8.000 guerreros bajo tierra: cómo visitar este año el ejército de terracota que impresiona al mundo


La sorprendente historia de este hallazgo, solo comparable con el de la tumba de Tutankamón, te hará soñar con viajar a China.


Guerreros de terracota de la ciudad de Xian, capital de la provincia de Shaanxi, China© Shutterstock
Por: Mariano López
14 de enero de 2026 - 19:00 CET

En la primavera de 1974, un grupo de campesinos que perforaban un pozo en las proximidades de la ciudad de Xian, capital de la provincia de Shaanxi, tropezaron con fragmentos de lo que parecía una estatua. Habían dado con el ejército de terracota, miles de esculturas de un realismo sorprendente dispuestas en formación de combate para proteger la tumba del primer emperador de China, oculta más de 2000 años después de su creación. 

HISTORIA DE UN HALLAZGO 

Yang Zhifa, sus cinco hermanos y su vecino Wang solo querían cavar un pozo y obtener agua para alimentar sus campos de caquis y granados. Mientras lo hacían, recogían puntas de flecha que iban apareciendo a medida que profundizaban en su excavación. Yang Zhifa había descubierto también una cabeza, a la que no dio mayor importancia porque la confundió con un vaso. De repente, hallaron algo mayor: el torso de lo que podría ser la estatua de un guerrero o quizá una imagen de Buda. Sintieron un intenso escalofrío. De inmediato informaron de su hallazgo a la comuna de su condado, Litong, a unos 30 kilómetros al este de Xian, y esta avisó al responsable del museo local, Zhao Kangmin, un agricultor aficionado a la arqueología cuya ciencia seguía a través de dos revistas y de la escasa información que le llegaba al museo. 

Guerreros de terracota de la ciudad de Xian, capital de la provincia de Shaanxi, China© Shutterstock

Zhao continuó la excavación de los campesinos. Después de varios días de trabajo, encontró dos soberbias esculturas que fichó como 'guerreros de terracota de la dinastía Qin'. Al igual que los campesinos, su descubrimiento le produjo tanta alegría como pánico. Años atrás, había encontrado, en un lugar cercano, las estatuas de tres ballesteros de terracota. Comunicó su hallazgo a Pekín, pero la respuesta de los guardias rojos fue destruir las esculturas y obligarle a autocensurarse en público por fomentar, dijeron, el feudalismo. Durante días, Zhao trató de mantener su nuevo descubrimiento en secreto, pero una periodista de una agencia de noticias nacional, de visita en Litong, frustró su silencio. Publicó la noticia en cuanto regresó a Pekín. Esta vez la reacción de las autoridades fue positiva: enviaron un equipo de arqueólogos que consiguió desenterrar en pocos meses más de 500 guerreros. Era un descubrimiento de alcance e importancia mundial, juzgado por muchos como asombroso, solo comparable en el siglo XX, en interés y magnitud, a los tesoros de la tumba de Tutankamón

EL EJÉRCITO DE UN GOBERNANTE CÓSMICO

Las primeras excavaciones y estudios de los arqueólogos profesionales enviados por Pekín estimaron que el sitio podía ocupar 50 kilómetros cuadrados; luego se determinaría, con mayor precisión, que la medida era aún mayor: 98 kilómetros cuadrados. En esa superficie, se abrieron cuatro pozos, de unos siete metros cada uno de profundidad. Uno de ellos, el cuarto, estaba vacío. Los otros tres, según las estimaciones realizadas en 2007, contienen más de 8000 soldados, 130 carros uncidos a 520 caballos, 150 caballos y decenas de figuras correspondientes a personal civil de la misma corte: funcionarios, escribas, músicos y acróbatas. Un completo y muy poderoso ejército labrado con terracota e introducido bajo tierra con un único fin: proteger, en las sombras, la tumba de su emperador. Por toda la eternidad.  

Guerreros de terracota de la ciudad de Xian, capital de la provincia de Shaanxi, China© Shutterstock

¿Quién fue el responsable de tan extraño, singular y colosal enterramiento? Se llamaba Zhao Zeng. Ese fue el nombre con el que nació, en el año 259 a. C. A los 13 años se convirtió en rey de la provincia de Qin y, pocos años después, cuando derrotó a los ejércitos y caudillos de las provincias vecinas, se hizo nombrar Qin Shi Huang, que significa «el primer magnífico emperador de Qin». Según todos los relatos, se consideró a sí mismo un gobernante cósmico, capaz de unificar todo el extenso territorio conquistado como de influir en el no menos vasto mundo de los espíritus en el que creía. Derribó las murallas existentes entre las antiguas provincias y comenzó a levantar otra por el norte, la que sería siglos después completada y conocida como la Gran Muralla. Implantó pesos y medidas únicas para todo su imperio, un sistema monetario común y, lo más importante, una escritura unificada y obligatoria. Sofocadas las guerras, constituido el imperio, las preocupaciones de Qin Shi Huang se centraron, desde que llegó al trono imperial, en un único fin: conseguir la inmortalidad. 

UN VIAJE A OTRO MUNDO

El historiador Sima Qian cuenta que el emperador decidió construir su tumba apenas ocupó su trono. Eligió para emplazarla la base del monte Li, famoso por sus minas de jade, en el lado sur, y sus minas de oro, en el lado norte, un lugar privilegiado, no lejos de Xian. Durante 36 años, unos 700.000 hombres trabajaron en la creación del complejo funerario. Primero construyeron una terraza de unos 3500 metros de largo por 40 de ancho que protegieron con muros de tierra y canales para evitar que el agua de la montaña inundara el recinto. Y luego levantaron casas para alojar a los funcionarios y torres de vigilancia con ballestas automáticas desde las que disparar a cualquier intruso. Miles de trabajadores murieron en la obra. En un pueblo cercano al mausoleo se descubrió, pocos años después del hallazgo de los guerreros, una fosa de más de 1000 metros cuadrados repleta de huesos humanos. Se estima que todos fueron obreros del emperador. 

El emperador murió mientras viajaba por el nordeste de China, en compañía de su segundo hijo, Huai, en busca de pistas que le condujeran a la isla o islas donde esperaba encontrar las hierbas de la eterna juventud. Se cree que murió por los efectos de una pócima de jade y mercurio que ingería por recomendación de los adivinos con el fin de alcanzar, también por esta vía, su ansiada inmortalidad. 

Guerreros de terracota de la ciudad de Xian, capital de la provincia de Shaanxi, China© Shutterstock

El primer ministro, Li Si, que le acompañaba, decidió ocultar la muerte del emperador a todo su séquito para evitar que la noticia se propagara y se produjera una insurrección antes de que se pudiera proclamar su sucesor en Xiangyang, la primera capital del imperio, a unos 30 kilómetros al nordeste de Xian. Li Si decidió mantener el cadáver en el interior de la carroza imperial y alejarla del séquito. A diario, Li Si entraba en la diligencia y simulaba recibir órdenes del emperador. El viaje de regreso duró dos meses. Li Si ordenó situar dos carros con pescado antes y después de la diligencia imperial. Sostuvo que eran para alimentar al soberano. El olor de los carros de pescado evitó comentarios sobre los nauseabundos efluvios que emitía cada vez con mayor fuerza el carruaje del emperador.

A los tres años de la muerte de Qin, violentas revueltas de nobles, militares, funcionarios y campesinos se extendieron por todo el imperio y acabaron por derribar al endeble entramado dispuesto para suceder a Qin. Su dinastía solo duraría 15 años. Pero el imperio que fundó llegó a cumplir más de 2000: desde su proclamación en el 221 a. C. hasta que en el año 1912 fue desalojado de la Ciudad Prohibida Puyi, el último emperador. 

MOLDES IGUALES Y RASGOS DIFERENTES

Los pasos para la creación del ejército de terracota han sido revelados por el equipo de arqueólogos que desenterró las primeras 500 piezas y aún sigue trabajando en explorar la zona y la manera de entrar en la cámara funeraria sin dañar las pinturas, los ríos de mercurio o las gemas en la pared. Gracias a su trabajo, se sabe que la creación de los guerreros no fue obra de artistas que copiaban un modelo, sino el resultado del trabajo de decenas de talleres de alfarería que combinaron soluciones con moldes establecidos y aplicaciones individualizadas. 

Guerreros de terracota de la ciudad de Xian, capital de la provincia de Shaanxi, China© Shutterstock

Los torsos y la parte inferior del cuerpo de los guerreros se fabricaron en una o dos piezas mediante la técnica del enrollado, que consiste en hacer cilindros presionando pedazos de arcilla contra la mesa con los dedos extendidos y la palma de la mano hasta conseguir que el cilindro de arcilla tenga la longitud y el grosor deseados. Tenían que ser la parte más fuerte y sólida de cada escultura, en la que se apoyara el resto. 

Los brazos, las cabezas y las manos fueron producidos por separado, presionando arcilla en moldes. Luego se unieron al torso usando barbotina de arcilla, mezcla de arcilla y agua de consistencia barrosa. Solo se utilizaba un número limitado de moldes para cada parte del cuerpo. Se han identificado dos tipos de moldes para los pies, tres para los zapatos, ocho para los torsos, dos para las manos y ocho para las caras. También se utilizaron otros adicionales para las armaduras y las ropas. 

Después del ensamblaje de todas las piezas, los artesanos agregaban arcilla para componer rasgos faciales individuales y conseguir que cada figura pareciera diferente. Aplicaban líneas en la frente, distintos tipos de cejas y bigotes y detalles como el ceño fruncido, para expresar diferencias en la edad, el trabajo o las emociones. Variaciones en la altura y actitud de los guerreros, y el empleo de otros moldes, de los que nacían peinados, tocados, espinilleras, pantalones, chalecos y armaduras, acababan por configurar un complejo y realista conjunto de unidades diferentes, nacidas de un sistema de producción común.

Los guerreros son de tamaño natural, varían en altura según su rango. Los generales alcanzan casi los dos metros de altura. Las figuras más pesadas llegan a los 270 kilos. La mayoría portaba armas verdaderas, que fueron saqueadas poco después de la creación del ejército, puede que antes de que se cegaran las tumbas. No todas se han perdido. Los arqueólogos llevan recuperadas 40.000 armas de bronce, sobre todo puntas de flecha agrupadas en paquetes de 100 unidades. 

LA VISITA AL MUSEO

  • El Pozo 1, que tiene 230 metros de largo por 62 de ancho, contiene el ejército principal, formado por más de 2000 figuras que están dispuestas en once corredores separados por terraplenes de tierra. Su disposición y sus tocados permiten distinguir la unidad a la que pertenecieron: infantería blindada o ligera, caballería, aurigas, arqueros, ballesteros, oficiales o generales. Convertido en museo, como el resto de los pozos, puede ser visitado mediante pasarelas dispuestas a cada lado del rectángulo en que están formados los guerreros, a la altura de sus cabezas.   Los restos de los techos originales han sido retirados y sustituidos por estructuras modernas. 
  • El Pozo 2, tiene unidades de infantería y caballería, columnas de arqueros y carros de combate. 
  • El Pozo 3, el más pequeño, acoge un grupo de 22 soldados de infantería dispuestos en forma de U. Es la formación más extraña de todas. Mientras que el resto de batallones miran hacia el este, hacia donde el emperador Qin suponía que podrían venir sus enemigos, los soldados de este se miran entre sí, a la espera, quizá, de que se instalara en el centro la figura de una alta autoridad. El Pozo 3 acoge también un carro de guerra pintado con laca y cubierto por un dosel, perteneciente, con seguridad, a un muy alto mando. 
Guerreros de terracota de la ciudad de Xian, capital de la provincia de Shaanxi, China© Shutterstock

Los guerreros de terracota fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1987.  

QUÉ VER EN XIAN, LA ANTIGUA CAPITAL DE CHINA, MÁS ALLÁ DEL MUSEO

Además del museo y el mausoleo de los guerreros de terracota, merece la pena dedicar a Xian al menos tres días para poder conocer los atractivos de esta antigua capital de China, a 1000 kilómetros de Pekín: 

  • La antigua muralla que rodea el centro histórico. Se puede recorrer su amplio corredor a pie o en bicicleta. 
  • Barrio musulmán. Conserva 13 antiguas mezquitas, entre ellas la más grande y antigua de toda China.
  • Templo budista Da Ci’en.
  • Torres de la Campana y el Tambor.
  • Museo de Historia de Shaanxi.

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