Tamara Gorro ha regresado al trabajo con "ganas" después de un tiempo "desaparecida" por problemas de salud. Tras hablar de la difícil etapa que está atravesando en Y ahora Sonsoles, el programa de Antena 3 en el que colabora, Tamara atendió a los compañeros de Europa Press. Según contó, todavía se encuentra en "proceso de recuperación" y desveló que durante este tiempo se ha sentido muy arropada, aunque también ha vivido "muchas decepciones".
"En los peores momentos uno se da cuenta quién está y quién no", aseguró, sin desvelar nombres de las personas que la habían decepcionado. Estas declaraciones llamaron la atención de los reporteros y la colaboradora tuvo que aclarar que no se refería a su pareja, Cayetano Rivera, con quien mantiene una discreta relación desde finales de 2025.
Sin embargo, este duro proceso también le ha dejado "muchas alegrías". Además del apoyo incondicional del torero, Tamara quiso poner en valor el papel de Sonsoles Ónega y Pilar Vidal, dos personas que han estado muy pendientes de ella durante estos meses. "Día tras día, muy pendientes. Todos los compañeros. Pero tú no puedes pedir a todo el mundo lo mismo. Hay gente que dice que prefiere dejarte tu espacio y es entendible. Por eso tienes muchas alegrías y decepciones y, por qué no decirlo, si a todos nos pasa igual", explicó.
Tamara prefiere no compartir el diagnóstico de su enfermedad por proteger a sus hijos, Shaila, de 10 años, y Antonio, de 8, nacidos durante su matrimonio con el exfutbolista Ezequiel Garay. "Yo vengo desde marzo con pruebas y en julio dije tengo que parar, pero no quiero decir el diagnóstico porque tengo dos personas que proteger. Una ya es mayor y no quiero que escuche ciertas palabras. Bastante mal lo han pasado. Mi hija está muy tocada y los dos me han visto muy mal", contó en su esperado regreso a televisión.
Un verano muy complicado
Fue el pasado 10 de julio cuando Tamara contó a sus seguidores que había pasado por quirófano. "No es la decisión que me hubiese gustado, pero sí la mejor, estoy segura", señaló. Además, confesó que "emocionalmente" no se encontraba bien. "Pero bueno, que esa es la vida también, ¿no? Unas veces para arriba, otras para abajo", añadió. Tras estas declaraciones, desapareció de las redes sociales y no regresó hasta el 25 de julio con un vídeo que hizo saltar todas las alarmas. "Llevo cuatro días en el hospital por un susto muy grande", comenzó diciendo. "¿Está todo perfecto? No, no lo está, pero lo va a estar", afirmó con esperanza.
El 28 de julio recibió el alta y dos días después apareció en Ibiza, donde posee una casa, con sus dos hijos. Con un bikini marrón, gafas de sol negras y el pelo recogido en una coleta, Tamara se refrescó en el mar con los pequeños y compartió confidencias con ellos. Sin embargo, su gesto serio reflejaba la difícil etapa que atraviesa. "La vida te para. Cuando la salud te dice 'hasta aquí', se acabó. Psicológicamente he tocado fondo", reconoció. Y aunque tiene "miedo" necesita seguir con su vida. "Quiero volver, estaría tirada, pero no me voy a quedar en la cama, hay que arrancar".






