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Test de personalidad para saber si sabes trabajar en equipo

Trabajar en equipo aporta muchos beneficios a nivel laboral y personal, puesto que además de contribuir a mejorar la productividad, añade habilidades de comunicación, respeto, empatía y flexibilidad. 

por Nuria Safont

Hay personas a las que se les da muy bien trabajar en equipo, disfrutan de ello y se enriquecen compartiendo sus conocimientos con sus compañeros y repartiendo tareas. Otras son más individualistas y trabajar en compañía les puede resultar, incluso, agobiante. No son capaces de compartir sus ideas o  de sentarse con sus colegas de trabajo a dialogar. Es más, pueden elegir profesiones que no impliquen intractuar con otros. ¿De qué depende? Antes, puedes realizar este test de personalidad para que puedas hacerte una idea de si sabes trabajar en equipo. 

Test de personalidad para saber si sabes trabajar en equipo 

Puede ocurrir que pensemos que somos buenos colaborando con nuestros compañeros. Sin embargo, podemos estar equivocados o nuestro nivel de implicación no es el apropiado, como pensamos. Y es que no basta con 'querer' trabajar en equipo, necesitamos saber cómo hacerlo. Responder a estas preguntas puede ayudarte a tener una idea de cómo trabajas. 

 
 

¿Que qué depende la capacidad para trabajar en equipo?

De muchos aspectos, afirma Rafael San Román, psicólogo de iFeel. Por ejemplo, no ser capaz de trabajar en equipo puede deberse a una "falta de habilidades personales: no sé comunicarme bien, soy una persona poco asertiva (bien porque soy demasiado tímida o inhibida) o bien porque intento imponer siempre mi punto de vista sin contar con las consecuencias que eso puede tener para los demás y para el equipo". 

También hay una cuestión de intereses: si percibo que cooperar con otros lastrará mi progreso personal haré nada, o lo mínimo, por coordinarme y ayudar a otros. Sin embargo, si tengo la percepción de que necesito a otros, o bien que los otros no son una amenaza para mi lucimiento sino que lo potencian, entonces me orientaré más a la cooperación que al individualismo.

No hay que olvidar el entorno laboral, que también influye, así como las "estructuras, procesos y cultura empresarial donde se encuentran los equipos. Hay empresas en las que se prioriza la competitividad y el examen al rendimiento individual y otras en las que se valora el éxito colectivo y no se cultivan tanto los egos", apunta el especialista en psicología. Por otro lado, hay tareas que de por sí requieren cooperación y otras en las que es una opción, eso permite ver qué carismas se ponen encima de la mesa.

En definitiva, continúa Rafael San Román, "siempre hay que buscar las causas en una interacción entre el individuo, el grupo y la estructura (empresa) donde ambos se inscriben".

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Trabajar en equipo como rasgo de personalidad o se aprende 

No son excluyentes desde el punto de vista psicológico. "Hay características que pasan a formar parte de nuestra personalidad porque se han aprendido, se han observado fuera e interiorizado de manera consciente o inconsciente", señala. Otra cosa es que eso suceda a un nivel tan profundo, y además temprano en nuestra maduración, que pasen a formar parte indiferenciable de lo que “somos” y da la impresión de que somos así, de que forma parte de nuestra identidad, de nuestra manera de ser, "pero es importante observar cómo muchas cosas que identificamos como propias de nuestra manera de ser las hemos aprendido por el camino".

Algunas de ellas se pueden desaprender, o modificar. Por ejemplo, puedo ser una persona individualista pero moldeo esa característica para adaptarme a un entorno en el que se tiende hacia lo cooperativo. O puedo ser una persona con facilidad para la cooperación pero debo aprender a ser más independiente. Otra cosa es que siempre tengamos una cierta inercia hacia lo cooperativo o lo individualista.

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¿Cuáles son los rasgos de las personas que trabajan bien en equipo?

  • Buenos comunicadores, no solo a la hora de hablar o expresarse, sino también a la hora de escuchar y entender los postulados de los compañeros.
  • No ven en el equipo una amenaza, sino un recurso o una ventaja.
  • Se orientan a la consecución de la tarea (trabajar en equipo para resolverla es el medio, no el fin), en lugar de orientarse a quién consigue resolverla mejor (lo que las colocaría centradas en su ego).
  • Disfrutan compartiendo y aprendiendo de otros o, al menos, no viven la participación de otros en sus proyectos como una molestia.
  • Son flexibles, lo que les permite adaptarse a estilos o métodos de actuación que quizá no son los que ellos consideran idóneos, pero no les importa renunciar porque lo que importa es la participación de todos, no la imposición de su propio punto de vista individual.

¿Y las que son demasiado individualistas?

  • Están más preocupados por cómo desde fuera se examinará su rendimiento y su actuación. Consideran que el grupo puede ser un lastre.
  • Sensación de autonomía más pronunciada que los muy cooperativos. Ojo, esto no tiene por qué ser malo, simplemente es que está más pronunciada.
  • Encuentran más fácil y agradable ir por libre que tener que coordinarse con otros. Perfectamente respetable y bueno… siempre y cuando no les toque trabajar en grupo.
  • Perfeccionismo. Mezclado con lo anterior, puede dar lugar a la clásica creencia de “si quieres algo bien hecho, tienes que hacerlo tú mismo”. Esto no contribuye a un buen desempeño en el contexto de una tarea grupal.
  • Más impacientes que los que se manejan bien en grupo. Si voy por libre no tengo que adaptarme a los ritmos de otros, aunque sean buenos trabajadores. Yo decido todo y eso lo vuelve todo más ágil.

Consejos para mejorar nuestra capacidad para trabajar en equipo

Todo se puede aprender, como afirma Rafael San Román, y podemos trabajar en nuestras capacidades para adaptarnos a un trabajo en equipo, algo que, sin duda, redundará también a nivel personal. ¿Cómo hacerlo?

Aumentando nuestra capacidad de escucha, observación y análisis de los otros, en lugar de centrarnos en valorar positivamente solo nuestro propio estilo de hacer las cosas.

Cultivando un sentido de sana autocrítica, de apertura a rebajar un poco las expectativas sobre el resultado por sí mismo y encontrar utilidad en el proceso de trabajo en grupo, no solo en los indicadores fríos del rendimiento.

Dándonos cuenta de nuestras propias rigideces, prisas, impaciencias o, incluso, menosprecio hacia las capacidades de otros.

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