ESCAPADA DE INVIERNO

El bonito pueblo de Teruel donde es imposible pasar frío en invierno por lo mucho y bien que se come


Trufas negras, jamón de la DOP Teruel y caviar de esturiones criados en el río Mijares. Mal no se come en la sierra de Gúdar, en el extremo y gélido sur de Aragón. Para entrar aún más en calor, trufiturismo, senderismo o esquí en Javalambre-Valdelinares.


castillo de mora de rubielos, Teruel© Andrés Campos
26 de enero de 2026 - 10:00 CET

Teruel es una de las provincias más altas y gélidas de España, con récords de temperaturas negativas escalofriantes, de hasta -30 grados. Teruel capital, Calamocha y (ya en la vecina Guadalajara) Molina de Aragón forman el llamado Triángulo de Hielo, donde más rasca hace de todo el país. Y en la sierra de Gúdar, en el sureste de Teruel, tampoco es que haga calor: el 12 de enero del 2021, tras el paso de la borrasca Filomena, los termómetros casi se rompen por debajo: ¡midieron -28,3 grados! En la sierra de Gúdar está Mora de Rubielos, un precioso pueblo donde es imposible pasar frío, no porque no lo haga, sino porque propios y extraños ingieren allí una cantidad enorme de calorías. Y todas ellas, excelentes: trufas negras, jamón de la DOP Teruel, caviar, ternasco de Aragón, suspiros de Mora, rollos embusteros… Prueba de lo mucho y bien que se come en Mora de Rubielos es que este ha sido el primer municipio aragonés admitido en la Red de Pueblos Gastronómicos de España (pueblosgastronomicos.com). 

buscando trufas con un perro bajo encinas micorrizadas cerca de mora de rubielos, Teruel© Andrés Campos

LAS TRUFICAS DEL RÍO PILAS

Desde la capital turolense se llega rápidamente a Mora de Rubielos por la autovía Mudéjar (A-23), desviándose en el kilómetro 92 y avanzando un corto trecho por la A-232. A ambos lados de la carretera, se ven bosquetes de pequeñas encinas que crecen ordenadamente, en filas e hileras. No es que el riguroso clima las impida desarrollarse más. Ni son repoblaciones forestales. Son cultivos de árboles micorrizados que, al octavo año de haberse plantado, empiezan a producir trufas negras (Tuber melanosporum) y a generar importantes beneficios de todos los que se mueven alrededor de ellas, porque por un kilo se llegan a pagar hasta 600 euros.

trufas negras en las truficas del río pilas, en mora de rubielos, Teruel© Andrés Campos

Raro es el que no tiene en la sierra un campito y un perro adiestrado para buscar este tesoro invernal. Y raro el viajero que, nada más llegar a Mora de Rubielos, no se acerca a la tienda de Las Truficas del Río Pilas, junto a la plaza Mayor, para ver, oler y comprar trufas negras frescas –son un producto de invierno, insistimos– o cualquiera de las cien cosas que aquí hacen con ellas: mermelada, aceite, sal, chocolate, miel, queso, escalivada, mousse de foie, delicias de champiñón, salsa tartufata, brandy para cocinar… El diminutivo truficas es muy aragonés. No significa que sean pequeñas, ni que estén tiradas de precio. La botella de ginebra con trufa negra, por ejemplo, cuesta 100 euros. Claro, que huele a gloria bendita. Así debe de oler en el cielo de los perros truferos. Se nota que esta empresa familiar no usa aromas alimentarios, como hacen otros, sino trufas de verdad.

cristina, del horno de mora, con los rollos embusteros típicos de mora de rubielos, Teruel© Andrés Campos

TRES ROLLOS EMBUSTEROS Y DOS MONUMENTOS TREMENDOS

En la misma plaza Mayor está El Horno de Mora, que es un buen lugar para entrar en calor comiéndose a pellizcos un pan cocido en horno de piedra, unos suspiros de Mora –dulce típico a base de huevo, mantequilla, azúcar y queso– o un rollo embustero. La capa exterior caramelizada de este último puede hacer pensar que es una bomba empalagosa. Craso error: por dentro está hueco; de ahí, su nombre. Mejor, así podemos comernos con la conciencia tranquila dos o tres, mientras van llegando a la cercana Oficina de Turismo (Diputación, 2) los que se ha apuntado con nosotros ­a la visita guiada de la población que empieza a las 11,15. Una visita de casi dos horas que conduce con risueña sabiduría Consuelo Blesa, la responsable de la oficina, y que incluye dos monumentos tremendos: la excolegiata de Santa María la Mayor y el castillo-palacio de los Fernández Heredia.

excolegiata de santa maría, vista desde el castillo, mora de rubielos, Teruel© Andrés Campos

La excolegiata es a todas luces excesiva para un vecindario de 1752 habitantes, aunque todos fueran a misa: tiene la segunda nave gótica más ancha de España, después de la de Girona –¡23 metros!–. Pero el monumento más grande de Mora y de toda la comarca Gúdar-Javalambre es el castillo que señorea la población, de finales del siglo XIV, que tiene un patio porticado de arcos ojivales magnífico, de 800 metros cuadrados. Y también es el más entretenido de visitar, porque alberga la mayor colección mundial de máquinas de asedio, con un centenar de fieles reproducciones de arietes, catapultas, balistas, trabuquetes…

rubén arenere cortando jamón de la dop teruel en restaurante el rinconcico, mora de rubielos, Teruel© Andrés Campos
Rubén Arenere cortando jamón en El Rinconcico.

‘COMIDICA’ EN EL RINCONCICO

De tanto subir y bajar escaleras en el enorme castillo, se despierta un apetito rugidor, por mucho rollo, suspiro y pan tradicional que se haya desayunado. Para calmar a la fiera estomacal, nada como el restaurante El Rinconcico (elrinconcico.com), donde a pesar del diminutivo, se come mucho y fabuloso. El dueño, Rubén Arenere, nos recomienda probar las “huevicas” de los “esturioncicos” que se crían en el río Mijares ahí al lado, en el vecino municipio de Sarrión. O sea, caviar. O “caviarico”, como lo llama Rubén. En El Rinconcico lo sirven sobre unos huevos fritos con parmentier de patata y tocino, y, tras revolverlo todo bien, el plato no puede ser más suculento ni estar más rico. Está tan, tan, tan rico, que el resto de las cosas que va proponiendo y sacando Rubén –el carpaccio de magret de pato con foie, el potaje de garbanzos de Miguel, la paletilla de ternasco de Aragón al horno, las manitas de cerdo con salsa de setas, la tarta de queso y el sorbete de gin tonic– se quedan en ricas-ricas, nada más. La Guía Michelin recomienda este restaurante como Bib Gourmand por su buena relación calidad-precio y no le otorga una de sus codiciadas estrellas porque no es un sitio sofisticado. 

secadero de jamones sierra de mora, en mora de rubielos© Andrés Campos

PASEANDO ENTRE GIGANTES Y JAMONES

Después de comer siete platos en El Rinconcico e inferir que es lo habitual en estos lares, porque en otras mesas hacen lo mismo, al viajero no le extraña lo grandes y fornidos que son muchos de los vecinos que se encuentra dando un paseo digestivo por el casco antiguo, tanto que a duras penas caben por las puertas de la antigua villa amurallada: el portal de la Cabra, el de Alcalá, el Nuevo de Rubielos… El grandullón que todos los días pasa raspando por estos arcos diez o doce veces y se para otras tantas en la plaza de la Villa a charlar con algún vecino –a “echar un capazo”, como dicen en Aragón– es Hugo Arquímedes Ríos, el alcalde. Aunque, para grandes y fornidos, los propietarios del secadero Sierra de Mora (La Soledad, s/n), a donde Hugo Arquímedes Ríos, como experto que es en su pueblo, nos aconseja acercarnos antes de abandonar la localidad para llenar el maletero de jamones de Teruel. “Jugaron al balonmano”, explica el alcalde, “deporte para el que los moranos tenemos un físico adecuado y por el que sentimos una afición tremenda: aquí hay 140 jugadores federados”. Realmente impresiona verlos: a ellos y a los jamones que cuelgan de las altas perchas y estanterías. En Mora hay cuatro secaderos como este, en los que se curan ¡150.000 jamones!

lonja del ayuntamiento, mora de rubielos, Teruel© Andrés Campos

CENA Y A LA CAMA (DESPUÉS DE VER ESTRELLAS)

El final de un día gastronómico casi perfecto es cenar en Masía La Torre (masialatorre.es) y hacerlo saboreando unas migas, una paletilla de ternasco y un coulant de turrón con helado de chocolate blanco. Luego, antes de irse a la cama en este espléndido hotel campestre, a dormir –o a lo que sea– en un silencio de cámara acorazada, merece la pena salir un rato para observar uno de los cielos más estrellados de España, que por algo este rincón de Teruel tiene la certificación de Reserva y Destino Starlight desde 2016. Para esto último, para observar las estrellas, hay 24 miradores en la comarca Gúdar-Javalambre y uno de ellos está a solo cuatro minutos en coche de Mora de Rubielos, en el kilómetro 19 de la carretera A-228, junto al embalse de las Tosquillas.

Lechazo, Mora de Rubielos, Teruel© @trufa_negra
Lechazo al horno.
Dulce del restaurante Melanosporum, Teruel© @trufa_negra
Dulce del restaurante Melanosporum.

Otro final perfecto es cenar en Melanosporum, el restaurante del hotel La Trufa Negra (latrufanegra.com), que también es un buen alojamiento, más urbano que el anterior, de más categoría –cuatro estrellas–. El menú degustación consta de ocho pases, todos con trufa negra. Si somos carnívoros, nos encantará el lingote de ternasco de Aragón sobre parmentier de chirivía, con salsa Périgord y trufa negra. Si somos más de pescado que de carne, el lomo de esturión de Sarrión con salsa de apio y cava al gratén de trufa negra.

visitante con trufas negras en las truficas del río pilas, mora de Rubielos, Teruel© Andrés Campos

Y si somos curiosos, nos apuntaremos en la recepción del hotel para ir al día siguiente a ver cómo se buscan las trufas del menú. La búsqueda de este tesoro invernal se realiza con perros adiestrados en la Masía El Olmo y el éxito está garantizado porque esta comarca es la principal productora de trufa negra del mundo.

Estación de Javalambre, Teruel© Shutterstock
Estación de Javalambre.

DE MORA DE RUBIELOS A RUBIELOS DE MORA

Al día siguiente también podemos ir a esquiar o a tirarnos en trineo en la estación de Javalambre-Vadelinares, que en realidad son dos, una situada a 40 kilómetros al suroeste de Mora de Rubielos y otra a 27 al noreste. Ambas son pequeñas y familiares. Para esquiadores novatos, es mejor Javalambre. Para los de cierto nivel, Valdelinares. Otro plan movido, ideal para no quedarse frío, es hacer senderismo: hay más de 600 kilómetros de caminos señalizados en la comarca de Gúdar-Javalambre. Siguiendo las marcas blancas y amarillas del sendero PR TE-148: Pico de la Olmedilla, que empieza y acaba en el punto kilométrico 24,700 de la carretera A-228, entre Mora de Rubielos y Alcalá de la Selva, veremos dos lugares alucinantes: la cascada de la Hiedra y el Arco, un peñasco de roca caliza en el que la erosión ha abierto una ventana monumental. Es un itinerario circular sencillo de 8,6 kilómetros y unas cuatro horas de duración. 

Calle de Rubielos de Mora e iglesia de Santa María, Teruel© Shutterstock
Calle e iglesia de Santa María de Rubielos de Mora.

¿Y no hay un plan tranquilo? Sí, sí lo hay: conocer Rubielos de Mora, que está a solo 10 minutos en coche de Mora de Rubielos y es uno de Los Pueblos más Bonitos de España (lospueblosmasbonitosdeespana.org). Tampoco se come mal. Sobre todo, en Portal del Carmen (rubielos.es), un antiguo convento de carmelitas descalzos donde, en verano, se almuerza y se cena en el claustro y, en invierno, al calor de la chimenea. Aquí se come lo mejor de la comarca –trufa negra, setas, caza…– y, para variar, arroces.

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