Hay lugares que guardan mucho más que recuerdos: conservan las raíces, las historias compartidas y los vínculos familiares que hacen que un día tan especial cobre todavía más significado. Para María González, de 27 años, y Félix Bautista, de 29, ese lugar es La Guardia de Toledo, el pueblo al que está profundamente ligada la familia de la novia y donde se encuentra Martúe, la bodega familiar que forma parte de su historia desde siempre.
El pasado 5 de septiembre, a las 12:30 de la mañana, la pareja se dio el esperado ‘sí, quiero’ en la iglesia de La Guardia, rodeada de sus familiares y amigos, en una emotiva ceremonia con la que pusieron el broche de oro a sus seis años de amor. Después de la misa, los recién casados y sus invitados se trasladaron hasta las bodegas Martúe, un escenario cargado de significado para María y estrechamente ligado a sus raíces familiares. Rodeada de viñedos y estrechamente vinculada a su historia familiar, la finca se convirtió en el lugar perfecto para celebrar el comienzo de esta nueva etapa.
La pareja, ambos toledanos, se conoce prácticamente de toda la vida. Su historia de amor comenzó hace seis años de una manera espontánea y a través de amigos en común. Uno de los amigos de María había sido compañero de clase de Féliz y, por aquel entonces, puso en marcha una marca de ropa. Fue precisamente aquel proyecto el que hizo que empezaran a coincidir con más frecuencia y a compartir planes con el mismo grupo de amigos. Poco a poco, entre encuentros y reuniones, surgió una relación que desde el principio funcionó a la perfección.
"Desde el principio, la verdad que sabía que era él", recuerda María al hablar de sus primeros años juntos. Hoy llevan cuatro años viviendo en Madrid, donde han construido su vida en común. Félix es ingeniero en Indra y María ejerce como Abogada Laboralista en OHLA. Después de varios años de relación y convivencia, llegó el momento de dar un paso más y celebrar su compromiso rodeados de familiares y amigos.
Una boda con un significado muy especial
Para María, casarse en Martúe no era simplemente escoger un lugar bonito para celebrar su boda. Era llevar una parte de su historia personal hasta uno de los días más importantes de su vida. La bodega fue creada por su familia paterna y varios de sus primos ya habían celebrado allí sus propias bodas, convirtiendo la finca en escenario de algunos de los momentos más especiales de la familia.
"Yo siempre tuve claro que me quería casar en la bodega de mi familia", explica la novia. Una elección que cobra todavía más significado ahora que este espacio comienza también a abrir sus puertas a otras celebraciones.
La ceremonia religiosa tuvo lugar en la iglesia del pueblo, en La Guardia de Toledo. Como manda la tradición, el novio entró primero del brazo de su madre, Laura Paz Conde, y posteriormente, llegó el momento más esperado: la entrada de la novia junto a su padre, Jaime González Borrego.
Tras la ceremonia, los invitados se trasladaron hasta Martúe para continuar la celebración en un entorno marcado por los viñedos y el paisaje castellano. El cóctel, celebrado al aire libre, estuvo acompañado por la música de un saxofonista y dio paso a una comida también en el exterior, entre árboles y vegetación y con las vistas de la finca como telón de fondo.
Las mesas, decoradas con flores y centros de inspiración natural, se integraron a la perfección en el entorno. La decoración floral corrió a cargo de Elena Suárez, mientras que el catering fue responsabilidad de La Bonnotte.
La celebración continuó después con un grupo de música que puso ritmo a la fiesta y convirtió la finca en el punto de encuentro de familiares y amigos durante toda la jornada.
Un look nupcial lleno de recuerdos
Para su gran día, María escogió un vestido de Lalacó, diseñado por Inés Fernández de Córdoba. El modelo, de líneas elegantes y femeninas, estaba acompañado por una delicada mantilla de encaje que tenía un valor sentimental: había pertenecido a su tía abuela y llegó hasta ella como parte de la historia de su familia.
No fue el único elemento familiar de su estilismo. María completó su look con los pendientes y el choker que también había heredado de su tía abuela, convirtiendo sus accesorios en pequeñas joyas sentimentales que la acompañaron durante uno de los días más importantes de su vida.
El conjunto se completó con unos zapatos de Flor de Asoka y un ramo de flores silvestres en tonos suaves y naturales, en perfecta sintonía con la estética campestre y elegante de la celebración. Félix, por su parte, apostó por un estilismo clásico y elegante de Old Jeffrey, que encajaba con el carácter tradicional de la boda y con el entorno de la bodega.
Música, familia y una sorpresa sobre la pista
Uno de los elementos más importantes de la celebración fue la música. Los novios hicieron su entrada al banquete al ritmo de Thank You (Not So Bad), de Dimitri Vegas, poniendo desde el primer momento un toque divertido y personal a la celebración.
Pero uno de los momentos más especiales llegó durante los bailes. María y Félix quisieron mantener la tradición de bailar con sus padres, aunque después decidieron darle su propio giro al momento más esperado de la noche. Tras el baile con sus respectivas familias, llegó su turno y los novios sorprendieron a sus invitados con una coreografía preparada especialmente para la ocasión.
Lejos de optar por un vals clásico, la pareja apostó por una coreografía más dinámica y personal. Para su baile juntos eligieron Cheek to Cheek, interpretada por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, una canción que convirtió la pista en uno de los escenarios más románticos de la celebración.
A su lado estuvieron las personas más importantes para ambos. Por parte de María, sus padres, Rosana García García y Jaime González Borrego, y sus hermanos, Jimena González García y Jaime González García. Félix estuvo acompañado por sus padres, Laura Paz Conde y Félix Bautista Sánchez.
Una historia familiar entre viñedos
La elección de Martúe cobra todavía más sentido al conocer la historia de la bodega. Su origen está ligado al sueño de Fausto González, que apostó por el potencial vitivinícola de Castilla-La Mancha y esperó pacientemente hasta conseguir la calidad de uva necesaria para elaborar el vino que imaginaba. Los primeros viñedos de la finca Campo Martuela comenzaron a plantarse en 1990, mientras que la finca El Casar se plantó una década después.
Fue en el año 2000 cuando la calidad de la uva permitió comenzar a elaborar el vino con los estándares buscados por el proyecto. La construcción de la bodega finalizó en 2002, coincidiendo con la presentación de la primera añada de Martúe, correspondiente a 2001.
En 2009, Martúe obtuvo la Denominación de Origen Protegida Pago Campo de La Guardia, un reconocimiento al carácter singular de sus vinos y a su estrecha vinculación con el entorno en el que nacen.
Así, entre viñedos, árboles y mesas al aire libre, María y Félix celebraron una boda profundamente ligada a sus raíces. Fue el encuentro entre dos historias familiares, la celebración de una relación que comenzó hace seis años entre amigos y el comienzo de una nueva etapa para una pareja que ya lleva cuatro años compartiendo vida en Madrid.
























