Durante buena parte de la construcción pública de su armario, el azul bebé ha sido uno de los tonos más reconocibles de la princesa Leonor: discreto, luminoso y suficientemente dulce para aportar juventud sin restar formalidad. Pero en los últimos meses hay otro color que ha empezado a ocupar ese espacio. El rosa apareció en una americana de tono intenso durante su visita a Empúries el 15 de julio, volvió en una camisa de tafeta rosa en Zarzuela dos días después y reapareció en septiembre, primero en una chaqueta y, de forma especialmente llamativa, en el pequeño top rosa empolvado que llevó en el Gran Premio de Fórmula 1 de Madrid.
No es solo una cuestión de tendencia. El rosa arrastra una historia mucho más contradictoria de lo que parece: fue un color aristocrático antes de ser considerado femenino, se convirtió en uno de los grandes códigos de género del siglo XX y hoy vuelve a utilizarse para hablar de poder, juventud, feminidad e incluso transgresión.
El rosa no nació como “el color de las niñas”
La primera idea que conviene desmontar es precisamente la más conocida. El rosa no ha sido siempre un color femenino. El Museo del Fashion Institute of Technology de Nueva York dedicó una exposición completa a demostrarlo: en la Europa del siglo XVIII era un color de moda entre hombres y mujeres de las élites y estaba relacionado con la elegancia, el lujo y el esplendor aristocrático. Entre las piezas conservadas había vestidos femeninos, pero también un habit à la française y un banyan masculinos en rosa.
El detalle resulta especialmente revelador para hablar de una futura reina. En la corte europea, vestir de rosa no implicaba entonces suavidad ni infantilización. Al contrario: el acceso a tejidos delicados, tintes costosos y elaborados bordados era una forma de demostrar posición social. La historia del color está, por tanto, mucho más cerca de la ostentación cortesana de lo que hoy asociamos espontáneamente a una niña vestida de rosa.
Madame de Pompadour y el rosa que llegó a tener nombre propio
Uno de los nombres inseparables de esta historia es Madame de Pompadour, amante de Luis XV y una de las grandes prescriptoras de moda de la corte francesa. Su pasión por el rosa fue tal que la manufactura de porcelana de Sèvres bautizó en 1757 una de sus tonalidades como Rose Pompadour. El color quedó así asociado al gusto cortesano y al lujo del siglo XVIII.
La anécdota es perfecta para entender hasta qué punto los colores son construcciones culturales. El rosa que hoy puede parecer delicado tuvo un momento histórico en el que hablaba de riqueza, sofisticación y pertenencia a una determinada élite. Como resume el historiador del color Michel Pastoureau en una frase que el FIT recuperó en su exposición: "La sociedad decide qué significan los colores".
Cuándo se convirtió realmente en un color femenino
La asociación entre rosa y feminidad se consolidó mucho después. Según el recorrido histórico de Valerie Steele, directora y conservadora jefe del Museum at FIT, la feminización del rosa se intensificó en el siglo XIX, cuando los hombres occidentales fueron adoptando una vestimenta progresivamente más oscura y sobria y los colores claros y brillantes quedaron cada vez más vinculados al armario femenino. La asociación entre rosa para niñas y azul para niños se hizo especialmente fuerte en Estados Unidos a mediados del siglo XX.
Steele ha resumido la evolución del tono de una manera especialmente gráfica: "Pink has always been a color in transition", es decir, el rosa siempre ha sido un color en transición. La historiadora ha señalado además que en la actualidad vuelve a atravesar una etapa en la que se percibe como más moderno, andrógino y fuerte.
Eso explica una paradoja fascinante: el rosa no es esencialmente femenino; se volvió femenino porque la sociedad empezó a utilizarlo para representar la feminidad.
Lo que dice la psicología del color
La psicología cromática confirma que esa asociación existe, pero también obliga a matizarla. Un estudio publicado en PLOS ONE por investigadores de las universidades de Lausana y Bristol analizó seis mil millones de palabras y encontró que el rosa aparecía estadísticamente asociado con conceptos de feminidad y positividad. Los autores señalan, sin embargo, que estas asociaciones reflejan también los usos culturales y lingüísticos que hacemos de los colores.
Es decir, cuando vemos rosa podemos interpretar dulzura, cercanía, juventud o feminidad, pero no porque exista una respuesta universal e inmutable del cerebro ante ese color. El significado se aprende, se repite y se modifica culturalmente.
Y el matiz es importante en el caso de Leonor: un color femenino no tiene por qué producir una imagen débil. El propio FIT recuerda que el rosa también ha sido utilizado por el punk, el hip-hop y diseñadores que han querido desafiar precisamente las ideas tradicionales sobre feminidad.
El rosa de Leonor no aparece en vestidos de princesa
Leonor no está recurriendo al rosa principalmente mediante grandes vestidos románticos o siluetas excesivamente femeninas. En sus apariciones recientes lo ha incorporado de maneras mucho más contemporáneas.
En Empúries, por ejemplo, llevó un pantalón y un top blancos sobre los que añadió una americana rosa de Bleis Madrid. El rosa funcionaba como una pieza de color sobre una base de sastrería limpia y masculina. En Zarzuela, dos días después, apareció con una camisa rosa de tafeta de Carolina Herrera, entallada y con un fajín que marcaba la cintura, combinada con vaqueros blancos.
Y en la Fórmula 1 de Madrid la operación fue todavía más evidente: un pequeño top rosa empolvado con escote en V y cintura fruncida acompañaba unos pantalones blancos de pernera ancha. La propia lectura del look señalaba que el tono aportaba feminidad y un punto juvenil a un conjunto construido, en buena parte, sobre códigos de sastrería.
¿Puede el rosa equilibrar su imagen más "masculina"?
Es una hipótesis razonable, pero debe formularse como tal. Leonor ha construido en paralelo una imagen muy vinculada a la sastrería, los pantalones, los trajes de chaqueta y, sobre todo, los uniformes militares después de tres años de formación en el Ejército, la Armada y el Ejército del Aire y del Espacio.
En ese contexto, el rosa puede actuar visualmente como contrapunto. No porque “corrija” una imagen masculina, sino porque introduce en prendas estructuradas un código culturalmente asociado a la feminidad. La americana rosa sobre el conjunto blanco de Empúries es probablemente el ejemplo más claro: la silueta mantiene autoridad y estructura, mientras el color introduce suavidad, juventud y una lectura inequívocamente femenina.
La combinación resulta especialmente interesante para una futura reina porque evita elegir entre dos imágenes. Leonor puede llevar códigos de autoridad tradicionalmente masculinos y, al mismo tiempo, utilizar un color históricamente feminizado para construir una imagen propia.
Bianca Casanova, experta en moda y colorimetría, nos resume en pocas palabras qué proyecta el color rosa en la princesa: "Es la forma más sutil de equilibrar su imagen de autoridad".
Una heredera que va construyendo su estilo poco a poco
Hay, además, una cuestión generacional. Leonor tiene ahora 20 años y acaba de cerrar una etapa de formación militar para comenzar sus estudios universitarios. Sus últimos looks muestran una mayor libertad en la elección de prendas, especialmente fuera de los actos más solemnes. La aparición de un top rosa en la Fórmula 1, de una americana rosa en Empúries o de unas zapatillas rosa pastel durante las celebraciones del Mundial pertenece a ese registro más cotidiano y contemporáneo.
Sería demasiado sencillo concluir que el rosa significa que Leonor quiere parecer más dulce o más femenina. La historia del propio color demuestra que esa interpretación se queda corta. El rosa puede hablar de feminidad, sí, pero también de lujo, juventud, modernidad, ruptura de códigos y poder social.
Después de años en los que el uniforme y la sastrería han contado visualmente la historia de la futura jefa de Estado, el rosa introduce otra dimensión de esa misma identidad sin restarle autoridad. Un color que durante siglos ha cambiado de significado vuelve a cambiarlo delante de nuestros ojos. Y, en el caso de Leonor, empieza a convertirse en una de las pistas más interesantes para entender cómo quiere vestirse la mujer que un día será reina.











