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Día Mundial de la Salud Mental

Entrevista a Edurne Pasaban sobre la depresión: 'Nos puede pasar a cualquiera'

“Cuando la sufres parece que no te duele nada, pero te duele lo más hondo, lo que controla el resto de tu cuerpo”, recuerda Edurne Pasaban, la alpinista guipuzcoana que, en 2006, sufrió una depresión que la mantuvo ingresada.

por Nuria Safont

Edurne Pasaban. Alpinista guipuzcoana de 45 años. A sus espaldas, la primera mujer española en subir 14 ochomiles. Fuerte, decidida, valiente y también frágil. Un ser humano. A pesar de sus hazañas en las montañas más altas del mundo, en 2016 sufrió una depresión que la mantuvo varios meses ingresada en un hospital psiquiátrico. Prueba de que esta enfermedad puede afectar a cualquiera. Hoy habla de su experiencia y participa en iniciativas como Taxi RethinkDepression, organizada por Lundbeck, en el marco de la campaña RethinkDepression y que pretende acabar con el desconocimiento social sobre los síntomas, pronóstico, tratamiento y vida con depresión. Hablamos con Edurne con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra hoy 10 de octubre, para que nos ayude a comprender esta patología y que nos oriente sobre qué debemos hacer cuando alguien de nuestro entorno, o nosotros mismos, la sufrimos. 

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¿Cómo viviste tu depresión?

Me ocurrió en una etapa muy activa de mi vida en la que estaba subiendo muchas montañas. En ese periodo, empecé a cuestionarme aspectos muy trascendentales como ‘qué estoy haciendo con mi vida’. Tenía 31 años y llevaba una vida muy distinta a la de mis amigas, la mayoría ya con hijos. A raíz de todas estas preguntas que me hacía empecé a caer en un pozo y esto me condujo a una depresión, a pesar de que mi entorno no podía comprender que pudiera estar mal cuando, para ellos, lo tenía todo.

¿Intuiste que la sufrías?

Algo me pasaba, pero no sabía qué. De repente, todo carecía de interés. Pasé de escalar ochomiles a estar en la cama. La tristeza es uno de los síntomas de la depresión. Pero tampoco dormía bien, tenía ansiedad, presión en el pecho, malestar y sufría. Aquello, en principio, no podía relacionarlo con un problema grave. Era una situación totalmente desconocida para mí. A mí entorno empezaron a saltarle las alarmas.

¿Y qué hicieron?

Cuando sospecharon que podía estar deprimida hicieron lo normal, lo que intenta hacer cualquiera que desconoce esta enfermedad: decirme frases como ‘anímate’, ‘lo tienes todo en la vida’, etc. No me servía para nada. Cuando tienes esta enfermedad, ni siquiera oyes lo que te dicen. Algunos amigos me llevaban a la montaña. Pero eso no curaba lo que tenía dentro. Finalmente, un amigo médico de la familia decidió que debía ingresar en un centro. Cuatro días estaba escalando montañas, pasando situaciones difíciles, en hielo, con crampones, piolets... Y, de repente, estaba ingresada. ¿Cómo podía estar en un hospital haciendo punto de cruz? Pensé: “tengo que ponerme en manos de estos especialistas y hacerles caso”.

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Pensamos que la depresión ‘es de débiles’ pero cualquiera puede sufrirla...

Sí. Es una depresión que cualquiera puede sufrir, en cualquier momento de su vida. Seas quien seas y hagas lo que hagas. Es una enfermedad que puede surgir. A cualquiera nos puede tocar. Y todos conocemos a alguien que está sufriendo algo parecido, más grave o menos. Pero ¿cuál es ese límite? ¿Dónde está la frontera entre lo leve y lo grave? ¿Cómo saber si esa persona que está deprimida se puede quitar la vida? Hay mucho desconocimiento en torno a la enfermedad mental y a la depresión en concreto. Ni siquiera mis padres podían entenderlo. Sabemos tan poco que no podemos actuar si lo desconocemos. Por eso, campañas como esta o nuestro testimonio pueden dar visibilidad y contribuir a detectarla y mejorar la vida de los que la sufren.

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Se dice que es una de las enfermedades más estigmatizadas. ¿Tú te sentiste así?

Cuando alguien sufre depresión parece que no le duela nada. Pero en realidad te duele lo más hondo, lo de más adentro y lo que controla el resto de tu cuerpo. A mi padre le costó entender que su hija, que escalaba montañas, tuviera una depresión. Y he escuchado tantas veces por parte de otros ‘cómo puedes estar así’… no comprenden que la depresión es una enfermedad. Algo falla en tu interior. Algo no funciona correctamente. Tu cabeza no está bien ordenada. Y puedes necesitar una pastilla para que se ordene. Igual que un diabético necesita su medicación. Pero mis padres me apoyaron. Me llevaron al hospital, aunque con reservas. Mi hermano, por ejemplo, decía que cómo habían podido dejarme ahí encerrada con otros locos.

¿Y has llegado a comprender la enfermedad?

Uffff… es una pregunta muy complicada. No sé si he llegado a comprender la enfermedad, pero sí a las personas que la padecen. Cuando no se comprende se suele decir ‘venga, es una tontería, ya pasará’. Pero cuando sabes el sufrimiento que acarrea te pones en la piel de quien la padece. A raíz de haber contado mi experiencia, muchas personas se me acercan a pedir consejo.

¿Qué les dices?

Cada uno somos un mundo y me cuesta dar consejos. Puedo narrar mi experiencia, eso sí. Aunque lo que siempre digo es que se pongan en manos de especialistas. Que esto es una enfermedad y así debe verse, hay que ser consciente de ello. Creo en la medicina, en el tratamiento, en la terapia, en los fármacos. Y hay que querer curarse. No hay que temer a medicarse si es necesario si eso va a ayudar a gestionar lo que tienes en la cabeza. No hay que tener vergüenza. Hay que hablar de ello, buscar un médico, pedir que te acompañen. Esto tiene cura, para curarse hay que tratarse y hay que aceptarlo. ¿No se actúa así cuando se diagnostica un cáncer? Hay que tomarse esto en serio. Mueren muchos jóvenes por suicidio. Y la tasa de suicidio supera a la de accidentes de tráfico.

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¿Y qué debe hacer el entorno?

Apoyar. Y es mejor hacerlo con gestos. Por ejemplo, acompañar a la persona al monte, al parque, a hacer actividades. Pero no dar consejos de esos de ‘ya pasará, anímate’ porque no ayuda. Hay que ponerse en la piel del otro y estar ahí, hacérselo ver.

A ti te ayudó mucho el ejercicio 

Sí. Cuando haces una actividad física segregas endorfinas, serotonina, y esto es precisamente lo que falla cuando una persona tiene depresión. Por tanto, hay que tratar de mantenerse activo, andar, nadar, lo que más guste. Forma parte del tratamiento. El ejercicio es un tratamiento en sí mismo.

En tu opinión, ¿crees que se puede prevenir la depresión?

Creo que se puede prevenir la depresión mayor, es decir, que vaya a más, que se cronifique, que no se pueda curar. Todos podemos sufrirla, por algo de dentro o porque sufrimos una pérdida, por ejemplo. Pero podemos curarnos. Y para ello debe haber aceptación. En el momento en el que uno acepta, reconoce y habla abiertamente de que esa pastilla que toma es un antidepresivo y es para curarse, en ese instante ya estamos haciendo prevención.

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