María Fernández-Rubíes nos abre las puertas de su nueva casa y nos presenta a su hijo, Nicolás

La ‘influencer’ nos recibe junto a su bebé de cinco meses y nos habla de la maternidad, los momentos difíciles que ha atravesado, su historia de amor y sus primeros pasos en las redes

María Fernández Rubíes

Acompañada por su pequeño Nicolás, María Fernández-Rubíes nos ha recibido en su nueva casa de Madrid. Aún con varias cosas por terminar de colocar, confiesa que su mudanza ha sido una locura, pero, aun así, ella nunca pierde la sonrisa, podríamos decir que es una de sus señas de identidad. Muy ilusionada, nos va enseñando cada habitación de la nueva casa, que llenará de vivencias y nuevos recuerdos junto a su marido, Manuel Losada, y su hijo, que acaba de cumplir cinco meses, quien nos mira risueño y con mucha curiosidad mientras hacemos las fotos de este reportaje.

“La experiencia de ser madre está siendo maravillosa, superando cualquier expectativa. Nicolás es lo más bonito que me ha pasado”
María Fernández Rubíes©Rosa Copado
“La mudanza con un bebé ha sido complicada, no voy a mentir. Todavía tenemos una de las habitaciones hasta arriba de cajas”, nos cuenta María, que posa con Nicolás.

María es, desde hace años, una de las mujeres más seguidas en las redes sociales de nuestro país, un mundo en el que entró casi por casualidad y, curiosamente, en su círculo de amigos también están otros importantes influencers, como María Pombo. Acostumbrada a estar delante del objetivo, con ella todo es muy fácil y recorremos a su lado la casa, mientras nos cuenta cómo es su nueva vida como madre, cómo comenzó su historia de amor con Manu y cuáles fueron sus primeros pasos hasta convertirse ‘por casualidad’ —como nos explica— en una de las reinas de las redes. Una casualidad que, a día de hoy, se ha convertido en su pasión y su modo de vida.

“Ser ‘influencer’ llegó por casualidad. Acababa de licenciarme en ADE bilingüe y estudiaba un máster en Milán. Empezó como un ‘hobby’”
María Fernández Rubíes©Rosa Copado
La ‘influencer’, en el salón de su casa, decorado en tonos claros.

—María, te acabas de mudar a esta casa con un bebé de cinco meses, ¿cómo ha sido la experiencia?

—Complicada, no te voy a mentir… Sobre todo, porque nos hemos mudado sin que la casa estuviese cien por cien terminada, con lo que ha habido bastante follón: mucho obrero entrando y saliendo, mucha caja que desembalar, mucho que ordenar, bastante ruido… Y, a todo eso, añádele la adaptación de Nicolás a su nueva casa, que se resume en muchas noches sin dormir.

“De la casa nos enamoró su luz. Además, hemos hecho una reforma integral, literalmente la hemos tirado abajo”

—¿Te quedan todavía muchas cosas por desembalar?

—Lo más importante, sí, pero todavía tenemos una de las habitaciones, que, a corto plazo será de invitados, hasta arriba de cajas. A ver si de este fin de semana no pasa, ya que queremos bautizar a Nicolás pronto y me gustaría que mi hermana, mi cuñado y mi sobrino Gonzalo se pudiesen quedar a dormir y la estrenaran.

—¿Qué es lo que os enamoró de la casa?

—La luz, sin duda alguna. Todas las estancias tienen luz natural y eso me encanta, me hace feliz. De hecho, le consultamos a una amiga de Manu arquitecta por la situación geográfica de la casa antes de comprarla, para cerciorarnos de que tenía una buena luz. Y es que es tan importante en mi trabajo a la hora de hacer fotos que, para mí, era vital. Por otra parte, todas las posibilidades que tenía, que eran infinitas.

María Fernández Rubíes©Rosa Copado
El salón tiene un original mueble para la televisión suspendido del techo.

—¿Habéis hecho reforma?

—Sí, hemos hecho una reforma integral, literalmente la hemos tirado abajo.

—¿Os habéis encargado de lo referente al interiorismo?

—El proyecto de interiorismo y decoración lo ha realizado el estudio de Paty Pombo. Desde el primer momento, supo captar lo que queríamos y que la casa reflejase perfectamente cómo somos Manu y yo. La luz, los espacios abiertos, el juego de materiales en su estado más puro y las curvas que invaden la casa toman fuerza creando un espacio fresco, acogedor y elegante.

—¿Refleja vuestra personalidad?

—Mucho. Hay una parte muy importante al inicio del proyecto en el que le intentamos transmitir todas las cosas que nos gustaban, cómo queríamos vivir esos espacios y, sobre todo, cómo somos cada uno. Además, a Manu le gusta especialmente el interiorismo, con lo que lo ha disfrutado un montón.

María Fernández Rubíes©Rosa Copado
A la izquierda, las escaleras que llevan a la planta superior de la casa. A la derecha, la mesa del comedor, con sillas ‘vintage’ de bambú, frente a un cuadro geométrico en tonos blanco y rosa.

—¿Has traído aquí algún mueble de tu antigua casa o es todo nuevo?

—Casi todo es nuevo, ya que los que teníamos no encajaban por estilo y por medidas. ¡Pero me gusta tanto la decoración de esta nueva casa! Los ventiladores de madera, tanto en el dormitorio principal como en el salón; el juego de ocho sillas del comedor tan especial, vintage de bambú, de Cae de Cajón; la escalera curva; el cuadro geométrico de Mónica Baquedano, que mezcla diferentes texturas del comedor; las diferentes lámparas; el espejo triple francés del siglo XIX del hall; el papel pintado del aseo de invitados —que me chifla— junto con el aplique de luz; el metacrilato de espárragos con jamón de mi amiga Pilar García-Ferrer de la cocina, que tan buen rollo le da; la isla con forma curva…

“La casa refleja cómo somos Manu (mi marido) y yo. La luz, los espacios abiertos, el juego de materiales y las curvas crean un espacio fresco, acogedor y elegante”

—¿Cuál es tu rincón preferido?

—¡Qué difícil, imposible decirte uno solo! Te podría decir el salón, porque es donde compartes el tiempo con tu familia y amigos y tiene una luz espectacular. La cocina, donde terminas haciendo más vida que en ninguna otra parte. Mi habitación, por ser algo tan personal y por lo acogedora que es. El cuarto de Nicolás, por lo que supone empezar esta nueva etapa con él y por el maravilloso papel pintado a mano ‘Bosque’, de Jimmy Cricket… No sé. ¡De verdad que no podría elegir solo uno!

María Fernández Rubíes©Rosa Copado
María, sentada en la isla de la cocina, desde la que se accede al jardín.

—Te has mudado en un momento de confinamientos perimetrales y muchas restricciones, ¿harás una fiesta de inauguración cuando todo esto pase?

—Cuando todo esto pase, me encantaría, la verdad. Tenemos mucho que celebrar que hemos ido posponiendo, así que ojalá pronto podamos celebrar como Dios manda. Intento mantenerme positiva en ese sentido.

—Háblame de tu nueva vida como madre, ¿era cómo te esperabas?

—Honestamente, los inicios han sido bastante más duros de lo que esperaba, la verdad. Nicolás sufre de ERGE silencioso/oculto (enfermedad por reflujo gastroesofágico) y lo pasamos bastante mal hasta que se lo diagnosticaron y dieron en el clavo con el tratamiento. Han sido tres largos meses de verle sufrir sin saber por qué, muchos pediatras, muchos tratamientos que no conseguían que mejorase… No ha sido hasta hace muy poco cuando me he dado cuenta, al hablar de mi experiencia en alto, de lo mal que lo he pasado. Pero, por lo demás, la experiencia está siendo maravillosa, superando cualquier expectativa. Nicolás es lo más bonito que me ha pasado.

“Los inicios como madre han sido bastante más duros de lo que esperaba. Nicolás sufre de ERGE silencioso/oculto y lo pasamos bastante mal hasta que se lo diagnosticaron y dieron con el tratamiento”

—¿Cuál es el mayor cambio que has notado?

—El tiempo…, ¡que ya no lo tengo! —dice riendo—. Da igual cómo me organice o planifique, que no llego a nada.

María Fernández Rubíes©Rosa Copado
“Han sido tres largos meses de verle sufrir sin saber por qué, muchos pediatras, muchos tratamientos que no conseguían que mejorase…”, cuenta María sobre el problema por reflujo gastroesofágico que ha tenido su hijo, con quien posa en el dormitorio principal de la casa.

—Y tu marido, ¿cómo es como padre?

—Se le cae la baba con él. Nunca le había visto así. ¡Está entregado! Y ahora lo está disfrutando un montón, cada día más, se ríen mucho juntos. Y eso me llena de amor.

—¿Cómo comenzó vuestra historia juntos? ¿Cuántos años lleváis?

—Llevamos juntos ocho años y el veinticuatro de febrero celebramos nuestro tercer aniversario de boda. Parece que fue ayer, es muy fuerte lo rápido que pasa el tiempo. Él es el hermano mayor de Lucía, mi amiga de la infancia, por lo que nos conocemos desde hace años y, antes de ser novios, fuimos amigos. Mi marido me vende que lo tuvo claro desde el principio, desde el día en que me vio… —ríe—.

—Y tú, ¿lo tenías también claro?

—Siempre tuvimos una conexión especial. Nos veíamos y acabábamos hablando horas y horas, daba igual dónde estuviésemos y con quién, era como si estuviésemos solos él y yo. Nos hacía mucha ilusión vernos siempre. Fue una época que recuerdo con mucho cariño.

María Fernández Rubíes©Rosa Copado
María Fernández Rubíes©Rosa Copado
La habitación de Nicolás es uno de sus rincones favoritos y cuenta con un colorido papel pintado con diferentes animales. Abajo, María fotografía a Nicolás, quien mira a su madre ensimismado. Al lado, otro rincón del dormitorio de su bebé

—¿Él a qué se dedica?

—Él es odontólogo, y es el mejor. Y no lo digo porque sea su mujer, quien lo conoce lo sabe. Adora lo que hace, disfruta ayudando y le pone demasiado cariño y ganas a todo. Esas son algunas de las cualidades que me enamoraron de él, además de su dedicación plena y lo perseverante que es.

—Has vivido tu embarazo en plena pandemia, ¿tuviste miedo en algún momento?

—No, la verdad es que no. Intento relativizar siempre y mantener la calma. Creo que es importante, y más en estos momentos que estamos viviendo donde la vida tiene que continuar para que la economía pueda recuperarse lo antes posible.

“Nicolás es un bebé que todo lo vive con mucha intensidad. Si se tiene que reír, se va a reír como el que más, pero, si tiene que llorar, también. ¡No pasa desapercibido!”

—Nicolás llegó después de que perdieras un bebé, ¿eso te dio más inseguridad o estar más preocupada?

—Cuando tuve el aborto, nunca pensé que me fuese a pasar a mí y el disgusto fue muy grande. Sin embargo, esa experiencia no me dio más inseguridad o me hizo estar más preocupada. Al revés, con Nicolás tuve claro desde el principio que todo iría bien, no sé por qué, fue un feeling.

—¿Cómo es Nico? ¿Es un bebé trampa?

—No es un bebé trampa, es un bebé que todo lo que vive lo vive con mucha intensidad. Si se tiene que reír, se va a reír como el que más, pero, si tiene que llorar, también. ¡Es un bebé que no pasa desapercibido, vamos! Es supercurioso, no para quieto y es muy cariñoso.

María Fernández Rubíes©Rosa Copado
La ‘influencer’, en su gran vestidor, que cuenta con varios armarios empotrados, una isla central con varios joyeros y varios estantes para sus incontables pares de zapatos, botas y zapatillas deportivas.

—A ti que te gusta mucho la moda, ¿te has vuelto loca comprando ropa de bebé o te has sabido contener un poco?

—Te diría que me he sabido contener bastante, sobre todo porque crecen tan rápido que es una pena no poder ponerles más veces la ropita que les compras o te regalan, pero lo estoy disfrutando muchísimo. ¡Va mucho más guapo y más arreglado él que yo!

—Has recuperado el tipazo en un abrir y cerrar de ojos, aparte de tu genética, ¿cómo te has cuidado?

—Durante mi embarazo, me cuidé bastante y practiqué mucho deporte gracias a Crys Díaz y a todo su equipazo, que me motivaron y acompañaron casi desde el principio. Después, lanzamos una actividad juntas de posparto e hipopresivos, que cumplí a rajatabla, aun estando muy cansada por todo el tema del reflujo de Nicolás y las noches y noches sin dormir. Y, ahora, acabamos de lanzar una nueva actividad para tonificar, reafirmar y fortalecer, con lo que se podría decir que me lo he currado y me lo estoy currando, aparte de la genética, que por supuesto influye.

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—María, ¿cuándo comenzaste en el mundo influencer? ¿Fue algo que buscaste o llegó por casualidad?

—Llegó por casualidad. Acababa de terminar mi licenciatura en ADE bilingüe y estudiaba un máster en Dirección y Gestión de Empresas de Moda y Lujo en Milán. Y, aunque por aquel entonces ya tenía unos setenta mil seguidores y había participado en un anuncio de televisión, lo seguía viendo como mi hobby. Nunca pensé poder dedicarme al cien por cien a esto, que es lo que más me gusta y con lo que más disfruto. Soy una afortunada.

María Fernández Rubíes©Rosa Copado
Izquierda, el papel pintado del cuarto de baño de invitados. Derecha, el dormitorio de María y su marido, Manuel Losada, en tonos beis y verde.

—Cuando empezaste en esto, ¿qué te dijeron en tu familia?

—A mi madre le dio un poco de miedo por ser algo tan novedoso y que parecía poco seguro. Sin embargo, mi padre, técnico comercial y economista del Estado, me dijo que me arriesgase. Que para tener un trabajo fijo y seguro tenía toda la vida y que era ahora o nunca. Pero los dos me apoyaron. Siempre lo han hecho. E, igualmente, fue algo gradual y progresivo, ya que durante mucho tiempo compaginé Instagram con mi trabajo en Soy Olivia.

“Manu y yo llevamos juntos ocho años y este próximo 24 de febrero celebramos nuestro tercer aniversario de boda… Y parece que fue ayer. Es muy fuerte lo rápido que pasa el tiempo”

—Al final, tu imagen es tu empresa, no has ido desencaminada.

—¡Justo!

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—¿Cuál crees que es la clave de tu éxito?

—Ser yo misma. Hay una frase que me gusta mucho y con la que me siento muy identificada: ‘Nadie es como tú y ese es tu gran poder’. Ser tú mismo es tu gran poder.

—¿Tu trabajo es ahora solo como influencer o haces más cosas?

—Ahora mismo, estoy volcada en ser mami y en mi trabajo como influencer.

—Por último, ¿cómo te planteas el dos mil veintiuno? ¿Tienes pensado frenar un poco el ritmo de trabajo para tener más tiempo para tu bebé?

—Estamos viviendo una época tan incierta que de momento prefiero no hacer muchos planes para dos mil veintiuno y disfrutar de cada día al máximo. Disfrutar de mi bebé, de mi marido y de la nueva casa en la que hemos puesto tanto esfuerzo y cariño.

Portada HOLA 3996©Hola


Texto: Cristina Olivar

Fotos: Rosa Copado

Estilismo: Sofía y Lucía Fernández Roca

Vídeo: Jose A. Carrascoso