Hace 18 años —también en Reyes—, Samantha Vallejo-Nágera no estaba en la tele. Era una fría mañana de enero y ella entraba en quirófano. Venía al mundo Roscón. Su mundo podría haberse detenido como la nieve paralizaba el mundo, ya saben, la metáfora aquella de Joyce y "Dublineses". Pero no. Su nacimiento fue un brote verde. Muy verde. Como el de un trébol de cuatro hojas. Porque Roscón "es fiestero, divertido, sociable, rápido, hiperactivo, creativo. Le gusta el karaoke, cantar, los escenarios, le gusta hablar en público…". Igualito que su madre. Y juega al fútbol y sale con los amigos; cada lunes y cada martes tiene una "amigueta" nueva; TikTok es su universo; le chiflan los huevos fritos con patatas y el risotto—como a sus hermanos Pedro y Cloe, los mayores, y Diego, el pequeño—, y, para que no se desmadre, que ya saben cómo son los teenagers, su madre le pone a currar en el catering… Y ¿qué más? Ah, sí, que también tiene síndrome de Down.
O sea, Roscón es un chaval como otro cualquiera, con una peculiaridad como cualquier otra. Y esa peculiaridad es que es un tipo genial o... ¿qué se habían pensado? Samantha dice que es su amuleto. Un premio que le ha granjeado la vida. Y ustedes dirán: "A ver, qué va a decir, si es su madre...". Pues claro. Y como toda madre, siente devoción por sus hijos. Pero vaya, que también lo pueden corroborar en redes, que este "rubiales" es así: un sol. Por eso, la cabeza de Samantha cortocircuita cuando le preguntamos por "sacrificios" o "bajonas" en su vida con su hijo mediano. Su vida es mejor después de que llegara a ella. Ese es el mensaje. O el regalo. Y escuchándola, lo ves claro: la vida es bella.
"La aceptación llegó muy pronto. Cuando me di cuenta de que era un niño normal, que comía normal, que estaba normal y que era monísimo. Es entonces cuando te entra esa especie de afán de protección, de que le quieres más de lo que le puedes querer"
"Roscón ha sido un niño superquerido por los demás que siempre ha sido líder, siempre se ha ganado el cariño de todos. Y siempre ha sido tan divertido que ha sido más un polo de atracción de risas que de desprecio"
—Hace justo 18 años, casi casi un día como hoy, también cambió tu vida por completo. ¿Qué imagen te viene a la mente?
El recuerdo de una mañana fría, de ese quirófano que se abría casi para que entrara yo, porque no había habido ningún nacimiento esa noche. Esa mañana era fría ya solo nada más que empezar.
—¿Cuál fue el mayor miedo que sentiste y cómo se ha transformado (y en qué) con el paso del tiempo?
Fueron quince días muy malos, los quince de asimilación que se llaman. Se corresponden a cuando estás todavía con pruebas médicas, cuando te están mirando… El choque mayor lo tienes cuando te dan la noticia, y yo ahí reaccioné como diciendo: "Sí, es verdad, lo tiene". Porque sí que había visto un par de gestos en él y, como buena madre, me di cuenta. "Pero no pasa nada, Samantha", me dije. Lo que ocurre es que, de repente, se convierte en un drama. Quizá, no sé, porque la gente viene a verte al hospital como si fuera un tanatorio en vez de un hospital. Pero no tuve nunca miedo. Nunca. Todo lo asimilé muy pronto.
—A menudo dices que Roscón fue un regalo. ¿En qué momento te diste cuenta de que él no venía a quitarte nada, sino a darte un mundo nuevo?
Es un proceso. Pero, en mi caso, la aceptación llegó muy pronto. Sucede cuando me doy cuenta de que es un niño normal, que come normal, que está normal y que es monísimo. Y te entra esa especie de afán de protección, de que le quieres más de lo que le puedes querer. Luego, lo de darte cuenta de que es un regalo surge poco a poco. Porque es un bebé que ves más sensible, que es más blandito, que le cuesta más hacer las cosas, evolucionar, y eso saca algo de ti algo muy grande, que es esa maternidad enorme que tenemos las madres con estos niños de quererlos, de protegerlos y de cuidarlos más y más.
"Los niños con síndrome de Down ven la vida sin filtro. Ven el amor incondicional de una persona hacia otra como un sentimiento real. Ellos son todo amor, todo diversión"
Protección
—¿Cómo fue eso de explicarle a sus hermanos que Roscón es "especial" y cómo ha influido su presencia en la educación de todos ellos? ¿Cómo es su relación?
A mis hijos, que eran pequeños todavía, les expliqué que era diferente. Ellos tenían tres años y medio y cuatro años, respectivamente, y tampoco lo entendían muy bien, pero desde el principio lo asimilaron, lo entendieron, lo protegieron muchísimo. Creo que el tener una persona especial dentro de la familia hace que tus hijos sean más sensibles. Pedro, mi segundo hijo, lo sigue protegiendo, porque, quizá, también es el más sensible. Y su relación siempre ha sido buenísima, porque lo han visto como alguien que necesitaba más de su soporte, de su cuidado si algún niño se reía de él, por ejemplo, que tampoco es que haya habido muchos niños que se hayan reído de él... Te puedo decir que Roscón ha sido un ser superquerido por los demás y siempre ha sido un líder. Siempre ha sido muy divertido, con lo que ha sido más un polo de atracción de risas que de desprecio. También creo que la gente ya no se ríe de los discapacitados… Eso era hace mucho.
"Yo por mis hijos no hago sacrificios. Para mí, ser madre es una vocación. Algo que me sale del alma. Y para mí, estar con Roscón es mi plan. El mejor"
—El nombre de "Roscón" es ya una marca de alegría en España. ¿Por qué crees que la gente le quiere tanto?
—Es verdad. Hemos conseguido eso. Y creo que la gente lo quiere tanto porque él, como todos los niños, es genial. Al final, he dado visibilidad en mis redes a un niño que es genial, como todos sus compañeros con síndrome de Down o con discapacidades. Cuando la gente conoce a Roscón y a sus amigos, quieren tanto a sus amigos como a Roscón, tienen un encanto especial. Tienen esa espontaneidad divertida, cariñosa, pero retadora, que te engancha.
—¿Cuál es el prejuicio sobre el síndrome de Down que más te molesta?
—Al final, todo ha salido sin querer. Yo creo que, durante estos 18 años, he dado visibilidad a la educación de un niño con síndrome de Down, de su día a día, de sus pasos poco a poco. Unos niños diésel que tardan más en conseguir las cosas, pero que, al final, las consiguen. Esa marcha, esa alegría, esa diversión, esa la dualidad con la que ellos viven la evolución de su educación... Creo que la gente ha aprendido a quererlos. Yo lo he conseguido, pero no he hecho nada. Lo ha hecho él. Roscón lo ha hecho: que la gente quiera más a los "down" a través de él.
"Roscón es exactamente igual que yo. Es fiestero, divertido, sociable, rápido, hiperactivo, creativo. Le gusta el karaoke, le gusta cantar, le gusta el escenario, hablar en público. Como a mí"
Celebrity internacional
—Roscón es una estrella en tus redes sociales. ¿Fue una decisión meditada?
Yo he mostrado el día de mi familia, de mi vida, de mis hijos, de mi cocina, de mi casa, de mi decoración... Y Roscón ha sido uno más. Pero es cierto que es a él a quien más le gusta verse, porque le encanta hablar, comunicarse con sus fans… Y eso ha dado origen a un vínculo total de mis seguidores con él. Roscón es una celebrity internacional.
"Siempre que me ha escrito alguien que ha sentido miedo de esa primera interacción con un niño 'down', mi primer impulso es el de coger la moto e ir a verle"
—¿Cuál es el mensaje más bonito que te ha llegado de una familia que se ha sentido ayudada con tu relato?
Siempre que me ha escrito alguien que sentía miedo de esa primera interacción con un niño "down", mi primer impulso ha sido coger la moto e ir a verle. Y me he encontrado con muchas familias. Cuando he viajado con MasterChef fuera de Madrid, intento ir a visitar a todas esas mamás que me han localizado por Instagram para contarles las cosas de viva voz. Mamás de Elche, de Málaga, de El Puerto de Santa María, de Sevilla… Intento darles confianza, naturalidad, quitarles el miedo… Porque hay padres que, nada más nacer el niño, ya están preguntando dónde va a estudiar. A ver, que acaba de nacer. Preocúpate por que esté bien, que sea feliz y que tú seas feliz. Vas a ser superfeliz con este niño, que te va a dar una alegría increíble. Yo creo que estos niños son pequeños imanes de cosas buenas. Son amuletos de la suerte que consiguen que la familia esté más unida incluso.
"Tener a una persona con discapacidad en tu casa y conocer el mundo de la discapacidad y ver las maravillosas personas que hay ahí es alucinante. Te cambia tu visión del mundo"
—¿Qué es lo más importante que Roscón te ha enseñado sobre la vida?
Estos niños ven la vida sin filtro, sin presión social. Ven el amor incondicional de una persona hacia otra como un sentimiento real. Ellos son amor, son diversión… A veces, también unos truhanes de mucho cuidado (risas). Tienen sus piques, sus peleas, porque todos quieren ir delante en la ruta, porque todos quieren ser protagonistas... El mío, siempre. Le encanta (risas). Pero a mí me parece bien. Me parece positivo que sea así. Yo le dejo ser como es.
—¿Cómo ha cambiado Roscón tu visión del mundo?
Tener una persona con discapacidad en tu casa y conocer el mundo de la discapacidad y ver las maravillosas personas que hay ahí es alucinante. No solamente la gente con discapacidad, sino también sus familias y la gente que, aun no teniendo a una persona con discapacidad en su familia, se dedica a la discapacidad o adopta a niños que sí la tienen. Hay gente increíble. Si no estás en relación con la discapacidad, no lo llegas a saber nunca y es fascinante.
"Soy creyente, soy practicante… Tengo fe, pero no somos una familia muy religiosa. Creo que lo más importante es ser buena persona"
—¡Dieciocho años! ¿Cómo ha cambiado la personalidad de Roscón en este último año?
Ya es un adulto. Y ellos lo estudian muchísimo en el colegio. Aprenden qué significa ser mayor, cómo relacionarse, saber las cosas que tienen que hacer en privado y qué en público, porque llegan a un punto en su vida que tienen muchísimas ganas de hacer cosas de mayores... Ya sabes, de tener novias, por ejemplo, y tienen que saber qué significa tener novia. Que la novia es una persona independiente y que tiene que ser un amor recíproco, porque, mira, Roscón cambia de novia cada día. Y ya le he dicho: "Eso no se puede hacer. Cuando tú tienes novia, ella también tiene que estar de acuerdo. Y es una decisión consensuada". Aprenden también el buen uso de la tecnología, a cómo usar el móvil, cómo ser autónomo, a coger el metro... Y es alucinante cómo lo aprenden todo.
—¿En qué te pareces tú a Roscón?
Roscón es exactamente igual que yo. Es fiestero, divertido, sociable, rápido, hiperactivo, creativo. Le gusta el karaoke, le gusta cantar, le gusta el escenario, le gusta hablar en público. Pues eso, se parece mucho a mí.
—¿Cuál es el mayor sacrificio que has hecho por él y que volverías a hacer mil veces?
Yo creo que… ninguno. Es que yo por mis hijos no hago sacrificios. Para mí, ser madre es una vocación. Me sale del alma. Y para mí, estar con Roscón es mi plan. El mejor. Hoy en día, lo cojo, me lo llevo en la moto y me lo paso como una enana. Es una persona con la que es muy divertido compartir la vida. Si te fijas, te darás cuenta de que todas las mamás de niños con discapacidad están muy ilusionadas y muy orgullosas de sus hijos. Al final, son grandes compañeros de vida. A mí me entristece mucho la discapacidad cuando implica inmovilidad... Roscón es plenamente feliz porque es superautónomo. Él ya quiere aprender a conducir, quiere hacer de todo. Pero yo sacrificios no he hecho.
Fe y metas
—Y tú, ¿cómo te cuidas? ¿Cómo superas los bajones?
Es que... tampoco los he tenido. O si han pasado, no los recuerdo. También te digo que las cosas malas se me olvidan enseguida. El único bajón que tuve fue por un problema de corazón, que teníamos que ir al cardiólogo, que había que operarle... Y eso sí que me impresionó. Pero yo es que siempre lo he llevado… fenomenal. Instagram está lleno de madres orgullosas de sus hijos con síndrome de Down. Somos reales.
—¿Qué papel juega la fe o la espiritualidad en vuestra casa?
Yo soy creyente, soy practicante, aunque, a lo mejor, no lo suficiente... Para mí, la fe es importante, pero no somos una familia extremadamente religiosa. Creo que lo más importante de la religión es ser buena persona. Y yo creo que soy buena persona y mi deseo es que mis hijos sean buenas personas y que tengan un gran corazón. Ese sería el resultado de ser personas con fe.
"Si tuviera que definir la familia que he construido con tres adjetivos, sería muy fácil: son buenos, son honrados y son familiares"
—¿Qué metas de autonomía ha alcanzado Roscón que te hacían especial ilusión?
Cómo consigue leer, cómo consigue ver la hora... Ahora estamos con las monedas, con el cambio de las monedas. "Si cobran esto y tú tienes tantos euros, ¿qué vueltas vas a recibir?". ¿Sabes? Escribir le cuesta, pero escribe bien. Es rápido en matemáticas. Con el deporte es alucinante. Es superhabilidoso con el fútbol, con el pádel… Y bailando es un crack; ha ido a clases de baile y me gustaría que fuera bailarín de teatro musical. Para mí sería mi ilusión. Creo que bailar es lo que de verdad le llena.
—¿Cómo vive él su propia identidad? ¿Es consciente de que es un referente para muchos jóvenes?
¡Claro! Él sabe perfectamente que es un ídolo de TikTok (risas). Habla a sus fans y es consciente de que tiene muchos, porque le paran por la calle. A veces me suelta: "Mamá, este fan es mío, no es tuyo". Pero sin ningún ego, sino con total naturalidad. Sabe que tanto él como yo somos personajes públicos y que tenemos que ser cariñosos con nuestros fans, porque nos quieren y porque son monísimos.
"La llegada de Roscón ha sido un premio de la vida. Siempre he pensado que mi vida ha sido mejor después de que Roscón llegara a ella. Y es verdad"
—¿Cómo vive el amor y la amistad? ¿Tiene su "pandi"?
Tiene dos mejores amigos, sus "intis", que son Tato y Lorenzo, que vienen muchísimo a Pedraza. De hecho, me los traigo casi todos los fines de semana. Y tiene también un grupo de amigos divertidísimos, aunque todavía no frecuenta mucho el ocio de Madrid. Hace más planes de familia. Me lo llevo conmigo a un coro, hago yoga con él, paseo por el campo, a veces monta caballo…
—Hablemos de futuro a largo plazo. ¿Te inquieta?
Yo no soy nada de ocuparme del mañana. Sí que lo tengo bastante organizado. Qué será para él, quién estará con él si no estoy… Yo no pretendo desaparecer ya, pero si desaparezco, está superorganizado todo. Aun así, tampoco tengo miedo al futuro. No pienso en él, me dejo llevar por el presente. Además, hay fundaciones maravillosas en España, como Provisalapar, Fundación Down, y un montón de sitios donde pueden encontrar trabajo, donde se siguen formando, donde son superfelices... Yo lo que quiero es que él sea feliz. Y que sea trabajador. Le quiero hacer trabajar un poco más porque, a veces, es un poco vago (risas). Lo pongo en el catering de camarero, de cocinero... Creo que él, de mayor, conseguirá ser un gran empleado, porque es la alegría de la huerta.
—La cocina es vuestro lenguaje común. ¿Qué es lo que cocináis juntos en casa y qué os gusta?
Ama el risotto. Y le encanta hacerlo porque le gusta comerlo... En realidad, todos mis hijos están obsesionados con mi risotto. O sea, que estamos mi marido y yo todo el día comiendo risotto (risas). También le gustan las patatas: las patatas fritas, las patatas fritas con huevo, la tortilla de patatas… Eso es lo que más se come en esta casa.
—En MasterChef vemos tu faceta más disciplinada. ¿Con tus hijos eres igual de estricta o tienen la llave para ablandarte?
Soy estricta también en casa. En realidad, soy "la estricta de la casa". Mi marido es más blando y me toca a mí tenerlos a todos a raya. Aunque, al final, al que obedecen es a Peru (mi marido).
—Celebrasteis el cumple de Roscón hace nada, ¿qué preparaste?
Risotto (risas) Así que, hice risotto otra vez. Para 30 niños con síndrome de Down. Había que dar de comer a un regimiento.
Club Deportivo Badajoz
—Si tuvieras que definir la familia que has construido con tres adjetivos, ¿cuáles serían?
Qué fácil: buenos, honrados y familiares.
—Antes hemos hablado de esa Samantha renovada que cambia de "curro", pero ¿cómo logras equilibrar tu carrera de éxito —los rodajes, tu empresa de catering, los eventos— con ser una madre presente en casa? ¿Cómo es ser Samantha Vallejo-Nágera y no desfallecer en el intento?
Pues yo siempre lo he dicho: haciendo tiempo de calidad con mis hijos, por supuesto, y teniendo en casa a alguien que me ayude, que es imprescindible. Eso se traduce en salir al campo, en intentar que haya menos tecnología en casa, en cocinar juntos, en viajar y disfrutar de la vida juntos. En ir a ver a mi madre, a mi familia, en hacer vida de familia con Colate, su tío favorito, al que adoran. Te diré que Roscón es del Badajoz en vez del Real Madrid.
—Para terminar, lanza un mensaje a esa madre que hoy tiene en sus manos el diagnóstico de su hijo y siente que el mundo se para.
Le diría que me escriba. "Escríbeme por Instagram, que me voy a tu casa a verte para darte un abrazo. Tienes un niño maravilloso". Lo importante es que nazcan estos niños, que cada vez nacen menos, y que hagan de sus familias, familias más felices. Con madres y padres muy orgullosos, hermanos protectores y todos muy buenas personas. Para mí fue —y es— un premio de la vida. Siempre he pensado que mi vida ha sido mejor después de la llegada de Roscón, y es verdad.
"No soy de ocuparme del mañana, pero sí que lo tengo bastante organizado. Qué será para él, quién se ocupará si no estoy… No tengo miedo al futuro"




















