilo de las grandes divas
La doble aparición de Londres coincidió con una edición del festival especialmente concurrida, en la que también participó Penélope Cruz con un bucólico vestido amarillo con flores tridimensionales y perlas de cristal, para la presentación de Búnker.
En un mismo día, Scarlett Johansson presentó dos películas y dos versiones muy diferentes del rojo. La primera, con Hermès, apostaba por el volumen y una silueta casi arquitectónica; la segunda, con Prada, recuperaba la fluidez y el glamour de las grandes divas. Veinte años después de aquel vestido de Valentino, la actriz demuestra que el rojo sigue siendo una de sus mejores herramientas de estilo.










