La duda eterna del invierno, resuelta por un experto: ¿Es mejor encender y apagar la calefacción o dejarla encendida al mínimo?


Harry Hospitalier, director de mercados técnicos de Leroy Merlin, España explica cómo influyen las horas de uso, la temperatura y el tipo de sistema en el consumo real de la calefacción


mujer en casa, controlando la temperatura en su termostato© Adobe Stock
28 de enero de 2026 - 12:00 CET

Cuando el termómetro empieza a bajar, vuelve la eterna duda en miles de hogares: ¿es mejor encender y apagar la calefacción o dejarla funcionando a baja temperatura para “no gastar más”? El miedo a que arrancar desde frío dispare la factura ha llevado a muchos a mantenerla encendida durante horas, incluso cuando no hay nadie en casa.

Harry Hospitalier, director de mercados técnicos de Leroy Merlin España© Ralf Pascual
Harry Hospitalier, director de mercados técnicos de Leroy Merlin España

Sin embargo, como explica Harry Hospitalier, director de mercados técnicos de Leroy Merlin España, esa creencia no siempre es cierta. “Aunque al encender la calefacción hay un pico puntual de consumo, es pequeño comparado con el gasto de tenerla funcionando durante muchas horas seguidas”, señala. La clave,insiste, no es que la casa nunca se enfríe, sino evitar calentarla cuando no hace falta, ajustando temperaturas y horarios según el uso real de la vivienda.

Desde el punto de vista del consumo real y la eficiencia energética, ¿es más rentable apagar la calefacción y volver a encenderla o mantenerla encendida a una temperatura baja de forma constante?

Desde un enfoque técnico, lo más eficiente es adaptar la calefacción al uso real de la vivienda. Mantenerla encendida de forma continua implica compensar constantemente las pérdidas de calor hacia el exterior, incluso cuando no hay nadie en casa.

La recomendación es clara: cuando no hay nadie en casa, conviene bajar bastante la temperatura o incluso apagarla si la ausencia es larga. Cuando estamos en casa, lo ideal es moverse entre 20 y 21 °C, y durante ausencias cortas dejar una temperatura de mantenimiento de unos 15–16 °C.

La clave no es que la casa nunca se enfríe, sino evitar calentarla cuando no hace falta

Harry Hospitalier, Director de Mercados Técnicos de Leroy Merlin España
Mujer encendiendo la calefacción © Getty Images
Regular bien el termostato y adaptar la calefacción al uso real de la vivienda es clave para ahorrar sin perder confort

Existe la creencia de que arrancar la calefacción desde frío dispara la factura. ¿Ese pico de gasto es realmente mayor que el consumo de mantenerla encendida durante horas al mínimo?

Es una creencia muy común, pero no es del todo cierta.

Aunque al encender la calefacción hay un pico puntual de consumo, este es pequeño comparado con el gasto de tenerla funcionando durante muchas horas seguidas. Al final, lo que más pesa en la factura es el tiempo total que está encendida, no ese arranque inicial.

Por eso, desde el punto de vista del ahorro, suele ser mejor apagar o bajar la calefacción durante las ausencias que mantenerla siempre activa.

¿Existe un umbral claro de horas a partir del cual compensa apagarla por completo? Por ejemplo, ¿qué conviene hacer si salimos de casa 2, 4 u 8 horas?

No existe un número exacto de horas que sirva para todos los hogares, porque influyen factores como el aislamiento, la orientación o el sistema de calefacción. Aun así, como referencia general, podemos establecer algunas pautas prácticas que funcionan bien en la mayoría de viviendas.

Si la salida es corta, de hasta un par de horas, normalmente no compensa apagar la calefacción del todo. En estos casos, lo más eficiente es bajar el termostato a unos 17 °C. De este modo se evita que la vivienda pierda demasiado calor y, al volver, el sistema necesitará menos energía para recuperar una temperatura confortable.

Cuando la ausencia se alarga entre tres y cinco horas, ya conviene reducir un poco más la temperatura, situándola en torno a los 15–16 °C. Esta franja actúa como temperatura de mantenimiento: protege la casa del frío excesivo, pero reduce de forma notable el consumo durante ese tiempo en el que no hay nadie.

A partir de seis u ocho horas fuera de casa - por ejemplo, durante una jornada laboral completa - lo habitual es que sí resulte más rentable apagar la calefacción por completo (salvo en sistemas de alta inercia como el suelo radiante, donde es mejor mantenerla). En este caso, mantenerla encendida supone un gasto continuo que no aporta confort, mientras que el consumo necesario para volver a calentar la vivienda al regresar suele ser menor que el acumulado durante tantas horas de funcionamiento.

En cualquier caso, lo más eficiente es apoyarse en termostatos programables, que permiten automatizar estas bajadas de temperatura según la rutina diaria. Así se evita tener la calefacción funcionando cuando no hace falta y se consigue un equilibrio mucho más preciso entre ahorro y confort.

Hombre en su casa con radiador de calefacción © Adobe Stock
Mantener la calefacción encendida cuando no hay nadie en casa es uno de los hábitos que más encarece la factura

¿Cómo influye el aislamiento de la vivienda (ventanas, orientación, antigüedad del edificio) en la decisión de apagar la calefacción o dejarla al mínimo?

El aislamiento tiene un papel clave en esta decisión, porque determina cuánto tiempo es capaz la vivienda de conservar el calor una vez se apaga o se baja la calefacción. Una casa bien aislada, con ventanas de doble acristalamiento, buen sellado y una orientación favorable, mantiene la temperatura interior durante más tiempo. En estos casos, es mucho más fácil apagar la calefacción durante las ausencias sin que el confort se vea demasiado afectado, ya que el calor acumulado se pierde de forma más lenta.

En cambio, en viviendas mal aisladas o con cerramientos poco eficientes, el calor se escapa rápidamente por ventanas, cajones de persiana, puertas o paredes. Esto hace que la temperatura interior caiga con mayor rapidez, por lo que es más recomendable trabajar con una temperatura mínima de mantenimiento en lugar de apagar completamente el sistema, especialmente en ausencias cortas.

Por eso, antes incluso de pensar en cambiar el sistema de calefacción, merece la pena revisar los puntos más habituales de pérdida de energía. Pequeñas actuaciones como colocar burletes en puertas y ventanas, aislar el cajón de la persiana, utilizar cortinas térmicas o añadir alfombras en zonas de paso pueden reducir de forma notable las fugas de calor con inversiones muy reducidas. Son mejoras sencillas que cambian el comportamiento térmico de la vivienda y permiten gestionar la calefacción de forma mucho más eficiente.

A partir de seis u ocho horas fuera de casa - por ejemplo, durante una jornada laboral completa - lo habitual es que sí resulte más rentable apagar la calefacción por completo (salvo en sistemas de alta inercia como el suelo radiante, donde es mejor mantenerla)

Harry Hospitalier, Director de Mercados Técnicos de Leroy Merlin España

¿La recomendación cambia según el sistema de calefacción - caldera de gas, calefacción eléctrica, aerotermia o bomba de calor - o la lógica es la misma en todos los casos?

La recomendación básica sigue siendo la misma para todos los sistemas de calefacción: no tiene sentido calentar habitaciones vacías, aunque cada alternativa tiene sus matices que conviene conocer.

En el caso de las calderas de gas de condensación, qué son las más habituales en España, la estrategia varía según el tipo de instalación. Con radiadores tradicionales, lo más eficiente es bajar mucho la temperatura o apagar la calefacción durante ausencias de varias horas, ya que los radiadores responden rápido al encendido y no supone un gasto extra significativo volver a calentar la vivienda. En sistemas de suelo radiante, sin embargo, la situación cambia: el suelo radiante funciona mejor a temperaturas constantes y tarda más en enfriar, por lo que durante ausencias cortas es recomendable reducir la temperatura a unos 16–17 °C en lugar de apagar completamente. Para periodos largos, sí conviene desconectar.

Los emisores eléctricos, como cerámicos, de fluido o secos, reaccionan de manera distinta. Los emisores secos alcanzan rápido la temperatura pero la conservan poco, mientras que los cerámicos y de fluido mantienen el calor más tiempo. En cualquier caso, si no se va a usar una estancia durante varias horas, apagarlos o programarlos con termostato inteligente es la opción más eficiente.

En los sistemas de aerotermia o geotermia, el comportamiento es similar al del suelo radiante: funcionan de manera más eficiente si mantienen temperaturas estables. Por eso, durante ausencias cortas es preferible reducir la temperatura en lugar de apagar completamente, mientras que para periodos largos sí se puede desconectar.

Finalmente, sistemas como estufas de pellet o chimeneas de bioetanol son muy eficientes para espacios concretos, pero no siempre cubren toda la vivienda. Aquí, apagar o encender según la necesidad de la estancia es la clave para optimizar el consumo, y conviene planificar su uso en función de la duración de la ausencia y del tipo de combustible disponible.

¿Es recomendable dormir con la calefacción encendida? ¿Cuál es la temperatura ideal por la noche para ahorrar sin afectar al descanso ni a la salud respiratoria?

Dormir con la calefacción encendida no es necesario, y de hecho, bajar la temperatura durante la noche suele ser más saludable y eficiente.

Para dormir, una temperatura entre 16 y 18 °C es suficiente y favorece el descanso. Mantener la casa a 21 °C toda la noche no solo aumenta el consumo de energía de manera innecesaria, sino que también puede resecar el aire.

La mejor estrategia es apagarla o bajarla significativamente antes de acostarse y dejar que la casa se enfríe de manera natural. Para que la mañana sea más agradable, conviene programar la calefacción con un termostato programable, de modo que empiece a calentar la vivienda un poco antes de levantarnos.

Un radiador en el pasillo de una casa© stock.adobe
El aislamiento de la vivienda influye directamente en si conviene apagar la calefacción o dejarla a temperatura de mantenimiento

¿Cuál es el error más habitual que cometen los usuarios al regular el termostato cuando tienen frío y por qué subirlo de golpe no hace que la casa se caliente antes?

El error más común cuando tenemos frío es subir el termostato al máximo con la idea de que la casa se calentará más rápido. Es algo que muchos hacemos de manera intuitiva, pero en realidad no funciona así. Los termostatos no aceleran el calentamiento: simplemente indican al sistema la temperatura que queremos alcanzar.

Si lo subes de golpe, lo único que ocurre es que el sistema trabajará más tiempo y consumirá más energía de la necesaria, sin que la vivienda se caliente antes. La manera correcta de usarlo es fijar directamente la temperatura deseada y dejar que la calefacción haga su trabajo, de forma constante y eficiente. Esto no solo ahorra energía, sino que también evita picos de consumo innecesarios y un exceso de calor que puede resultar incómodo.

Los termostatos no aceleran el calentamiento: simplemente indican al sistema la temperatura que queremos alcanzar

Harry Hospitalier, Director de Mercados Técnicos de Leroy Merlin España

Para una vivienda media en España, ¿qué rutina concreta recomienda este invierno para optimizar consumo y confort: horarios, temperaturas clave y uso de termostatos programables?

La clave está en organizar el día y aprovechar las temperaturas de forma inteligente. Mientras hay gente en casa, mantener la vivienda en torno a 20–21 °C ofrece confort sin despilfarrar energía. En ausencias cortas, conviene bajar la temperatura a 16–17 °C, y por la noche, mientras dormimos, lo ideal es quedarse en 16–18 °C, suficiente para descansar bien.

La rutina diaria también marca la diferencia. Programar la calefacción para que se encienda 45–60 minutos antes de llegar permite que la casa esté acogedora justo al entrar, sin mantenerla encendida todo el día. Por la noche, conviene que baje automáticamente, y en general, no tiene sentido calentar estancias que no se usan.

Además, algunos hábitos simples mejoran mucho la eficiencia: ventilar solo 10 minutos y con la calefacción apagada evita pérdidas de calor innecesarias, abrir las persianas cuando hay sol y cerrarlas al anochecer ayuda a retener calor, mientras que no tapar radiadores, usar alfombras o mantas, y purgar los radiadores al inicio del invierno optimiza el rendimiento del sistema.

Por último, pequeñas ayudas como termostatos programables o con control wifi, válvulas termostáticas y burletes en puertas y ventanas permiten controlar la calefacción con precisión y reducir el consumo.

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