Rubén Cortada cumple 42 años, este 6 de octubre, en un momento especialmente dulce de su carrera. El actor vuelve a ponerse en la piel de Ramiro Arribas en Sira, la continuación de El tiempo entre costuras, protagonizada de nuevo por Adriana Ugarte y presentada hace apenas unos días en el Festival de San Sebastián.
Más de una década después de aquella serie, Cortada recupera a uno de los personajes que impulsaron su popularidad en España y con el que ni siquiera esperaba reencontrarse. “Como actor, siempre es un placer reencontrarte con personajes así y volver a viajar con ellos”, ha confesado. Y es que, según ha contado, durante la primera serie llegaron a pedir permiso a María Dueñas para matar a Ramiro, pero la publicación de la segunda novela cambió su destino: "¿Qué otro enemigo más íntimo que Ramiro para esta segunda temporada? No me imagino a otro villano”.
Aunque ha desarrollado en España buena parte de su carrera, con series como El Príncipe, Olmos y Robles u Operación Barrio Inglés, además de películas como El cuarto pasajero, hay un rincón de Cuba al que la biografía de Rubén Cortada permanece inevitablemente unida: la Isla de la Juventud, donde nació y pasó su infancia. Allí jugaba al tenis, comenzó a interesarse por la interpretación y descubrió los paisajes a los que sigue regresando siempre que puede. Seguimos sus pasos hasta este desconocido paraíso caribeño para descubrir qué tiene esta isla que sigue llevándole de vuelta a casa.
Isla de la Juventud, un tesoro natural
Al sur de la isla principal de Cuba y separada de ella por el golfo de Batabanó, la Isla de la Juventud es la segunda mayor del archipiélago cubano. Durante siglos fue conocida como isla de Pinos —nombre que mantuvo hasta 1978— y su relativo aislamiento ha contribuido a conservar buena parte de su naturaleza. Apenas 2.400 kilómetros cuadrados en los que se suceden pequeñas sierras, pinares, humedales, manglares, cuevas, arrecifes y playas que siguen lejos de las grandes rutas turísticas del Caribe.
Uno de los paisajes que Cortada guarda especialmente en la memoria es el del Hotel Colony, en la costa occidental. Muy cerca se encuentra el Parque Natural Punta Francés, uno de los grandes tesoros naturales de la isla y también uno de los mejores enclaves de Cuba para practicar submarinismo. Entre Punta Pedernales y Punta Francés se localizan 56 puntos de inmersión, con paredes de coral, gorgonias, esponjas, cuevas, pasadizos y túneles submarinos. En tierra esperan kilómetros de costa prácticamente virgen y playas de arena clara rodeadas de vegetación.
Una historia sorprendente
Pero la isla donde creció Rubén Cortada tiene también una historia sorprendente. Cerca de Nueva Gerona, su pequeña y tranquila capital, se encuentra el Presidio Modelo, la enorme prisión construida en los años 20 siguiendo el modelo panóptico, con grandes edificios circulares de celdas y una torre de vigilancia central. Por allí pasaron numerosos presos políticos y, después del asalto al cuartel Moncada, también Fidel Castro y otros revolucionarios cubanos.
Muy cerca está la finca El Abra, donde permaneció confinado en 1870 un jovencísimo José Martí antes de partir hacia España y que hoy funciona como museo. Hacia el interior aparece otro rincón singular, la Jungla de Jones, un jardín botánico nacido a principios del siglo XX que reúne especies vegetales procedentes de distintos lugares del mundo.
Bosques, manglares y playas
La naturaleza se vuelve todavía más salvaje conforme se avanza hacia el sur. La ciénaga de Lanier actúa como una gran frontera natural entre las dos mitades de la isla y da paso a un territorio de bosques, manglares y espacios protegidos. En la costa sureste se esconden las cuevas de Punta del Este, declaradas Monumento Nacional y uno de los conjuntos de arte rupestre precolombino más importantes de Cuba. Sus pictografías, algunas formadas por círculos concéntricos, han sido relacionadas con la observación del sol y el paso del tiempo.
Y luego están las playas. Las del norte son pequeñas y de arenas oscuras o grisáceas, mientras que en el sur aparecen largas extensiones de arena blanca frente a fondos coralinos, como Punta Francés. Un contraste que resume bien una isla todavía poco conocida fuera de Cuba.
Cayo Largo y las tortugas marinas
Más hacia el este, ya dentro del mismo archipiélago de Los Canarreos, se encuentra Cayo Largo del Sur, otro paraíso de arenas blancas y aguas transparentes, con playas como Sirena, Paraíso o Blanca y espacios donde las tortugas marinas encuentran zonas de anidación. Un último paisaje caribeño para entender por qué, después de tantos años viviendo lejos de Cuba, Rubén Cortada sigue teniendo aquí uno de esos lugares a los que siempre se vuelve.











