El diseñador tenía solo nueve años cuando comenzó a confeccionar sus primeras prendas, con telas que encontraba en casa y para su familia. "Trabajar en la moda fue mi destino", ha llegado a asegurar Elie Saab. Pero lo cierto es que el modisto trabajó duro para conseguirlo: quién diría a aquel joven que se atrevió a soñar en lo grande con tan solo 18 años, con un desfile en un Beirut devastado por la guerra; que años más tarde se convertiría en una de las 13 firmas que tienen el privilegio —así como los medios y la técnica— de desfilar en la semana de la Alta Costura.
Hace más de dos décadas que Elie Saab puede presumir de esta acreditación y ha dejado claro una vez más que es digno de ella con el desfile que este miércoles ha presentado en París. Golden Summer Nights of '71 es el nombre de esta nueva colección que, como un hechizo de luz y glamour, ha transportado a los asistentes a un mundo lleno de nostalgia, inspirado en la opulencia y en la libertad de la jet set de aquella década.
El dorado ha sido el hilo conductor de esta presentación, como un guiño al verano, pero también al lujo de aquellas noches sofisticadas. Hemos visto vestidos que parecían deslizarse como el viento, bordados meticulosamente realizados o cristales brillantes que caían como gotas sobre la piel. El libanés ha querido jugar especialmente con los materiales: cuero usado como joyería, chiffon que cambia de tono a medida que las modelos se mueven o mallas metálicas que reflejan la luz como si de estrellas se tratase.
Sensualidad y feminidad están presentes en cada silueta, dos conceptos siempre presente en el trabajo del couturier, con su característico toque dramático. Corsés bordados con hilos de oro, vestidos con aberturas en la espalda, adornados con tiras exquisitas, capas de tul... Especial sin duda ha sido el look final del desfile: un vestido de novia en beige rosado con piedras y detalles de encaje, culminado con un velo etéreo.

































































