Sofía Ellar ha cerrado con un corazón gigante su año más revolucionario. Encontró al amor de su vida el pasado verano, se casó en diciembre de 2025, anunció su embarazo en marzo y tuvo a su primer hijo el 20 de agosto. “Ha sido, sin duda, lo más salvaje que he vivido jamás y solo puedo dar las gracias por todo. No cabe más amor ni flipe en nosotros”.
Ahora, mientras se prepara para su concierto del 17 de octubre en el teatro Lope de Vega, de Madrid, a poquito del sold out, disfruta del momento más especial junto a su marido, el empresario Fernando Muñoz; su pequeño, Mini Fer… —“la cosa va de Fernandos”— y también sus inseparables compañeros: Eme y Merlín, dos gatos adoptados. “Eme -o Emita-, la más zalamera y protestona, debe su nombre a la ‘M’ que dibuja el pelaje de su frente. Y Merlín -o Merlitín- ‘el macho alfa’, porque tiene algo de mago. Llegó después de una historia triste: la muerte de Dorian, al que a quería muchísimo”, nos dice.
Durante días creyó que se había perdido —movilizó a sus seguidores para encontrarlo—, hasta que un jardinero lo encontró ahogado en una piscina. La pérdida inspiró una versión de Cobarde y llevó a Sofía a adoptar a Merlín con una sorprendente coincidencia: había nacido el mismo día, un 27 de julio de 2018, en que desapareció Dorian. “Es macho, gris y de un tamaño muy parecido. Llegué a pensar en una reencarnación de gatos”, recuerda entre risas.
La cantante vuelve por la puerta grande y nos descubre la divertida vida de sus dos gatos adoptados: cómo intuyeron su embarazo y cómo se arregla para cuidarlos incluso cuando está de gira
Pasaron los años… Y llegó una nueva etapa. Los felinos percibieron el embarazo antes que nadie. “No se separaban de mi tripa”, recuerda divertida… Y acertaron. Después vino la curiosidad por la habitación del bebé, la conquista de la cuna y un nuevo compañero con el que compartir protagonismo. La casa ha cambiado para hacer sitio al pequeño, pero Eme y Merlín siguen poniendo la calma —y sus propias reglas— y viviendo “a cuerpo de rey”.
Sofía adora a los perros, pero su estilo de vida encaja mejor con los gatos. Y lo tiene todo pensado: cuando sale de gira, también siguen igual atendidos. Cuenta con toda la tecnología del mundo animal para cubrir sus necesidades, vigilarlos, hablarles y hasta cantarles. Su vida de lujo se completa con estructuras para trepar y escondites, juegos y mimos —bajo demanda, claro—, areneros impecables –“ahora no tanto”-, un buen cepillado, uñas cuidadas, revisiones veterinarias y respeto por sus horas de siesta. Todo un cinco estrellas del bienestar felino.





