Estás ante una decisión importante y, en lugar de claridad, aparece el bloqueo y sientes que cuanto más intentas pensar, menos avanzas. Esta situación, muy común, no es falta de carácter ni incapacidad personal, sino que debe sentido a un enfoque más profundo que guarda relación con cómo funciona el cerebro.
Como explica Montserrat Guerra, psicóloga clínica sanitaria en Gabinete de Psicología Montserrat Sierra (psicologoensantander.com), "Cuando la incertidumbre nos paraliza, no es porque seamos “indecisos” o porque nos falte carácter". El problema es más profundo y tiene que ver con cómo funciona nuestro cerebro.
Qué le pasa al cerebro ante una decisión
Nuestro sistema nervioso no está diseñado para convivir bien con lo incierto, y, sin unas buenas herramientas emocionales para hacer frente a este fenómeno, puede resultar realmente difícil encontrarse ante este momento. La experta lo explica así: "Tenemos un cerebro formado hace miles de años, que poco ha evolucionado en este aspecto y odia no saber a qué atenerse".
Cuando comenta que este órgano se ha transformado poco con el paso del tiempo, se refiere a que "choca con los avances rápidos, las adaptaciones constantes, los cambios continuos de escenarios, o la conexión a las redes sociales que vivimos hoy". Por ello, en un mundo cambiante y lleno de estímulos, esta desactualización pasa factura.
De hecho, aunque aparentemente parece no existir un peligro real, la incertidumbre se vive como amenaza. Aparecen pensamientos anticipatorios, como "el miedo a equivocarse, a perder algo importante o a arrepentirse después", cuenta Montserrat Guerra.
Decidir es renunciar
Ante ese malestar, solemos buscar una seguridad absoluta que no existe. "Queremos la decisión 'perfecta', la garantía de que va a salir bien, la señal de que estamos eligiendo el camino correcto", explica la psicóloga. Pero la vida no ofrece certezas cerradas, especialmente cuando se trata de decisiones relevantes.
Además, algo que hay que tener claro siempre como base es el hecho de que elegir implica renunciar. Y eso nos pesa, a veces tanto, que justo el miedo a dejar pasar algo es lo que nos paraliza. Como recuerda la experta, "elegir implica no tener lo que no se ha elegido".
Así actuamos ante la incertidumbre
Para equilibrar la inseguridad, la mente "intenta compensarla con tres estrategias que parecen útiles, pero en realidad bloquean", advierte Montserrat Guerra, y explica de cuáles se trata:
- La primera es el sobre análisis: "Le damos vueltas, comparamos escenarios, buscamos opiniones, revisamos mil veces los pros y contras… y cuanto más pensamos, más dudas aparecen". El pensamiento circular acaba generando más ruido que claridad.
- Aplazar la decisión. "El aplazamiento o la procrastinación". Decir "mañana lo decid"” alivia momentáneamente, pero, como explica, "a medio plazo aumenta la ansiedad porque la decisión sigue ahí, creciendo".
- La tercera es la fatiga de decisión. "Ya venimos agotados de mil micro decisiones diarias". Cuando llega una elección importante, el cerebro está saturado y el bloqueo aparece justo cuando más claridad necesitaríamos.
Cómo el miedo afecta en la toma de decisiones
Claro que, precisamente el renunciar a una opción es un fenómeno que viene dado por otro gran enemigo de la toma de decisiones: el miedo. Tanto es así, que la psicóloga señala que la parálisis suele ser un intento de protegernos. Como ella misma comenta, pensamos: "Si no decido, no me equivoco". Un pensamiento erróneo, ya que quedarse en ese limbo tiene un coste emocional alto.
En estos casos, la decisión se vive como un examen definitivo y el cuerpo responde con ansiedad y temor: "La persona no está dudando entre dos opciones, está dudando entre dos miedos". Cuando el miedo toma el control, "la decisión deja de ser una elección y se convierte en la amenaza".
Por qué tenemos miedo a decidir
Pero detrás de esa incertidumbre y miedo a la renuncia, suelen haber creencias muy arraigadas. Según la profesional, éstas son:
- El perfeccionismo. "Si creo que existe una opción perfecta, entonces cualquier elección que no lo sea parece un error". Y como resume la experta: "el perfeccionismo no motiva: paraliza".
- La anticipación catastrófica. "La mente se va al peor escenario posible y lo vive como si fuera lo más probable". En ese punto, no decidir parece más seguro, aunque no lo sea.
- La identidad. "Mucha gente no teme solo equivocarse: teme lo que el error 'dice' de ellos". El fallo se vive como una amenaza a la autoestima, no como una experiencia corregible. Aquí aparece una idea liberadora.
Pasos para superar la incertidumbre y decidir sin miedo
Aunque es difícil controlar que la incertidumbre aparezca, sí que es posible gestionarla lo mejor posible. Para ello, el primer paso, como explica Montserrat Guerra, es saber que "equivocarse no siempre es un fracaso, de hecho, añadiría que casi nunca". Muchas decisiones no pueden acertarse al 100% porque dependen de factores que no controlamos.
Desde la práctica clínica, el primer paso no es forzarse a decidir. Cambiar esa exigencia reduce la presión de forma inmediata. Para interiorizar este pensamiento, la experta propone decirse a uno mismo la siguiente frase: "Voy a decidir lo mejor que pueda con lo que sé hoy, y luego ajustaré". Y, es que tal y como señala, "la vida no premia la certeza, premia la capacidad de ajustar".
Si bien estas dos gestiones pudieran parecer demasiado teóricas (pero son relevantes para superar la incertidumbre de la mejor manera posible), también existen estrategias prácticas que llevar a cabo. Según la psicóloga, podemos:
- Bajar el listón de certeza: "Buscar una decisión 'suficientemente buena'". En decisiones importantes, recuerda, "siempre hay un porcentaje de niebla".
- Pasar del pensar al probar. "Convertir la decisión en un experimento pequeño". No decidir para siempre, sino dar un paso reversible.
- Distinguir miedo de intuición. "La intuición suele ser calma y clara; mientras que la ansiedad es urgente y ruidosa". Confundirlas es una de las causas más comunes del bloqueo.
- Revisar el estado personal. "A veces no es que no sepas decidir; es que estás decidiendo desde el agotamiento". Energía, descanso y apoyo influyen más de lo que creemos.
- Reducir el ruido externo también ayuda. "Cuando consultas a demasiadas personas, aumentas la confusión". No se trata de no escuchar, sino de elegir bien a quién.
¿Cuántas veces has dejado pasar una oportunidad por miedo a lo que podría salir mal? Quizá no aceptaste un trabajo, no iniciaste una relación o no diste un paso que te apetecía por consecuencias que ni siquiera sabías si iban a ocurrir. En esos momentos, la mente no se queda en el presente: se adelanta, imagina escenarios negativos y te convence de que no decidir es más seguro que arriesgar. El problema es que esas consecuencias temidas rara vez se comprueban, pero la renuncia sí se hace real. Y entonces, muchas veces ya no suele haber posibilidad de dar un paso atrás.
Escucharte, aprender y avanzar ya es, en sí mismo, ir por buen camino. Porque, como concluye la psicóloga, "decidir no es acertar siempre, es aprender a corregir". Y añade una idea clave: "no necesitas tenerlo todo claro para empezar".












