Feliciano López vuelve a estar de actualidad tras haber demandado a su exmujer, Alba Carrillo, por una presunta vulneración del derecho al honor y a la intimidad. El objetivo del extenista con esta decisión sería poner fin a los "calificativos" que le dedica la presentadora por respeto a su mujer, la modelo y Sandra Gago, y sus dos hijos, Darío, de cinco años, y Marco, de dos. Aunque está en el punto de mira por este asunto, el deportista, de 45 años, no se ha pronunciado sobre ello su reciente aparición televisiva. Anoche fue uno de los invitados a La mesa, el programa de Cristina Pardo en Antena 3, para debatir sobre éxito y el fracaso. Durante la conversación, Feliciano confesó que su mayor éxito ha sido poder dedicarse profesionalmente al tenis, su gran pasión. También contó que aprendió desde muy pequeño a gestionar la derrota. "Yo, como vengo de un deporte en el que solo gana uno una vez a la semana, desde chiquitito estaba muy acostumbrado a perder y a entender que perder era parte del proceso, que era lo normal. Eso me ayudó mucho en la vida".
El director del Mutua Madrid Open reconoció que tiene "mucho miedo a la muerte, pero mucho", a la suya propia ya a la de sus seres queridos. Una de las preguntas que más se hace es: "¿Qué pasaría con mi familia si a mí me pasa algo?". De hecho, confesó que, cuando viaja en coche con su mujer y sus hijos, conduce "más lento" por si acaso. Quizá ese miedo a perderlo todo esté relacionado con lo feliz que se siente con la vida que tiene y con su deseo de que no termine nunca. "Yo he tenido mucha suerte en la vida, muchísima. No he tenido ningún problema de salud y mi familia tampoco", aseguró.
Volviendo a su profesión, Feliciano se sinceró sobre uno de los momentos más frustrantes de su carrera. "He perdido muchas veces la cabeza. El tenis es un deporte que te saca de quicio porque es individual. Se pasa muy mal, hay mucha presión. No tengo ninguna anécdota en la que se me haya ido la olla y me haya visto alguien, pero reventé ocho raquetas de camino al vestuario de Wimbledon. Las fui partiendo una detrás de otra, de golpes contra el suelo", relató.
Pese a la competitividad que caracteriza al tenis profesional, Feliciano aseguró que ha tenido la suerte de forjar grandes amistades a lo largo de su carrera. "He tenido mucha suerte porque hay mucha envidia y mucha gente que no es la gente con la que quieres compartir la vida, pero, en general, hay muy buen ambiente en el circuito", reconoció. Entre esas amistades destaca la de Álex Corretja, con quien mantiene una estrecha relación. "Hay mucha más gente buena de la que creemos. El mundo es un lugar mucho mejor de lo que percibimos, lo creo de verdad", afirmó.
"Ahora que tengo hijos no quiero que piensen así"
Feliciano recordó el momento en el que con 13 años puso rumbo a Barcelona para convertirse en tenista. "Te haces muy independiente, vives solo en una residencia, con deportistas de diferentes disciplinas, intentando conseguir tu sueño. Ahora, con el tiempo, pienso que quizás he estado un poco despegado de mis padres. Cuando eres tan joven y estás tan feliz intentando cumplir tus sueños, a veces no te das cuenta, y mi madre muchas veces me decía 'acuérdate de que tienes una familia aquí en Madrid'", señaló. Según reconoció, cuando sus padres le llamaban a la residencia le daba una pereza enorme hablar con ellos "y ahora que tengo hijos no quiero que piensen así".
Sus padres, Feliciano y Belén, han sido, sin duda, las personas que más han influido en él. "Mi padre porque fue el que me inculcó la pasión por el deporte y me enseñó a jugar. Mi madre porque fue enfermera, ya está retirada, y una de las mejores lecciones que me ha dado en la vida es que hay cosas mucho peores en la vida que perder un partido de tenis, eso se me quedó grabado", concluyó.








