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De Carolina Herrera a Marta Hazas: así fue la cena literaria más selecta de la temporada con Rafa Tarradas como anfitrión


El escritor acaba de publicar su novela 'El Falsificador', un viaje a la Italia de entreguerras entre realidad y ficción


Marta Hazas y Carolina Herrera en la presentación de 'El Falsificador'© HUGO C. PECELLÍN
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
24 de septiembre de 2026 a las 22:35 CEST

En La bola negra, esa obra maestra escrita y dirigida por Los Javis con la que ganaron la Palma de Oro en Cannes y probablemente en los Oscars se nos desborde el orgullo a golpe de candidatura, Penélope Cruz tiene una frase gloriosa. Algo así como que el transformismo supone la fantasía de la posibilidad mientras que la guerra es todo lo contrario. Porque mientras con ilusión de plumas y lentejuelas podemos dar rienda suelta a todos nuestros sueños, el caballo rojo del Apocalipsis solo nos lleva a la devastación, a la inexistencia y la negación de futuro. Rafa Tarradas Bultó, en las casi 500 páginas de su última y nueva novela, se acerca a esos mismos años en los que mataron a Lorca, a esa misma contienda que asoló Europa y a esa misma sinrazón y crueldad que provocó una de las mayores barbaries de la Humanidad para también hacer una reflexión muy parecida. La de que el arte es la única mentira que nos permite comprender la verdad, aunque eso tampoco signifique necesariamente que la belleza salve el mundo sino que, a veces, lo puede llevar al borde del abismo. Y no por que no sepamos apreciarla, sino porque haya quien la quiera poseer para sí mismo y a cualquier precio.

La fiesta de Rafael Tarradas Bultó© HUGO G. PECELLÍN
Rafael Tarradas Bultó, en su cena 'homenaje', rodeado de sus amigos, entre los que se encontraban Lidia Torrent, Laura Sánchez, David Ascanio, Marta Hazas y Javier Veiga, Miguel Ángel Muñoz, Cari Lapique, Joaquín y Alejandra Prat, Teresa Baca, Eliza Arcaya, Fernando Andina, José Asín, Sonsoles Ónega, Carolina Herrera y Marta Barroso

Con El Falsificador descubrimos que, por las venas de este catalán —y heredero de una de las grandes sagas del motor más importantes de España—, más que gasolina, corre tinta. E incluso, óleo. Y sobre todo, un afán por construir la historia de los hechos a través de las historias de las personas. Porque en ella aparecen datos probados -aprende Dan Brown- como ll manifesto della razza, con el que la sociedad italiana se despertó un día con una porción de su gente equiparada a animales domésticos; el monumental desfile militar del 6 de mayo del 38, con el que Benito Mussolini, en la recién inaugurada Via dell' Impero, quiso impresionar al Führer de la Alemania nazi en su visita a Roma; las deportaciones masivas de judíos a Treblinka o Auschwitz; los exilios forzosos a cualquier punto del planeta…; y especialmente esa visita guiada que Rannucio Bianchi Bandinelli hizo con Hitler y el líder de los fascios italianos para mostrarle los grandes tesoros artísticos de ese país con forma de bota alta y mucho tacón…  

Y, con todos esos mimbres, construir una novela de espías. Llena de acción, de giros de guion de infarto y por qué no, de amor. Un relato de esos con los que uno se queda pegado al sillón y te tienen que despegar con espátula. Y nunca mejor traído porque la pintura, los disolventes y los pinceles son tan protagonistas aquí como los hilos de la Cosa Nostra, el perfil del papa Pío XII durante la Guerra o los cabellos rubios y las miradas azul cobalto que pintaba Sandro Botticeli y ocupan las paredes de los Uffizi y las de otros palacios aunque no salieran precisamente de sus manos. ¿Perdón? Pues que hubo truhanes que, con muy buena técnica y muy poca ética decidieron apropiarse de su estilo para hacerse ricos. Esa es la matriz de la historia. Los fakes en el mundo del arte, por decirlo de una manera contemporánea, aunque esos falsos o falsarios han existido siempre. Desde el principio de los tiempos. Hasta Miguel Ángel fue un falsificador sin saberlo de obras clásicas... Y el elenco de tramposos ha llegado a ser tan famoso como los genios a los que imitaban: Wolfgang Beltracchi, Han van Meegeren, Alceo Dossena, Icilio Federico Joni o El Español, ése del que aún se desconoce su nombre, y que podría haber inspirado al héroe de el autor de La prometida. 'Héroe' porque aquí, el falso tiene un poder beatífico. 

Rafael Tarradas Bultó, en su cena 'homenaje', rodeado de sus amigos, entre los que se encontraban Lidia Torrent, Laura Sánchez, David Ascanio, Marta Hazas y Javier Veiga, Miguel Ángel Muñoz, Cari Lapique, Joaquín y Alejandra Prat, Teresa Baca, Eliza Arcaya, Fernando Andina, José Asín, Sonsoles Ónega, Carolina Herrera y Marta Barroso© HUGO G. PECELLÍN
Rafa Tarradas con Fabiola Martínez y Sonsoles Ónega

En ese momento tan trágico y turbulento de la historia, Hitler o el epítome más claro de tiranicida, además de trazar un plan para acabar con el pueblo elegido llamado asépticamente 'la solución final' tenía otro menos conocido: entroncar su imperio con el de griegos y romanos a través de la apropiación de las creaciones artísticas que produjeron aquellas civilizaciones y que solo podían ser obra de una raza superior. Así que, ¿qué manera más fácil de conseguirlo que quedándose con aquellas que habían caído en manos de impíos? Es el caso de un retrato, de Colomba Corsini, pintado por el maestro del Renacimiento que ejecutó El nacimiento de Venus o La primavera, que 'dormía' en la casa de los Viel, hijos de David. Pero alguien, muy pequeño comparada con las huestes teutonas, estaba dispuesta a plantarles cara: la hija de la familia que se niega a que su herencia familiar dé los buenos días y las buenas noches a ese monstruo de bigotito ridículo en su apartamento privado de Prinzregentenplatz, en Múnich. ¿Cómo? Dándole el cambiazo. Sustituyendo la obra maestra por una falsificación, aunque eso le cueste la vida.

Y así, como en un juego de espejos, Rafa Tarradas nos propone cientos de ejercicios y reflexiones. Véase que si el arte es la mayor expresión del alma humana, ¿la creación artística clonada supone un robo de ese espíritu? Si la belleza eleva los corazones, ¿alguien sin corazón puede conmoverse ante un lienzo? Si la mano de un genio es tan reconocible como la de Dios, ¿cómo es posible que nadie se dé cuenta de la existencia de esas obras maestras que permanecen dormidas durante? Y aquí es donde llegamos a las imágenes que ilustran este reportaje… O, mejor dicho, al espacio en el que Rafa y Marta Hazas y Carolina Herrera, y Miguel Ángel Muñoz, y Cari Lapique… tuvieron una de las cenas más cool de la temporada ante la atenta mirada de un Velázquez, tres Goyas y un Greco, para celebrar la puesta de largo de ésta novela que ya es una de las grandes apuestas del otoño. La galería Colnaghi.  

El lugar donde vive laboralmente se entiende, el primo de Rafa, Jorge Coll, y donde hace poco menos de un lustro se removieron los cimientos del mundo del arte cuando se ocupó de la gestión y estudio de la obra que ya es conocida como el Ecce Homo de Madrid, un cuadro que iba a ser subastado en Ansorena por 1.500 euros como precio de salida y que, en realidad, era obra de Michelangelo Merisi, Il Caravaggio. Pero este era solo el aperitivo. ¿Vamos a por la entrevista? Ya te adelantamos que con Rafa Tarradas es difícil para, al menos, el que suscribe, abordar la magnitud de la obra porque es tal su emoción por lo que cuenta que de un sitio vamos a otros y, luego, a otro más allá para, el final, perdernos en esos bosques que, como decía Bandinelli, ocupaban las riberas del Rin cuando en Italia no había ciudad que no hubiera emergido de la Edad Media con las mismas torres de Nueva York, Dubai y Hong Kong actualmente. 

Invitados que no faltaron a la cita de Rafael Tarradas © HUGO G. PECELLÍN
Alejandra y Joaquín Prat

Y eso a Hitler le sacaba de quicio. Esa imagen era demoledora…

Porque no respondía a esa supremacía aria que sustentaba todos sus argumentos, ¿no?

Y porque le daba mucha envidia. Le generaba odio. Lo cuenta Bandinelli que, a su vez, durante su trabajo con él, le generó muchísimas contradicciones. Él era antifascista, sabía cual era el objetivo de Hitler, pero claro, cuando el pavo le escucha atentamente, le hace preguntas, ve que está interesado, no tiene duda de que es el alumno perfecto… Es casi imposible que se te ablande un poco el corazón. Que encima, a Hitler, le encantaban los perros… Imagínate, ¿no? Que vas paseando con tu pastor alemán y resulta que te cruzas con este hombre que va con el suyo, y que se acerca, y que lo acaricia, y que le dice qué guapa… De repente, como que lo humanizas. A Hitler, y poca broma porque es un super asesino. Esto ocurre porque nos pasa que entendemos la realidad muchas veces como una oposición entre blancos y negros, y Hitler es negro, vaya, pero la vida, en realidad, te enfrenta a un juego de grises. Ojalá fuera así de fácil siempre, lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro.

De hecho, por muy amante del arte que fuera, en Florencia, donde sucede la acción de tu novela, excepto il Ponte Vecchio, los nazis volaron todos los puentes… Por muy bellos que fueran… 

Por eso, por lo que te decía, porque la belleza de los otros le amargaba. La de Francia, la de Italia… Porque estos países tenían todo lo que él no tenía. Del palo: 'nosotros tenemos industria y hacemos tanques y coches, pero cuando Botticelli pintaba estas maravillas mis antepasados vivían en un bosque'. Fue entonces de hecho cuando le brotó la idea de hacer el Museo del Führer en Linz, que era su ciudad de la infancia. Su idea era 'Voy a construirme aquí el Louvre de París, el Prado de Madrid o los Uffizi de Florencia, con, precisamente, lo que estos museos albergan. Así que, señores, empiecen a pasearse por Europa y digan que lo quiero todo'. Y en Italia tuvieron muy mala suerte… Porque a Mussolini no le gustaba el arte. Lo suyo fue: 'Ah, ¿que mi nuevo mejor amigo me pide que le regale cosa, que a mí me da igual regalársela? Vale'. O sea, una fatal combinación. Y ocurrieron cosas como que al príncipe Lancelotti, le dijeron, 'Oye, que Hitler le gusta mucho tu discóbolo'. Y él: 'Bueno, pues me alegro mucho'. 'No, no, que Hitler quiere tu discóbolo'. Y eso pasó. Y fue complicadísimo que Italia recuperara esta obra de arte porque ¿cómo demuestras luego que te metieron en una habitación y que te encerraron y te dijeron que lo tenías que dar a cambio de un dinero? Tenías otra opción. 

Pero, ¿y cómo llegas tú a ese universo? A la Italia fascista, al mundo del arte y de los falsos… 

Pues mira, que al final una cosa que te lleva a la otra. Yo hacía tiempo que quería escribir un libro sobre Italia. Italia siempre me parece buena idea (y que es mucho más fácil dibujar a un italiano que dibujar a un sueco) y fíjate que en el cole tenía una amiga italiana que, de hecho, su casa sale en el libro —Allegra Pandolfini— y luego, aparte, por mi primo Sete, el circuito de velocidad de Italia está muy cerca de Florencia e íbamos bastante… En resumen: que tenía muy metido Florencia en mi cabeza desde hacía tiempo (risas) y me pareció muy interesante abordarla desde el periodo de entreguerras, cuando ya empezaba la tensión y que los lectores saben cómo acaba pero los protagonistas del libro aún no, creen que hay esperanza. Así que, cuando descubrí al personaje de Bandinelli supe que, además de ser la bomba, era la señal. 

Eliza Arcaya y Carolina Herrera© HUGO G. PECELLÍN
Eliza Arcaya y Carolina Herrera
La periodista Marta Barroso© HUGO G. PECELLÍN
La periodista Marta Barroso

En ese diario descubres a Mussolini y a Hitler en las distancias cortas… 

Exacto. Y en ese diario se dice que el Führer era un poco como un 'curita', que se empequeñecía delante de los cuadros y que de repente suspiraba… Mientras que el otro, o sea, Mussolini, no dejaba de rebuznar de aburrimiento, ¿sabes? Como hacer un tour con el empollón de la clase y el gamberro… Entonces, si te encuentras con algo tan fascinante como contradictorio, cono un país que te gusta… cómo no lanzarte a escribir una novela.

Cómo no lanzarte… Pero narrando la trepidante historia de un retrato, en realidad, que no existe… 

(risas) Pues mira, eso pasa porque no me gusta nada desinformar. Y no podía de repente coger La Dama del Armiño, por ponerte un ejemplo, porque está documentado todo el periplo de ese cuadro hasta que llega a Polonia. Que a mi, hay historias que me parecen trepidantes pero no puedo pasar luego todo el rato abriendo el Ipad para corroborar lo que estoy leyendo como si estuviera haciendo una investigación paralela. ¿no?

De ahí Colomba Corsini…

De ahí… Y de mi amiga Paloma Corsini. Que me dijo, '¿oye que tengo que hacer para salir en una de tus novelas, que sale todo el mundo menos yo, qué antipático eres, tío'. (risas). '¿Y qué hacemos con 'Paloma'?. Y fue ella quien me lo dijo: "Pon Colomba". 

"Tenía muy metido Florencia en mi cabeza desde hacía tiempo (risas) y me pareció muy interesante abordarla desde el periodo de entreguerras, cuando ya empezaba la tensión y que los lectores saben cómo acaba pero los protagonistas del libro aún no, creen que hay esperanza"

Lo de aprender sobre pigmentos, craquelados, disolventes… no debió de ser tan fácil.. O sí. 

A mí me ha gustado el arte muchísimo toda la vida… Pero sí, me he tenido que meter un poco más de lo que pensaba, aunque mi bio dijera otra cosa, ¿sabes? A fin de cuentas, fui director durante unos años de la galería Helga Alvear justo cuando se fue Carlos Urroz… Pero, obviamente, para muchas cosas, he tenido que echar mano de mi primo Jorge Coll, el marido de mi prima Inés Bultó, que es un experto en este tipo de pintura, los primitivos italianos, el Renacimiento… Porque yo, al final, en mi investigación soy muy lineal. Quiero decir, averiguo lo que me funciona para la trama. Por eso, si ahora me dices, ¿eres un experto en falsificaciones? Pues hombre, no, no lo soy, pero sí ya podría decirte como hipotéticamente podrían pintar un cuadro renacentista. Sé con qué y cómo. Mi primo desde el principio me dijo 'ni se te ocurra mencionar el óleo, clara de huevo, Rafa'. 

Por eso estamos aquí en Colnaghi…

Porque quién mejor que él, que Jorge, para hablarnos de falsos… él fue quien hace ahora cinco años descubrió el Caravaggio de Madrid.

¡Pero no me digas!

Sí, claro, era un sleeper. De hecho, así se llama el reportaje que le dedicaron a mi primo, porque ese es además 'el sueño' de todos los anticuarios: encontrar un sleeper, que es un cuadro que nadie sabe lo que es y que está ahí como con autenticidad dormida.

Rafa Tarradas con su libro© HUGO G. PECELLÍN
Rafa Tarradas con su libro

¡El Ecce Homo!

Eso es. El fue quien asumió la gestión y el estudio de la obra después de descubrir, cuando iba a salir a subasta en Ansorena por 1.500 euros, que ese cuadro no era una réplica sino que era un cuadro perdido de Caravaggio. 

¡Cómo no dedicar una novela a esto, claro!

Bueno y que en casa de mis abuelos había un cuadro que pensábamos que era bueno. Y ocurrió, según me ha contado mi abuela, que los teníamos en una casa muy grande en Barcelona, pero que luego lo trasladaron a otra casa en campo donde no pegaba mucho, pero bueno, y que en un tercer traslado, a una casa en Madrid mucho más pequeñita, dijeron: 'este lienzo aquí no pinta nada, vamos a llevarlo a una subasta, que además ganaremos un dinerete porque es buenísimo…' Y resulta que cuando llegaron a la sala, les dijeron: 'señora, es una falsificación (risas)'. La ventaja de todo aquello es que no se vendió, y que es muy bonito y que lo seguimos teniendo. Pero para que veas que al final las falsificaciones están un poco por todos lados…. (risas)

¿No te resulta un poco paradójico eso?

¿El qué?

Eso, que una obra multiplique su valor —o no tenga ninguno— cuando de ratificas o no la autoría. Si era una obra maestra, lo será también si no está firmado por un grande, ¿no? O sea, si es de un señor desconocido no es una obra maestra. Y lo mismo, con la ejecución de los falsos… 

Creo que, al final, en el arte, hay una parte muy importante de que valores —o que guste— lo que ves, pero luego hay otra igual de trascendente o más que es su historia. Cuando estás viendo el cuadro, ya no es solo el cuadro, la creación, el genio… es la historia que tiene alrededor. En una falsificación todo eso no existe. Muchas veces, cuando era pequeño, decía 'si hubiese conocido a Picasso, le hubiese dicho que me firmase una servilleta y ahora… ¡sería millonario!' (risas). A ver, en realidad, una servilleta firmada por Picasso está fenomenal, pero es un autógrafo, no es arte, ¿sabes? La obra de arte necesita un esfuerzo y de una historia detrás. La falsificación, te da solo un reflejo, te está contando una historia que, en realidad, no tiene. Te está 'mintiendo'. 

Rafael Tarradas Bultó, el escritor, en su cena de homenaje © HUGO G. PECELLÍN
Con Cari Lapique
 

En eso de mentir, no puedo dejar pasar por alto la historia de amor que también trazas en la novela, entre el español y la italiana… Que, sin hacer spoilers, no sabes si es un espejismo, rollo 'las emociones se engrandecen' como el Gran Hermano, porque la en la guerra todo se vive más intensamente, o que realmente, es el comienzo de un gran amor. 

¿Y no te parece que así es como tiene que ser el amor? O sea, ¿cuándo pierdes el feeling con tu pareja no es cuando lo das todo por sentado? ¿no te parece que para mantener ese no sé hay vivir un poquito en la intranquilidad? 

Creo más en que hay que currárselo todo el rato… 

Hombre, claro, ya sea con tu mujer o con tu novio tienes que estar en total confianza, pero no está mal que de vez en cuando le traigas un ramito de flores… 

Ahí, sí. Pero leyéndote me daba la sensación de que era un simulacro de amor por un momento crítico, otro juego más de tu novela… 

Yo creo más en que descubres a la gente en las situaciones extremas, pero luego sabes los límites y sabes el marco en el que se mueven. Y luego, en ese marco, sabiendo que probablemente nunca llegues hasta el borde del marco y a estos extremos, te mueves tú y así te compensa. No hace falta esperar a la situación extrema para decidir que no o que sí. Es solo con que sepas, como cuando te dan las instrucciones de electrodomésticos, ¿sabes? Si está funcionando a máxima potencia durante 2 horas, se calentará y saldrá humo. Tú eso, aunque no lo hagas nunca, que tampoco te hace falta comprobarlo, ya lo sabes y no te pilla de susto —si lo haces—.

Oye, te vuelves otra vez un personaje femenino. Probaste La Protegida y…

Y me gustó… Es que aquí los enemigos son Mussolini, Hitler... y que sea una mujer la que se enfrente a ellos le da mucha fuerza… Mejor dicho, tiene el doble de fuerza, porque hablamos de épocas en los que la mujer, muy equivocadamente, no estaba considerada como tocaba. De hecho, a Flavia, mi personaje, su padre le dice yo soy el encargado de cuidarte hasta que te has casado, y ahora te tiene que cuidar tu marido. Y la otra dice, ¿cómo qué? A mí no me tiene que cuidar nadie, yo me cuido sola.

Fuerte, independiente y adelantada a su tiempo. Una tipa que conoce las reglas de su tiempo para romperlas. 

A mí, la independencia personal, individual, me parece súper importante. ¿Sabes de estas parejas que llevan un tiempo ya juntas y todas sus opiniones son conjuntas? 'A nosotros nos gusta el gazpacho, a nosotros nos gusta la serie, a nosotros no nos gusta salir tarde del viaje'. Espérate, habla por ti. Eso de que las dos identidades se pierden para juntarse en una a mí me horroriza. Si tú quieres a una persona, la quieres por cómo es sin ti realmente, ¿no? Pero no quieres que se convierta en ti; quieres que siga siendo la persona de la que te has enamorado, ¿no? Me parece que eso es lo que tiene sentido. Pero bueno, ya sabes cómo es lo cosa, lo de 'consejos traigo que para mí no tengo'. Soy soltero, soltero y soltero de coj* pero vamos, ahí va un poco la historia.

"Si te encuentras con algo tan fascinante como contradictorio, cono un país que te gusta… cómo no lanzarte a escribir una novela"

Eso dejanoslo a nosotros, que en ¡HOLA! lo remediamos 

(risas)

Oye, tus amigos se quedarán fascinados con todos los universos que los descubres en cada novela, ¿no? O de repente hay un momento 'ya está Rafa con sus cosas…' 

(risas) En realidad, no (risas). Tengo gente a mi alrededor que escribe, que interpreta, que se pone delante de una cámara, que dirige… historias, que les gustan las historias. A mí me gusta al 100% que me cuenten cosas que no sé. Y todos los que estamos aquí las contamos. Somos gente curiosa por las cosas. Decía Carmen Posadas que un requisito imprescindible para un escritor es la curiosidad. Si no eres curioso, no puedes ser ni escritor ni periodista. Te tienes que quedar en casa y ya está. Pero también está el curioso que necesita que le cuenten cosas para vivir otras vidas...

Vidas siempre del siglo XIX y primera mitad del XX, cuándo un Renacimiento, ¿por ejemplo?

Mira, yo a partir de que ya se duchan y van bien vestidos. Ese trocito. De ahí para adelante. Mira, te diré que la Edad Media me interesa mucho y me divierte porque además creo que es mucho menos oscura de lo que se ha vendido siempre. Y seguro que en Altamira en taparrabos había historias pero… yo… yo me iría un poquito más adelante.

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Marta Hazas