Llega al set como un soplo de aire fresco, regalando buen rollo y sonrisas y con una vitalidad contagiosa y unas ganas de comerse el día dignas de admirar. Adora su trabajo y se nota, aunque la creadora de contenido digital, empresaria e influencer Iera González (Iera Paperlight en redes) tiene en su marido, Pau, y sus cuatro hijos -Kenzo, Clod, Manila y Lov Likha- su mayor tesoro. Desde 2021 su éxito ha sido fulgurante y no para de enlazar proyectos. ¿Su última aventura? Una firma de psicocosmética. Hablamos con ella de cómo ha ido construyendo su carrera mientras descubrimos su lado más personal.
-Diez años junto al amor de tu vida, cuatro hijos y un trabajo que te apasiona. ¿Te pellizcas para comprobar que no estás viviendo un sueño?
Me pasa constantemente. Cada día doy las gracias por poder vivir y compartir la vida con mi familia, que, a veces, parece poco y en realidad lo es todo.
-¿A qué crees que se debe tu éxito?
Diría que tiene mucho que ver con la naturalidad y con mostrarme tal y como soy, sin intentar encajar en un molde. También con la constancia, con seguir intentándolo incluso cuando no sabes muy bien hacia dónde va todo. Y con escuchar, observar qué parte de mí conecta más con la gente que me sigue, qué les gusta y qué les acompaña, e intentar ofrecerles contenido que encaje con eso, sin dejar de ser yo.
-Has comentado que cuando tus seguidores crecieron mucho retomaste las sesiones de terapia. ¿Qué has aprendido?
La terapia me ha ayudado a relativizar, a no identificarme con lo que ocurre en redes -ni para bien ni para mal- y a recordar que mi valor no depende de un pico de aprobación. También a aprender a poner límites, a bajar el ritmo mental y a tratar ese “subidón” como algo que hay que gestionar con cuidado, igual que cualquier otro estímulo potente.
"La terapia me ha ayudado a relativizar, a no identificarme con lo que ocurre en redes, ni para bien ni para mal"
-Sufres de ansiedad desde que eras una adolescente. ¿La tienes ya bajo control?
Sí, lo cual no significa que no haya momentos en los que me supere. Forma parte de mi vida desde los dieciséis años y aparece por distintos motivos en distintas etapas. A veces está más controlada y otras me pesa más. Por eso la terapia es algo constante para mí. No como una solución puntual, sino como una forma de acompañamiento.
-Tus hijos aparecen en tus redes como protagonistas de tu vida familiar, pero has cambiado de opinión con respecto a su exposición. ¿Cuál ha sido el motivo?
Todo ha sido a raíz de empezar a informarme más sobre la inteligencia artificial. Tomé consciencia de que una imagen o una voz podían utilizarse para crear cosas que no son reales y que, de alguna manera, podía perjudicarles. Y eso fue lo que me dio miedo.
-¿Trabajar con tu pareja es una prueba de amor?
Hay una parte muy positiva de la que casi no se habla: la ausencia total de competencia. Entre nosotros nunca ha existido esa necesidad de destacar por encima del otro. Somos un equipo muy sólido. Sabemos que, cuando a uno le va bien, nos va bien a los dos, y esa mirada compartida cambia por completo la forma de trabajar juntos.
"Dejé de compartir la cara de mis hijos a raíz de informarme más sobre IA. Una imagen o una voz pueden utilizarse de manera perjudicial"
-Hablemos de amor... ¿Eres de las que creen en las almas gemelas?
Sí, creo en el amor para toda la vida, pero en el amor real. En ese que no siempre es fácil y que, a veces, necesita pausa, conversación y mucho cuidado. Hay momentos en los que no basta con quererse y toca aprender a entenderse mejor, mirarse con calma o pedir ayuda. La terapia, por ejemplo, no la veo como un fracaso, sino como una herramienta más para crecer juntos.
-¿Para querer primero hay que quererse?
Nadie puede quererte más de lo que tú te quieres, y por eso cuidarse no es un lujo, sino una necesidad. Aprender a escucharte, a respetarte y a tratarte con cariño cambia por completo la forma en la que te relacionas con todo lo demás.
-Has lanzado junto a dos socias Loöz, firma que defines como psicocosmética. Háblanos de ella...
Nace como un ritual sencillo y consciente que va más allá de lo estético: un momento de calma, silencio y conexión contigo misma, donde el cuidado de la piel se convierte también en cuidado emocional. Por eso hablamos de psicocosmética.
"Un little black dress muy corto, con medias finísimas y taconazos, es un look que no falla"
-Tu madre, a la que estás muy unida, es filipina. ¿Te sientes muy conectada con tu parte oriental?
La siento dentro de mí. Mi mitad occidental y la oriental conviven de forma muy natural y son, en gran medida, lo que me ha construido como persona. Crecer entre dos culturas tan distintas me ha dado una mirada más abierta, más flexible y mucho más curiosa.
-¿Qué tipo de post suele tener más aceptación entre tus seguidores?
Sin duda, los vídeos en los que salgo hablando. Cuando comparto una experiencia, una reflexión o algún tema de los que nos inquietan a todos, pero contado desde lo personal.
-¿Te gusta proponer looks a golpe de tendencia o prefieres improvisar?
Una mezcla de ambas cosas. En mis redes siempre improviso, no preparo los looks con antelación. Dependen mucho de mi estado de ánimo y de cómo me siento ese día. Evidentemente, hay tendencias que me atraen y que forman parte del momento, pero siempre las adapto a mi forma de ser.
"Mis mitades occidental y oriental conviven en mí de una forma muy natural"
-¿Alguna vez te has dado cuenta tarde de que ibas con el outfit equivocado?
Puede ser, pero nunca lo he vivido así. Al final, no se trata tanto de la ropa como de la actitud. Creo profundamente que esta lo es todo y que con ella se puede defender cualquier look. Nunca he pensado: “¿Qué hago yo aquí con estas pintas?”. Si te sientes segura, todo encaja.
-¿Qué look no te falla nunca?
Un little black dress. Muy corto, con medias finísimas negras, taconazos y... ¡poco más! Es un look atemporal, elegante y con mucha fuerza. Cuando dudas, el negro siempre responde.
-Vives en Hondarribia, en el hogar familiar. ¿Os gusta recibir a familia y amigos en casa?
Muchísimo. Creo que, tras la pandemia, todos empezamos a valorar más nuestra casa como refugio. En nuestro caso, se convirtió en un punto de encuentro: cenas, comidas, momentos compartidos. Mi marido se volvió un auténtico “cocinillas” y muchos amigos están siempre deseando venir a probar sus platos. Nuestra casa es ese lugar al que apetece volver y a mí me encanta.
-Echando la vista atrás, ¿harías hoy algo diferente?
No, absolutamente nada. Creo que todo lo que he hecho me ha llevado hasta aquí. No me arrepiento de ninguna decisión. Cada paso forma parte del camino y de quién soy hoy.
-¿Cómo te gusta imaginar tu futuro?
La verdad es que no lo imagino, nunca lo he hecho. Vivo muy centrada en el presente, en lo que tengo ahora y en disfrutarlo. Pienso en estar bien hoy y con eso ya me basta.










