Beber agua en invierno es tan importante como en verano

Beber agua en invierno es tan importante como en verano

Si en invierno frenas tu consumo de agua debes tener en cuenta que tu organismo necesita la misma cantidad de líquidos que en verano, porque aunque los procesos son distintos, el uso que hace tu cuerpo del agua es el mismo.

por Cristina Soria

Nuestro cuerpo necesita hidratación de la misma manera en invierno y en verano. La diferencia de temperatura de ambas estaciones nos hace pensar que en invierno podríamos pasar sin beber tanto como en verano, sin embargo esto es un error. Nuestro organismo está demandando agua de forma contínua, haga frío o calor, y aunque en verano sudamos más y el calor puede producir mayor deshidratación, la cantidad de agua que debemos ingerir en invierno no dista mucho.

Es muy probable que nuestro organismo no pueda identificar con claridad en qué estación está cuando permanecemos horas de invierno al calor de fuertes calefacciones. Es posible que reconozcas fácilmente la sensación de estar en pleno invierno en casa, un centro comercial o el trabajo, y necesitar despojarte de toda la ropa porque la calefacción está al máximo. ¿Sigues pensando que la hidratación no toma cartas en el asunto?

Dolores de cabeza y musculares, fatiga, calambres y cambios de humor. A veces estos síntomas los achacamos al “golpe de calor” de los lugares con fuerte calefacción en invierno, sin embargo esos mismos síntomas son los que presentan los cuadros de deshidratación. Puedes apreciarlo fácilmente si además percibes que tienes los labios, ojos y piel secos.

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Frío en el cuerpo y noches de visita al aseo

Cuando nuestro cuerpo experimenta las bajas temperaturas propias del invierno inicia un mecanismo de acopio de líquidos en la zona central del organismo como medida calefactora. Esto se produce estrechando los vasos sanguíneos de las zonas más periféricas de nuestro cuerpo y ensanchando la de la zona abdominal. La consecuencia de esta medida calefactora es un intenso deseo de expulsar líquidos mediante la orina.

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Esto ocurre especialmente durante la noche, cuando el cuerpo es más consciente del frío al permanecer inmóvil y cuando probablemente no tenemos la calefacción tan alta como de día. Esta es la explicación a por qué cuando llega el frío nos despertamos varias veces en la noche para ir al aseo. No es que hayamos dejado de sudar por la noche, es que el cuerpo percibe el frío y utiliza los líquidos del cuerpo para calentarse, pero estos a su vez producen la necesidad de ser expulsados como orina.

Para qué sirve la hidratación

A diferencia del verano, en invierno pueden apetecernos más las bebidas calientes, que hidratan igual. Una infusión o un caldito resultan igualmente útiles a la hora de reponer líquidos, y además si están calientes y mantenemos un nivel de calefacción moderado podemos sentirnos el placer del contraste de temperatura.

Aportar líquidos a nuestro organismo no solo sirve para reponer los que perdemos. La reposición continua de agua aporta beneficios indispensables para el buen funcionamiento del cuerpo, y el principal de ellos es depurar toxinas: cuando estas son filtradas por el sistema renal, la urea y la creatinina se eliminan por la orina.

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Además, al agua es un poderoso saciante, por eso se recomienda beber un mínimo de litro y medio diario en la mayoría de las dietas. Ingiriendo agua estamos aplacando el apetito y no aportamos calorías. Pero conviene ser responsables con las cantidades porque, aunque es beneficiosa, en exceso puede resultar contraproducente, y si saturamos nuestra necesidad de agua podemos incurrir en una retención de líquidos.

Cuando estamos correctamente hidratados tenemos menos posibilidad de sufrir estreñimiento, porque el agua mantiene las heces del intestino en un estado semiblando que facilita su desplazamiento por el colon. Cuando el bolo fecal está deshidratado, las contracciones del intestino deben ser más enérgicas y esto produce estreñimiento. 

Bebiendo agua en cualquier época del año también estamos ayudando a regenerar las células de la dermis. El 70% de nuestra piel es agua, y su contínua reposición favorece su elasticidad y regeneración. Si mantienes un nivel de ingesta de agua estable y suficiente a lo largo del año, es muy probable que las arrugas tarden en hacer acto de presencia en tu piel.

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