Enfermedades de la piel que mejoran con la llegada del calor

La dermatitis atópica o la psoriasis pueden mejorar con el calor, aunque el exceso de sudoración puede agravarlas. Usar ropa adecuada, así como darse baños de sol controlados disminuyen las lesiones

Dr. Eduardo Junco


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Aunque parece que este fin de semana las altas temperaturas nos darán una tregua, el verano ya está a la vuelta de la esquina y, con él, el calor. Probablemente, más de uno ya se ha escapado a la playa el fin de semana y, debido a que las temperaturas no son tan sofocantes como en la estación veraniega, posiblemente se haya descuidado la crema solar. En este sentido, no hay que olvidar que es importante proteger la piel en todo momento, sobre todo, en las primeras exposiciones, y prestar especial atención a todas aquellas alteraciones de la piel que pueden agravarse con el sudor, la radiación solar, o el agua del mar y las piscinas. El doctor Eduardo Junco, colaborador de ¡HOLA! nos habla de qué precauciones debemos tomar, así como de algunos beneficios del sol en determinadas enfermedades dermatológicas.

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¿Por qué debemos proteger nuestra piel del sol?

Debido a los cambios producidos en la atmósfera en las últimas décadas, con la disminución protectora de la capa de ozono, las radiaciones solares, que en épocas pretéritas siempre fueron consideradas como beneficiosas para la salud, en la actualidad son consideradas como muy nocivas para la piel sana y, en general, para la mayoría de las dermatitis, dermatosis y muchas otras enfermedades localizadas en la piel.

Sin embargo, existen dos patologías dérmicas muy frecuentes que pueden beneficiarse de la acción de las radiaciones solares en verano: la dermatitis atópica y la psoriasis. Ambas evolucionan de forma positiva ante las radiaciones solares, mejoran sus síntomas y, ya sea por la acción directa de las radiaciones solares o por el cambio de clima y lugar de residencia, las lesiones de eczema y descamación, cuando llega el verano, mejoran, disminuyen y/o desaparecen. Si bien deben darse algunas condiciones. 

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Dermatitis atópica

Es la dermatitis más frecuente y se incluye como un síntoma más de la condición de atopía, que reúne otras manifestaciones alérgicas que afectan, sobre todo, a los niños. De evolución crónica, la dermatitis atópica se presenta en forma de brotes recurrentes y se manifiesta por sequedad de piel, picor y lesiones dérmicas de variable morfología. Se localiza sobre todo en los pliegues cutáneos y estas lesiones se convierten en eczema con frecuencia.

Esta dermatitis se ve muy afectada por el clima, pues está comprobado que sus síntomas empeoran en los continentales secos y fríos y mejoran en los marinos, cálidos y húmedos.

En cambio, los efectos de la radiación ultravioleta de las radiaciones solares sobre la dermatitis atópica son beneficiosos, pues inhiben la inflamación celular y estimulan el sistema inmune.

Sin embargo, es importante mantener el tratamiento de base de la dermatitis, así como evitar la sudoración excesiva y utilizar protectores y filtros adecuados a la piel atópica.

Y es que, las altas temperaturas y la humedad dan lugar a un exceso de sudoración que afecta más a los pliegues cutáneos y, en el caso de los bebés, al área del pañal. El ambiente fresco, la ropa ligera de algodón y sin fibras sintéticas, el aire acondicionado, la humedad y la higiene adecuada evitarán esta situación.

El uso de filtros protectores adecuados que bloqueen las radiaciones UVA y UVB, hidratantes y diseñados específicamente para las pieles atópicas deben ser utilizados al comienzo y durante la exposición solar.

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Psoriasis

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria de la piel de origen autoinmune. Las lesiones escamosas que se producen se localizan sobre todo en codos, rodillas y cuero cabelludo. Al igual que en la atopía esta enfermedad mejora sus síntomas en ambientes cálidos y húmedos y un alto porcentaje de pacientes ven que sus lesiones mejoran por la acción de las radiaciones solares.

En las horas extremas del día, por la mañana muy temprano o a última hora de la tarde, y siempre que lo permita el tratamiento base, se puede exponer al sol y sin protección, durante una hora y media. El resto de piel normal no afectada debe estar protegida con filtros adecuados e hidratantes de fotoprotección.

Se aconseja que los baños marinos sean prolongados, de 15 a 20 minutos, y aplicar tras el secado de las lesiones una crema hidratante y emoliente.

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