El Duque de Alba suma, desde el pasado jueves, un nuevo reconocimiento. Uno muy especial, que ha recogido como jefe de la Casa Ducal de Alba, y le ha entregado S.A.R. Pedro de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, Duque de Calabria; y bajo la atenta mirada de su hijo Fernando Fitz-James Stuart, y su nuera, Sofía Palazuelo. Se trataba del quinto premio ‘Embajador José María Velo de Antelo’, un galardón con el que la Academia de la Diplomacia quiso reconocer la labor que, a lo largo de la historia, han desempeñado los Alba “a favor del reino de España en asuntos de índole internacional”, pero también en la protección y difusión de nuestro legado cultural -y que, en la actualidad, continúa a través de su fundación, que el año pasado cumplió medio siglo de vida-.
El acto se celebró el pasado jueves en el ‘corazón’ de la Casa Ducal, el Palacio de Liria, y el Duque confesaba sentirse muy emocionado con esta distinción, que, antes que él, recayó en personalidades como el Papa Benedicto XVI, por su defensa de los principios cristianos de dignidad humana y justicia social; el rey Simeón de Bulgaria, por la defensa de la libertad de su pueblo; y la Casa Imperial de Habsburgo-Lorena, representada por la archiduquesa Sofía de Habsburgo-Lorena, hija de Jorge de Habsburgo-Lorena, embajador de Hungría, que no faltó a la cita.
El académico Amadeo-Martín Rey y Cabieses hizo la lectura de la laudatio, haciendo un recorrido por la extraordinaria historia de los Alba a lo largo de los siglos; mientras que la Fundación Operística de Navarra y su presidente, Javier Otero de Navascués, se encargaron de poner la música a un encuentro que reunió a medio centenar de embajadores, como la princesa Al Mogrin, de Arabia Saudí, Giuseppe Buccino Grimaldi (embajador de Italia), José Augusto Duarte (embajador de Portugal) o Roel Nieuwenkamp (embajador de Países Bajos).
La conexión de Carlos Fitz-James Stuart con el mundo de la diplomacia no es, en absoluto, lejana. Su abuelo materno, Jacobo Fitz-James Stuart -al que él llamaba “gran papá”- fue embajador de España en Londres en un período especialmente convulso para el mundo, la Segunda Guerra Mundial.
El XVII Duque de Alba -que era primo lejano de Winston Churchill- fue diputado y senador en la etapa constitucional del reinado de Alfonso XIII, y una figura clave en la Historia.
Aristócrata, político y diplomático, llamaba la atención por su elegancia en el vestir y su exquisita educación –“un don Quijote vestido con traje inglés”, llegaría a decir el escritor irlandés sir Shane Leslie- y, también, fue un importante mecenas -en 1924, ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y fue el primer presidente del Patronato del Museo del Prado-.
“Me interesa muchísimo todo lo referente al arte”, nos explicaba Carlos Fitz-James, hace unos años. “La arqueología era un punto que le interesaba muchísimo a mi abuelo y, muy especialmente, Egipto. Llegó a hacer tres viajes, que, para entonces, que no había tantas facilidades, llama la atención. Uno de ellos, lo hizo con mi madre, a la que también le gustaba mucho Egipto”. El padre de la recordada Cayetana de Alba prestó especial atención a conservar y mejorar su patrimonio, al igual que, en la actualidad, lo hace su nieto. El legado continúa.









