La moda, en su concepción más pura, es un acto de comunión, y el desfile Primavera/Verano 2027 de Loewe ha abrazado esta premisa. Para enmarcar su nueva propuesta, la firma española transformó el imponente Château de Vincennes de París en una monumental estructura circular de dos niveles. Este evocador espacio, diseñado como un guiño arquitectónico a los grandes escenarios de la historia —desde el icónico Teatro Anatómico de Padua y el místico Globe de Londres, hasta el imponente gasómetro de Detroit o la solemne Scala de Milán—, ha servido como un poderoso recordatorio de la energía que emana de las experiencias humanas en directo. En esta arena moderna, donde resonaban los ecos de los dramas rituales y los grandes espectáculos, Jack McCollough y Lazaro Hernandez han presentado su tercera colección. Un despliegue soberbio que confirma que la dupla creativa ha encontrado por fin su propia e inconfundible voz dentro del exigente universo de la histórica marca fundada en Madrid.
Desde el minuto en que pisaron los talleres de Loewe, McCollough y Hernandez dejaron claras cuáles serían sus dos piedras angulares: la artesanía superlativa y el dominio del color. En esta temporada estival, esa base creativa se mantiene inquebrantable, pero evoluciona hacia una propuesta sorprendentemente terrenal. La paleta cromática se expande con tonos profundamente saturados que inyectan vitalidad a cada salida, mientras que técnicas virtuosas como el drapeado esculpen la silueta con una asombrosa fluidez. Sin embargo, el verdadero triunfo de esta colección radica en su giro hacia el pragmatismo.
Los diseñadores han sabido aterrizar su desbordante imaginación conceptual para ofrecernos prendas que, sin perder esa esencia artística y vanguardista, caminan con paso firme hacia un resultado mucho más comercial, apetecible y, en definitiva, real. Es un armario pensado para ser habitado y disfrutado en el día a día.
Como es mandato en Loewe, el tratamiento del cuero sigue en el centro de la propuesta, aunque esta vez se manifiesta con una ligereza estratégica. La piel abandona la rigidez tradicional para reclamar un espacio más versátil y dinámico, en cazadoras finamente drapeadas que envuelven el torso con suavidad, divertidos vestidos de corte babydoll y seductoras faldas de talle alto, rebosantes de actitud gracias a sus cinturas intencionadamente desabotonadas.
En el terreno de los accesorios, la destreza marroquinera se hace notar a través de formas inéditas que se perfilan, indiscutiblemente, como los próximos objetos de deseo de la temporada estival.
Paris Fashion Week: desfile de Loewe (Primavera/Verano 2027)
Créditos: Launchmetrics Spotlight








































































