Si has pasado de los 50 —o incluso si rondas ya los 40 largos— y empiezas a notar que tu cuerpo no reacciona igual que antes, es muy probable que esta duda te ronde la cabeza: ¿por qué engordo ahora si hago lo mismo de siempre? Comes parecido, te mueves igual y, aun así, la ropa empieza a quedar más justa. Desde la Clínica Mayo explican que este cambio es muy habitual a partir de estas edades. Eso sí, no ocurre de repente ni de un año para otro, sino que el aumento de peso suele ser progresivo, hasta que un día te das cuenta de que tu cuerpo ha cambiado y que te resulta más complicado deshacerte del peso que has ganado.
El aumento de peso empieza antes de los 50
Uno de los grandes errores cuando hablamos de aumento de peso con la edad y peso es pensar que todo comienza con la última regla. Según explica la endocrinóloga Dra. Daniela Hurtado Andrade, los cambios que favorecen el aumento de peso arrancan mucho antes, incluso alrededor de los 30 años.
A partir de esa edad, la masa muscular empieza a disminuir de forma progresiva como parte del envejecimiento natural. Puede parecer un cambio pequeño, casi imperceptible, pero tiene consecuencias importantes. El músculo es el tejido que más energía consume, incluso cuando estás en reposo. Cuando se pierde, el metabolismo se vuelve más lento y el cuerpo necesita menos calorías para funcionar.
Así, aunque mantengas los mismos hábitos de siempre, es más fácil que el peso vaya subiendo poco a poco. Cuando llega la perimenopausia y después la menopausia, este proceso se acentúa y se hace más evidente.
Qué papel juegan las hormonas al engordar
Tienen mucho que ver en este aumento de peso. Durante la perimenopausia y la menopausia se produce una bajada progresiva de los estrógenos. Estas hormonas no solo influyen en el ciclo menstrual, también participan en la regulación del metabolismo y en la forma en que el cuerpo distribuye la grasa.
Por eso, muchas mujeres notan que, aunque no engorden mucho en la báscula, la grasa se acumula más en el abdomen y menos en caderas o muslos. Este cambio es habitual y tiene implicaciones para la salud, ya que la grasa abdominal se asocia con un mayor riesgo cardiovascular y metabólico.
Entender que este proceso es biológico ayuda a dejar de luchar contra el cuerpo y empezar a trabajar con él.
Muchas mujeres notan que la grasa se acumula más en el abdomen y menos en caderas o muslos, y no tanto en la báscula. Este cambio tiene implicaciones para la salud puesto que la grasa abdominal se asocia a un mayor riesgo cardiovascular
La vida moderna también tiene mucho que ver
Pero no culpemos solo al envejecimiento natural de este aumento de peso. Nuestros hábitos y costumbres también influyen. Tal como señala la experta de la Clínica Mayo, el estilo de vida actual favorece el aumento de peso, especialmente en esta etapa vital. Vivimos rodeadas de alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares y grasas, fáciles de consumir y difíciles de regular.
Además, nos movemos menos que nunca. Ascensores, coche para trayectos cortos, jornadas laborales sentadas frente al ordenador y poco tiempo real para la actividad física forman parte del día a día de muchas mujeres. A esto se suma la dificultad para desconectar del móvil y del trabajo, lo que prolonga el sedentarismo y afecta también al descanso.
Todo esto ocurre justo cuando el metabolismo ya no es tan eficiente como antes.
Empieza a controlar el peso antes de la quinta década de la vida
Uno de los mensajes clave de este prestigioso centro es que no conviene esperar a que el aumento de peso sea evidente. Ser consciente de que los cambios empiezan antes ayuda a adoptar hábitos saludables con antelación.
Mantener una alimentación equilibrada y realizar al menos 150 minutos de actividad física a la semana es un buen comienzo para controlar el peso corporal. Ten en cuenta que no tienes que matarte en el gimnasio ni llevar dietas estrictas para no engordar en esta etapa de tu vida. Lo ideal es que incorpores estos cambios saludables en tu rutina diaria sin que suponga un gran esfuerzo. De lo contrario, pronto dejarás de cuidarte correctamente. Un truco: lleva un registro de lo que comes, ya que puede servir para tomar conciencia de cuánto necesitas realmente para sentirte saciada y evitar comer de más casi sin darte cuenta.
La importancia de la proteína y el ejercicio de fuerza
Para frenar la pérdida de masa muscular asociada al paso del tiempo, la alimentación debe aportar suficientes proteínas. Algo que se vuelve indispensable a partir de los 40.
A esto se suma el ejercicio de fuerza, que muchas mujeres siguen evitando por miedo a “ponerse grandes”. Nada más lejos de la realidad. Entrenar la fuerza ayuda a conservar músculo, mantiene el metabolismo más activo y mejora la salud ósea, algo especialmente importante en la menopausia. Combinado con algo de ejercicio cardiovascular o intervalos adaptados, el beneficio es mayor.
Esto cobra especial relevancia cuando se intenta perder peso. Muchas mujeres adelgazan al principio y luego se estancan. Una de las razones es la pérdida de masa muscular durante el proceso, lo que ralentiza todavía más el metabolismo.
Después de un tiempo de restricción calórica, el cerebro activa mecanismos que aumentan el hambre y reducen el gasto energético y eso hace que sea necesario recurrir a fármacos o procedimientos específicos
Tu cuerpo sabotea tu intento de perder peso
Otro punto importante que destaca la Clínica Mayo es que, para muchas personas, el estilo de vida saludable tiene un límite. El cuerpo está programado para sobrevivir, no para adelgazar. Desde el punto de vista biológico, perder peso se interpreta como una amenaza.
Por eso, tras un tiempo de restricción calórica, el cerebro activa mecanismos que aumentan el hambre y reducen el gasto energético. Algunas mujeres consiguen perder peso solo con dieta y ejercicio, pero para muchas otras no es suficiente, por mucho esfuerzo que hagan.
En esos casos, puede ser necesario recurrir a otras herramientas médicas, como determinados fármacos o procedimientos específicos, siempre habiéndolo consultado con un médico.






