El viaje de Estado de los Reyes a Finlandia ha dejado encuentros oficiales, visitas y momentos distendidos, como el de doña Letizia escuchando a un coro escolar en Helsinki. En sus apariciones de día y también en las de noche, su maquillaje de efecto natural invita a detenerse en una cuestión que va más allá de la belleza: ¿por qué una cara que parece poco maquillada puede inspirarnos cercanía? A partir de sus looks allí, hablamos con la psicóloga Alba Raventós sobre cómo interpretamos la apariencia al conocer a alguien.
A veces alguien nos da buena impresión antes incluso de que hayamos hablado con esa persona. Alba Raventós, psicóloga en GEMA Centres Mèdics de Mataró, explica que su aspecto puede influir en esa sensación, aunque por sí solo no nos diga si podemos confiar en ella. "Cuando conocemos a alguien, nuestro cerebro intenta formarse una impresión muy rápido y utiliza toda la información que tiene disponible: la expresión facial, la ropa, la postura, el tono de voz y, por supuesto, la apariencia".
Es justo en ese momento cuando un maquillaje discreto puede convertirse en una señal a la que damos un significado mucho mayor. Porque como percibimos naturalidad, casi sin darnos cuenta, la asociamos con espontaneidad, sinceridad o cercanía. Pero entre lo que vemos y lo que concluimos puede haber un salto.
Por qué asociamos naturalidad y cercanía
"Una imagen que percibimos como más natural puede transmitir espontaneidad o cercanía y, a partir de ahí, podemos hacer una asociación casi automática: 'parece natural, por tanto debe ser más auténtica'", señala Raventós. Nos ha pasado a todos. Alguien nos parece accesible y sentimos que podríamos hablar con esa persona con comodidad, incluso antes de haber intercambiado unas palabras.
La psicóloga sitúa detrás de esta reacción una asociación cultural entre naturalidad y autenticidad. Una apariencia que interpretamos como poco artificial puede hacernos sentir que estamos viendo a la persona tal como es. Sin embargo, parecer natural tampoco significa mostrarse sin preparación.
"Una apariencia muy natural también puede estar perfectamente pensada, cuidada y construida. Un maquillaje discreto puede requerir mucho trabajo", recuerda. Es una de las paradojas del maquillaje de efecto natural: puede implicar varios pasos y productos, aunque apenas los identifiquemos al mirar el rostro. "Lo importante no es tanto cuánto maquillaje lleva realmente alguien, sino cuánto maquillaje creemos que lleva y qué significado le damos a esa imagen", resume la experta.
En los looks de día de Letizia en Finlandia, los labios rosados, la piel luminosa y las pestañas definidas muestran cómo el maquillaje puede realzar los rasgos y mantener un acabado natural.
Un maquillaje más elaborado también puede transmitir confianza
¿Significa esto que una imagen más marcada genera desconfianza? Raventós explica que no existe una regla universal de "menos maquillaje, más confianza". En determinadas situaciones, un maquillaje elaborado puede transmitir cuidado, seguridad, sofisticación o profesionalidad. "Una misma imagen puede parecernos muy profesional en un acto formal y producir una impresión distinta en una situación cotidiana", apunta. La valoración depende de la ocasión, de nuestras expectativas y de los estilos con los que nos sentimos más familiarizados.
El viaje de los Reyes también nos ha dejado una versión más sofisticada del maquillaje de Letizia. En el banquete de Helsinki, la Reina acompañó su vestido de terciopelo negro con unos ojos más marcados y unos labios de tono más intenso, en armonía con el look de gala.
También interviene la afinidad. Un aspecto que encaja con nuestros gustos puede hacernos sentir más próximos a alguien; otra persona, con experiencias distintas, podría interpretar esa misma imagen de otra manera. "La primera impresión no habla solo de la persona que tenemos delante, sino también de quien la está observando", señala la psicóloga.
El efecto halo: cuando una buena impresión se extiende a todo lo demás
Alguien nos cae bien de entrada y ya pensamos que será amable, que nos entenderá o que podremos confiar en esa persona. Apenas la conocemos, pero esa buena impresión nos lleva a dar por hechas otras cualidades. Raventós explica que esto se conoce como efecto halo: "Cuando una característica de una persona nos genera una impresión positiva, esa valoración puede extenderse a otras cualidades que en realidad todavía no conocemos. Es decir, a veces vemos una parte y nuestro cerebro completa el resto".
Un rostro que interpretamos como natural puede ser ese primer indicio favorable. También pueden serlo una sonrisa, una forma de vestir o un tono de voz. A partir de esa señal, construimos una idea más amplia de quien tenemos delante. El proceso puede pasar inadvertido. "Normalmente no pensamos 'su apariencia me está haciendo confiar más'. Simplemente sentimos que esa persona 'nos da buena impresión' y tendemos a atribuir esa sensación a su personalidad", explica.
La primera impresión es solo el principio
La primera impresión es solo el comienzo. Al conversar y compartir experiencias con alguien, vamos conociendo aspectos que su apariencia por sí sola no permite descubrir. "Una primera impresión puede orientarnos, pero no deja de ser una hipótesis", recuerda Raventós. Tenerlo presente ayuda a entender por qué conectamos enseguida con algunas personas y cómo esa percepción se enriquece al conocerlas mejor.










