Hay lugares que parecen existir fuera del mapa. Escenarios que, más que visitarse, se descubren con la boca abierta . Harbin, en el noreste de China, es uno de ellos.
No es simplemente un destino exótico: es una experiencia sensorial que te deja sin palabras y con la memoria del móvil llena de recuerdos brillantes. Cada año, entre enero y febrero, la ciudad se transforma en un reino de hielo y luz.
El gran protagonista es su festival internacional: un universo de esculturas monumentales talladas a mano y bañadas por millas de luces led. Castillos, templos, avenidas completas … Aquí, la imaginación no tiene límites.
El secreto está en el río Songhua , cuyas aguas heladas proporcionan los gigantescos bloques que los escultores convierten en obras de arte. Más de 10.000 personas trabajan para levantar estas catedrales de hielo que parecen desafiar el tiempo y el frío.












