La India no es solo un destino; es un mosaico de sensaciones que despierta los sentidos y toca por dentro. Juana Acosta lo ha descubierto en un viaje para una vez en la vida que combina historia, espiritualidad y belleza natural. Tres paradas a muchos kilómetros de distancia una de otra que no solo acercan a los lugares más emblemáticos del país, también ofrece experiencias auténticas e inolvidables. Seguimos su itinerario.
La capital fue la primera parada de la actriz en la India. Desde el mismo instante que aterrizó en ella, tras un vuelo directo con España de entre 9 y 10 horas, se dejó envolver por su energía. “Delhi es pura vitalidad y aunque puede ser caótica, abrumadora y desafiante, también es increíblemente generosa y acogedora; la gente, la comida, los sonidos, los olores... Todo es vibrante y auténtico. La amas o la odias. Yo la amé y ya estoy deseando volver”, compartió en sus redes sociales.
Ese mosaico de contrastes no deja indiferente a nadie que viaja allí: mercados bulliciosos donde los vendedores ofrecen especias, telas y artesanías a viva voz; templos y mezquitas históricas que muestran siglos de historia; y calles llenas de vida.
Recorriendo el Fuerte Rojo, una impresionante fortaleza de arenisca roja con palacios, jardines y murallas impresionantes, Patrimonio de la Humanidad—, la enorme mezquita Jama Masjid, el minarete más alto de la India —también la lista de la Unesco— o la tumba del emperador mogol Humayun se percibe la grandiosidad de un pasado imperial.
Pero, además de los grandes monumentos de esta ciudad enorme y llena de historia, hay que experimentar la intensidad cotidiana de la ciudad, como hizo la actriz, y adentrarse en Connaught Place y los callejones del centro moderno. Perderse en estos laberintos urbanos, probar la comida callejera más auténtica —chaat, parathas y samosas— y observar cómo la vida se despliega en cada esquina es imprescindible en cualquier itinerario por Delhi. Para moverse, lo mejor es coger el metro, subirse a los típicos rickshaw, como hizo Juan Acosta, o ir a pie, sobre todo en áreas como el viejo Delhi.
AGRA Y EL TAJ MAHAL
La segunda parada de Juana Acosta en India fue la ciudad de Agra, a 220 kilómetros al sur de Delhi, para visitar una de las 7 Maravillas del Mundo moderno: el Taj Mahal. Y lo corrobora la actriz: “Sí, es una maravilla del mundo. Y no, no es IA”. Cuatro siglos han pasado desde la construcción de este monumento al amor mandado levantar por un desconsolado emperador en memoria de su esposa, fallecida repentinamente en 1631, que atrae cada año a millones de visitantes. Entre cúpulas, minaretes, jardines con estanques, pabellones, salones de mármoles y filigranas, se descubren las tumbas del emperador y la reina.
El conjunto, declarado Patrimonio de la Humanidad, es el icono más reconocible de Bharat, como ha pasado a llamarse la India recientemente. Un día se necesita para visitarlo en su totalidad —excepto los viernes, que cierra porque es día de oración—, y de paso disfrutar de las diferentes tonalidades con el cambio de la luz según avanza el día.
Agra es famosa por el Taj Mahal, pero la ciudad tiene otras maravillas para explorar, como los jardines de Mehtab Bagh, que quedan frente a él, cruzando el río Yamuma; la tumba Itimad-ud-Daulah —la versión en miniatura del gran monumento, menos concurrida—; el antiguo fuerte mongol Agra Fort, también en la lista de la Unesco, y los bulliciosos mercados de Sadar Bazaar o Kinari Bazaar, donde comprar recuerdos, especias, tejidos y artesanía en mármol tallado.
Durante su viaje, Juana también se detuvo a contemplar la belleza natural que la rodeaba y compartió fotos con “mis flores favoritas estos días… En India son una forma de conectar el mundo terrenal con lo divino”.
GOA, PLAYA Y RETIRO
Después de esos momentos de contemplación, Juana Acosta decidió continuar su aventura en la costa occidental de la India, concretamente en Goa, a tres horas en avión de Agra y de Delhi. Un estado a orillas del mar Arábigo de playas paradisíacas y numerosos centros de meditación, como el de Ravi Yoga, donde la actriz pasó unos días maravillosos haciendo un retiro espiritual y de relajación.
“Una semana de yoga y meditación frente al mar (con la visita de nutrias y delfines por las mañanas), comida ayurvédica, tiempo para mí, sin teléfono, sin redes sociales; caminatas por la playa, lectura, descanso, encuentros con gente muy especial y ángeles que se atraviesan en el camino. Parar, resetear, respirar… ¡Tan necesario! Quiero volver todos los años, es el mejor regalo que me he podido dar”.
Con las pilas cargadas tras vivir esta experiencia transformadora, la actriz compartió sus sensaciones: “Regreso a casa como nueva, con ganas de abrazar este 2026 que para mí empieza ahora”. Y para despedirse, el saludo tradicional: namasté.



















