Llegar al castillo de Coca es casi un ejercicio de sorpresa. En mitad de una llanura amplia, sin una colina que lo defienda ni un río caudaloso que lo abrace, aparece una fortaleza monumental construida en ladrillo. A primera vista rompe muchos de los tópicos que solemos asociar a los castillos medievales, y quizá por eso la visita resulta tan especial.
Para entender de un vistazo su importancia, basta con rodearlo despacio, observar sus torres angulares, el foso seco y la imponente torre del homenaje. Solo así uno se da cuenta de que estamos ante una obra pensada tanto para impresionar como para resistir.
UN POCO DE HISTORIA PARA SITUARNOS
La construcción del castillo se remonta a finales del siglo XV y fue promovida por la poderosa familia nobiliaria Fonseca, muy cercana a la Corona, que quería levantar una residencia fortificada acorde a su estatus. En concreto, fue mandado construir por don Alonso de Fonseca, arzobispo de Sevilla, con el apoyo del rey Juan II de Castilla.
Aunque su apariencia es claramente militar, con foso y cuatro líneas defensivas, lo que le hace impenetrable, el castillo nunca estuvo destinado a soportar asedios, fue más una demostración de poder que una necesidad real de defensa. Y como tal, levantado por los mejores artesanos mudéjares.
A lo largo de los siglos ha tenido usos muy variados. Ha sido fortaleza señorial, prisión, escuela e incluso centro de formación especializada, función que mantiene en la actualidad. Gracias a esa continuidad de uso, se conserva en un estado excepcional.
UN CASTILLO DE LADRILLO
Lo primero que llama la atención del castillo de Coca es su material de construcción. Aquí no hay grandes bloques de piedra, todo es ladrillo: los muros, las torres, las almenas… Eso hace que tenga un aspecto muy distinto al que solemos imaginar, con un color y una textura que llaman la atención desde lejos. Es la forma de construir tan característica de la zona, manda la tradición mudéjar, que le da personalidad propia.
El acceso al castillo lo hacemos cruzando un puente que salva el foso seco que lo rodea y desemboca directamente en el patio de armas, un espacio amplio que hace de distribuidor del resto de estancias. La visita es guiada (castillodecoca.com, 3 €) y durante alrededor de una hora conocemos su historia, entendemos cómo se construyó y descubrimos algunos detalles curiosos, como las figuras geométricas que forman los ladrillos –poco habitual en castillos militares– o sus pequeños pasadizos secretos.
El recorrido pasa por el patio, varias salas interiores –algunas con pinturas murales y decoración con motivos en rojo, negro y otros colores sobre estuco, ejemplo de la ornamentación mudéjar– y termina con la subida a la torre del homenaje, la parte más reconocible del conjunto. Desde arriba se contemplan amplias vistas del entorno, que se disfrutan aún más cuando el sol resalta los tonos del ladrillo. La subida no es especialmente dura, aunque hay bastantes escalones, por lo que conviene tomársela con calma y llevar calzado cómodo.
Aparte del castillo, la Cauca romana, cuna del emperador Teodosio, conserva un lienzo de muralla y la puerta de la Villa, la torre románica de San Nicolás y, sobre todo, los espléndidos sepulcros de la familia Fonseca, en la iglesia gótica de Santa María.
Y después de verlo todo, frente al castillo de Coca está Vacceos (restaurantevacceos.com), un buen restaurante que fusiona la cocina tradicional con sabores asiáticos para degustar y reposar todo lo visto.
OTROS CASTILLOS CERCANOS PARA ENLAZAR UNA RUTA
La escapada a Coca se puede aprovechar para descubrir también otras fortalezas que quedan próximas, muy distintas, pero unidas por siglos de historia:
Castillo de Cuéllar
Muy ligado a la historia de la realeza castellana, el castillo de Cuéllar, a unos 30 kilómetros de Coca, es un conjunto monumental impresionante, con torres góticas y románicas, un amplio patio de armas y galerías renacentistas que aportan finura al palacio. Fue usurpado por Enrique IV a su hermanastra Isabel, la futura reina Católica, y entregado a su favorito, don Beltrán de la Cueva, primer Duque de Alburquerque. Actualmente, pertenece a la Casa Ducal, aunque se ha cedido para albergar un instituto, la oficina de turismo y diversas actividades culturales.
Castillo de Íscar
La gran torre del homenaje es el centro de este castillo vallisoletano, a solo 35 kilómetros de Coca, adaptado al cerro en el que lo mandó levantar Pedro de Zúñiga, segundo conde de Miranda del Castañar, y con excelentes vistas sobre el mar de pinares. Se cuenta que Alfonso XI acabó con la vida de un escudero del alcalde, por negarse, desde lo alto de la torre, a darle albergue cuando cazaba por los alrededores. Hay visitas guiadas los fines de semana y también teatralizadas (villadeiscar.es).
Castillo de Turégano
A unos 45 kilómetros se encuentra este castillo, cuya principal singularidad es que alberga en su interior una iglesia románica, la de San Miguel, con su espadaña incluida. Fue donado en su día por la reina Urraca a la iglesia de Segovia y, además, llama la atención por su curioso color rosado. Se puede visitar de jueves a domingo y festivos, y se contempla tranquilamente desde alguna de las terrazas de la plaza porticada del pueblo.












