Cuando el invierno cubre el mundo de blanco, la naturaleza empieza a contar otra historia.
Primero, en los páramos de Escocia, un ciervo rojo se recorta bajo la nevada como un rey silencioso que vigila su reino.
Ese mismo soplo de frío nos lleva después a Francia, donde una ardilla protege su pequeño tesoro mientras dos arrendajos se disputan cada migaja: la lucha por la vida, en miniatura.
El viaje continúa hacia Hungría; allí, una zorra se detiene en la horquilla de un árbol y la noche parece contener el aliento, como si el bosque entero escuchara.
Más al sur, el océano nos conduce hasta Georgia del Sur: los pingüinos rey avanzan en fila hacia sus colonias, ceremoniales y decididos, desafiando el viento polar.
Y, mientras el Ártico se congela, un joven oso polar rueda sobre el hielo recién formado, recordándonos que incluso en los lugares más duros existe espacio para el juego.
Al final, en el lago Kerkini, un pelícano atraviesa la nevada con calma majestuosa, como un cierre perfecto de esta travesía invernal. Escenas distintas, unidas por una misma certeza: bajo el frío más intenso, la vida sigue latiendo con una belleza que asombra.










