José Luis Moro, de Un pingüino en mi ascensor

Entrevista a uno de los grupos más míticos de los 80

Un pingüino en mi ascensor nos habla del éxito de su nuevo tema, 'Por qué ya no salgo nunca en el ¡HOLA!'

José Luis Moro, la voz cantante de la banda, se dedica a la publicidad, pero en sus ratos libres escribe canciones tan divertidas cómo esta

por María Medina

Dice José Luis Moro, la voz cantante de Un pingüino en mi ascensor, que el secreto de su éxito -y el del músico Mario Gil- es, sencillamente, "hacer un poco lo que nos apatece, sin la presión de tener que triunfar para sobrevivir". El grupo de los 80 sigue en danza y en 2020, en plena pandemia, lanzó dos discos, uno en junio (El fascinante universo de Un pingüino en mi ascensor (volumen 1)) y otro en diciembre (Blanca y negra Navidad). Además, ha compartido con todos sus seguidores una serie de canciones, a cual más divertida. Una de ellas tiene como protagonista a la mismísima reina de Inglaterra, que se pregunta 'por qué ya no salgo nunca en el ¡HOLA!', una letra de lo más ingeniosa, acompañada de una melodía muy pegadiza, que triunfará, sin duda, en los próximos conciertos de Un pingüino en mi ascensor, porque José Luis, que se dedica a la publicidad y en sus ratos libres a la música, desea "que algún día podamos volver a los conciertos tal como eran"

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- La pandemia os alejó físicamente de vuestro público, pero seguisteis trabajando y ya hemos  escuchado algunas de 'las canciones compuestas durante la pandemia', como decís en vuestras redes, y no pueden ser más divertidas. Es admirable que en un momento así, de tanta incertidumbre, no perdierais vuestra esencia. ¿Podemos decir que la música os salvó?
La verdad es que tenemos la suerte de que la música para nosotros es una actividad semi profesional. Vivimos de hacer otras cosas, y no hemos tenido la sensación de tener que ser salvados. En mi caso, sin que sepa explicar muy bien por qué, lo que sucedió es que el comienzo de todo esto supuso una excusa para volver a escribir canciones, cosa que tenía bastante abandonada. De hecho, desde nuestro último disco con canciones originales, que se publicó en 2014, apenas si había compuesto más de cinco, vamos a una canción por año, un ritmo un poquito lamentable. Pero con la llegada de la pandemia me volvió a entrar el gusanillo, y en el año que llevamos con el virus he escrito más de 20 temas nuevos. Imagino que la mayoría serán desechables, pero algo bueno habrá, digo yo, así que, no sé si tanto como salvarnos, pero desde luego, ha supuesto un entretenimiento estupendo.

- ¿Cuándo saldrá a la venta vuestro nuevo disco para salvarnos a todos?
Jajajaja, el año pasado, en plena pandemia hemos publicado dos discos nuevos, en formato vinilo de siete pulgadas con cuatro canciones cada uno. El primero salió en junio, El fascinante universo de Un pingüino en mi ascensor (volumen 1) y en diciembre, Blanca y negra Navidad, un disco de villancicos a nuestro estilo. Ahora mismo tenemos dos proyectos de disco diferentes. Espero que al menos uno de ellos vea la luz antes de fin de año.

- ¿Cómo os imagináis el primer concierto post pandemia de Un pingüino en mi ascensor?
Uf, pues hay muchas ganas. Nuestro último concierto antes del confinamiento fue el 29 de febrero de 2020 en la sala El sol de Madrid, y es difícil imaginar que pueda repetirse un concierto así en mucho tiempo, con una sala abarrotada de gente saltando y cantando a voz en grito a la vez, sin mascarilla ni miedos de ningún tipo. Durante los dos meses de Estado de alarma más estricto, como era imposible juntarnos Mario y yo, decidí hacer conciertos virtuales que retransmitía por nuestras redes sociales todos los sábados por la noche. Hicimos ocho y creo que sirvieron para levantar un poco el ánimo a quienes los veían. Durante la pandemia solo hemos actuado una vez, el 28 de diciembre en el Teatro Calderón de Madrid. La ventaja de actuar en espacios así es que el sonido es mucho mejor que en las salas en las que actuamos habitualmente, pero no es lo mismo, con la gente sentada y todo eso. Desde luego, en mi carta a los Reyes, me gustaría que algún día podamos volver a los conciertos tal como eran. Ojalá.

- Una de las canciones compuestas durante la pandemia es Por qué ya no salgo nunca en el ¡HOLA!. En ella te metes en la piel de la reina de Inglaterra, ¿cómo surgió este tema tan divertido?
Durante la pandemia me vi la cuarta temporada de The Crown, así que tenía muy presente a la reina Isabel. Y por otro lado, en mi casa se sigue comprando religiosamente el ¡HOLA! todos los miércoles, así que imagino que una cosa llevó a la otra.

- ¿Estás al día de la actualidad 'rosa' o eres como Isabel II que se pregunta en tu canción quién es David Bustamante o Ana Obregón?
Jajajaj, pues la verdad es que no estoy muy puesto. Cada día conozco a menos de los que salen en la revista. Me reconforta mucho cuando sale Isabel Preysler o alguien famoso de toda la vida y no me siento tan desfasado.

- Ahora la reina de Inglaterra está de plena actualidad por la polémica entrevista de su nieto Harry y Meghan Markel... ¿ellos te inspiran alguna canción? 
Bueno, creo que voy a dejar tranquila a la monarquía británica una temporada, a ver si van a pensar que estoy obsesionado o algo y me niegan la entrada en esa isla que mola tanto.

- ¿Te hubiera gustado ser el protagonista de alguna portada de nuestra revista?
Jajajaja, espero que no la verdad. Siempre me he sentido supercómodo en mi papel de famoso de tercera fila.

- ¿Lees habitualmente el ¡HOLA!?
Sí, aunque confieso que me pierdo un poco, porque ya no sé quién es casi nadie. Mi sección favorita es la del principio, cuando la hija de un magnate de la mantequilla de cacahuete nos enseña su pequeño refugio en las Montañas Rocosas, que resulta ser una mansión fabulosa con perros de porcelana por todos lados. Me apasiona. Bueno, y también soy muy fan de 'Mundo singular'.

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- El 6 de enero asaltaron El Capitolio y el 17 de enero ya estabas compartiendo con todos tus seguidores una canción sobre este suceso. ¿Todas las canciones de Un pingüino en mi ascensor se crean así, casi de la noche a la mañana?
Pues lo cierto es que siempre he huido un poco del humor coyuntural. Me suele gustar más escribir sobre cosas intemporales, pero a veces, la tentación surge y no me puedo resistir. En el caso del Capitolio, me pareció tan exótica la indumentaria de los asaltantes que salió sola.

- También has compuesto una canción sobre la polémica de los youtubers que viven en Andorra y en el 'videoclip' apareces con una camiseta de Guadarrama. ¿Dónde mejor se vive es en Madrid?
Hombre, yo soy de Madrid, siempre he vivido aquí y adoro mi ciudad, con todos sus defectos y virtudes. Pero dicho esto, yo creo que Andorra debe ser un sitio estupendo para vivir. De hecho, mucha gente ha malinterpretado esa canción, pensando que era una crítica a Andorra. En realidad la escribí después de leer las declaraciones de un youtuber que decía literalmente: “Tampoco te creas que vivir aquí es la panacea”. Me pareció muy gracioso que alguien que se puede ir a vivir a un lugar paradisíaco se dedique a dar excusas. Desde mis primeras canciones de los 80 me gusta ponerme en la piel de alguien y cantar como si fuera él. He sido Juan Valdés en Mi café o un jubilado harto de que le arrinconen en una residencia en El balneario, pero lo que canto no refleja necesariamente mi opinión.

- ¿Crees que con ingenio y humor se puede hablar de cualquier tema?
Hombre, siempre hay límites, pero creo que hay demasiada corrección política mal entendida. Hace poco leí una entrevista a una humorista americana a la que acusaban de ser a veces demasiado ácida, que decía una cosa preciosa: “Por favor, no nos quitéis el humor, es lo único que nos reconforta un poco de todo el dolor que hay en esta vida”. 

- Las canciones compuestas durante la pandemia vienen acompañadas de unas grabaciones caseras en las que te vemos rodeado de auténticos objetos de coleccionista. ¿Qué podemos encontrar en tu casa?
Jajajaja, tengo un pequeño síndrome de Diógenes mal controlado. Colecciono muchas tonterías, sobre todo, cosas que me gustaban de pequeño, álbumes de cromos de los años 70 y 80, recortables de indios y vaqueros, dispensadores de caramelos PEZ, y por supuesto, pingüinos, la gente me los empezó a regalar cuando le puse nombre al grupo y acabé coleccionándolos.

- Aunque estudiaste Derecho y el éxito te llegó con la música, ahora eres uno de los creativos publicitarios más premiados del país. ¿Qué tienen en común la música y la publicidad?
Bueno, en los dos casos lo que haces es crear algo que pretende impactar de alguna manera en la gente. Lógicamente, la música es mucho más libre, no tratas de vender nada, simplemente de contar una historia o transmitir un sentimiento. En la publicidad esa historia tiene un objetivo, que es conseguir que alguien compre un producto y simpatice con una marca. Pero con cada una de ellas he aprendido cosas que me han servido para la otra. El pop te obliga a sintetizar muchísimo lo que quieres contar y expresarlo de una forma pegadiza, y eso es exactamente lo que tienes que hacer cada vez que quieres que una campaña funcione. Por otra parte, lo que he aprendido en publicidad me ha enseñado a entender que un artista es como una marca, necesita tener muy clara su personalidad, qué es aquello que tiene que lo hace distinto y hace que la gente le admire.

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- ¿Tienes el mismo 'modus operandi' a la hora de crear tus canciones y tus campañas publicitarias?
Es parecido. Al final es dar con una idea y trabajarla hasta que se convierte en algo que tiene sentido y tiene posibilidades de conectar con la gente. En ambos casos, todo consiste en tirarse mucho tiempo dándole vueltas a algo. La inspiración surge solo después de horas de trabajo. Aunque en mi caso, tengo la enorme suerte de que me encantan ambos trabajos.

- ¿De qué canción te sientes más orgulloso? ¿De qué campaña te sientes más orgulloso?
Uf, eso es como que te hagan elegir solo a uno de tus hijos. Es complicado. Pero si no hay más remedio me quedo con El sangriento final, de Bobby Johnson. De mi trabajo en publicidad tengo especial cariño a un anuncio que hice con Georgie Dann para la marca de coches Galloper, aunque me siento orgullosísimo de casi todo lo que estamos haciendo ahora mismo en Pingüino Torreblanca, como la pieza de Tarifa que acabamos de lanzar para PepePhone.

- La nostalgia por los 80 no se desvanece con el paso del tiempo. Un pingüino en mi ascensor debutó en 1987, ¿qué añoras de aquellos años y qué prefieres olvidar?
Fueron años muy divertidos, recorrer el país para actuar cada día en un pueblo en una provincia diferente fue una experiencia genial. Y la verdad es que no hay nada que quiera olvidar, de hecho, me he olvidado de un montón de cosas que me encantaría recordar, jajajaja.

- ¿Qué música escucha José Luis Moro?
Soy bastante ecléctico en mis gustos musicales. Me encanta el pop inglés de finales de los 70 y principios de los 80, los grupos de la New Wave y los nuevos románticos, me gusta el soul americano y el tecno pop alemán de los 70 y 80.  Escucho mucha música española de los 80, los grupos que me hicieron soñar con ser estrella del pop: Alaska y los pegamoides, El Aviador Dro, La mode, Los Nikis, Mamá, Nacha Pop... Ah, y tengo una playlist recurrente con temazos de Mocedades, Rocío Durcal, José Luis Perales, Julio Iglesias o Nino Bravo. Los viernes, al acabar de cenar, les digo a todos que se vayan y me quedo recogiendo la mesa mientras canto a voz en grito Y cómo es él.

- Si tuvieras que poner un eslogan a tu vida, ¿cuál sería? ¿Y una banda sonora?
Nunca te tomes demasiado en serio a ti mismo. ¿Banda sonora? No sé, quizá Quiero ser un bote de Colón, de Alaska y los pegamoides.

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