Zocos restaurados, calles vibrantes y hoteles de lujo: el nuevo Tánger que tienes que descubrir


La que una vez fue refugio de hedonistas occidentales ha resurgido con una nueva identidad, mezclando tradición y modernidad, y dejando atrás su pasado colonial para convertirse en epicentro cultural donde artistas, escritores y festivales de cine y música redefinen su espíritu.


Calles de la ciudad marroquí de Tánger© Shutterstock
Por: Rafael Estefanía
13 de enero de 2026 - 18:45 CET

Pocas ciudades se han transformado tanto, y para mejor, en los últimos años que Tánger. La pandemia le 'sentó' muy bien, y en ese tiempo en el que el mundo se detuvo, gracias a las inversiones en infraestructura del rey Mohammed VI (la ciudad es la niña de los ojos del monarca), aprovechó para renovarse de arriba abajo: blanqueando los contornos de la medina y la kasbah, arreglando los desvencijados puestos del zoco y restaurando edificios coloniales. Hectáreas de plantas y césped cuidadísimos cubren laderas que caen hasta la costa de Merkala, salpicadas por salientes de rocas y por el impresionante cementerio fenicio, que, con sus 98 tumbas excavadas en la piedra, es, más que en un lugar de recogimiento, un punto de encuentro para cazadores de atardeceres. Abajo, junto al mar, los tangerinos disfrutan de las agradables tardes, caminando por el paseo marítimo, sentados en la hierba haciendo pícnics y tomando refrescos, cafés y crepes de Nutella y plátano.

Panorámica de la Medina de Tánger© Shutterstock

Proyectos artísticos en el zoco

En pleno corazón del Gran Zoco, el Cinema Rif es el símbolo de una ciudad en transformación. Desde que su impulsora, la fotógrafa francomarroquí Yto Barrada, abrió sus puertas en 2006, este cine y espacio artístico sin ánimo de lucro ha sido catalizador de cientos de proyectos artísticos, festivales de cine, exposiciones, charlas y encuentros de artistas locales, como la ceramista Leyla Sadeghi (Leylattitude), que desde su estudio da forma a delicadas piezas que transitan entre el arte y la artesanía, o la pintora Anaëlle Myriam Chaaib, con sus coloridos cuadros que invitan a mirar la ciudad de otra forma.

Delicadas piezas del estudio de cerámica de Leyla Sadeghi en Tánger© Rafael Estefanía
Delicadas piezas del estudio de cerámica de Leyla Sadeghi.
Candelabros, cerámicas,
Candelabros, cerámicas, Candelabros, cerámicas, alfombras y todo tipo de objetos antiguos llenan Bazar Tindouf, una de las tiendas más bellas de la ciudady todo tipo de objetos antiguos llenan Bazar Tindouf, una de las tiendas más bellas de la ciudad de Tángermás bellas de la ciudad.
A la izquierda, una tierna
estampa de la parte antigua.© Rafael Estefanía
Candelabros, cerámicas, alfombras y todo tipo de objetos antiguos llenan Bazar Tindouf, una de las tiendas más bellas de la ciudad

Es también esa nueva manera de ver lo que impulsó al tangerino Hicham Bouzid a fundar Think Tanger en 2016, uniendo en un proyecto arte y urbanismo, y ofreciendo residencias y talleres para explorar el nuevo Tánger. Por si faltaba algo, el Museo de la Kasbah, inaugurado en 2021, abrió las celdas de la antigua prisión al arte contemporáneo, como una metáfora del ímpetu transformador de la cultura. 

En la zona histórica, el edificio más evocativo de Tánger, el Gran Teatro Cervantes, es la piedra angular de un proyecto de regeneración urbana en torno a esta joya modernista de 1913, que fue el primer teatro levantado en el continente africano. Cuando abra sus puertas en unos años, sus fastuosos palcos y su elegante patio de butacas, con capacidad para 1000 espectadores, volverán a evocar días de gloria, como cuando el mismísimo Caruso llenaba y protagonizaba las noches de Tánger. Hasta entonces, son otros los acordes que hacen vibrar la ciudad, los del festival Tanjazz, que suenan en palacios que abren sus puertas al público para convertirse en evocadores escenarios donde escuchar a las mejores bandas de este género.

Rue du Portugal, una de las calles más largas de la medina de Tánger.© Rafael Estefanía
Rue du Portugal, una de las calles más largas de la medina de Tánger.

Hoteles de lujo y alta gastronomía

De la mano de esta furia regeneradora han llegado a la ciudad portuaria hoteles de lujo como el fastuoso Fairmont Tazi Palace Tangier y el íntimo Villa Mabrouka, un coqueto alojamiento diseñado por Jasper Conran, construido sobre la antigua casa de Yves Saint Laurent.

Villa Josephine, una preciosa mansión colonial donde se come rodeado de exquisitos objetos de estilo art déco, en Tánger© Rafael Estefanía
Villa Josephine, una preciosa mansión colonial donde se come rodeado de exquisitos objetos de estilo art déco

La alta gastronomía también ha encontrado su espacio en restaurantes ubicados en coquetos riads restaurados, como el Riad Mokhtar, en el que se puede disfrutar de un menú francés en su patio, y en mansiones coloniales como Villa Josephine, donde comer rodeado de exquisitos objetos de estilo art déco, o en el ya mítico y muy exclusivo Morocco Club.

Le Salon Bleu, para tomar un café con vistas© Rafael Estefanía
Le Salon Bleu, para tomar un café con vistas

Entre tanto glamur, Tánger sigue conservando esa alma que se vive a pie de calle, en la bulliciosa lonja, donde la pesca y el marisco del día rebosan sobre los puestos. Allí puedes hacerte con un kilo de gambas fresquísimas a precio de risa y llevarlas a uno de los restaurantes de la plaza del Zoco, para que te las hagan a la brasa. Y se vive también en las afueras de la ciudad, en el barrio de los cesteros, donde se cultiva, seca y trabaja el mimbre a mano con el que se hacen lámparas, muebles y objetos que luego se venden en las tiendas de decoración más chic. 

Pero la esencia de la ciudad está en cada perfume artesano, que preparan con pulso firme las dos generaciones de perfumistas en Madini y en la fantasía que transmite el Bazar Tindouf (64 Rue de la Liberté), una de las tiendas más bellas de la ciudad, donde candelabros, cerámicas, alfombras y todo tipo de delirantes objetos antiguos apenas dejan espacio para transitar. Tánger, más que nunca, es ahora la ciudad cosmopolita, y a su fiesta, todos estamos invitados.  

Medina de Tánger. Marruecos© Shutterstock
Medina de la ciudad

COMER Y DORMIR EN TÁNGER 

¿Dónde dormir? La oferta hotelera de calidad se ha multiplicado en Tánger en los últimos años con la llegada del fastuoso Fairmont Tazi Palace Tangier (fairmont.com/tangier) y el íntimo Villa Mabrouka (villamabrouka.com), antigua residencia de Yves Saint Laurent. Villa Josephine (hotel-villajosephine.com), en una fabulosa villa colonial, es un guiño al pasado. Si lo que buscas es la experiencia de un riad en pleno corazón histórico, pero con las comodidades de un moderno hotel, el Riad Mokhtar (riadmokhtar.com) es tu lugar.

Media Image© Rafael Estefanía
Media Image© Rafael Estefanía

¿Dónde comer? De lo divino a lo mundano, Tánger tiene oferta para todos los gustos y presupuestos. El restaurante Hammadi es una apuesta segura para una cena tradicional en un lugar histórico. Otro clásico, anclado en la época colonial en los bajos de un palacio del siglo XIX, es La Casa d’Italia (@casaditaliatanger). Si no te importa mancharte las manos, los populares restaurantes de pescado del puerto ofrecen bandejas de pescado y marisco a buen precio en un ambiente festivo. Subiendo el nivel, los restaurantes de los hoteles Villa Josephine y el Riad Mokhtar, con su carta francesa, son lugares donde el escenario es casi tan importante como el menú. Para sibaritas, el exclusivo Morocco Club (elmoroccoclub.ma) y para amantes de la comida moderna y saludable, Alma Kitchen (almatanger.com).

Faro de Cabo Espartel, Tánger, Marruecos© Shutterstock
Faro de Cabo Espartel
Faro de Cabo Espartel, Tánger, Marruecos© Shutterstock

SI VISITAS LA CIUDAD, YO QUE TÚ NO ME PERDERÍA...

  • Con 160 años, el faro de cabo Espartel es el más antiguo de Marruecos. Un emblemático edificio con preciosas vistas de la costa y cafés en los que disfrutar de un buen helado, a solo 14 kilómetros de Tánger.
  • Visita obligada es el Café Hafa al atardecer, levantado sobre varias terrazas que ofrecen impresionantes vistas al Estrecho. Turístico, pero sin perder su atmósfera bohemia.
  • Observa el ajetreo de la ciudad con un té de menta en el Café Tingis, a ras de suelo; a vista de pájaro, en la terraza del Palais Zahia.
  • A solo 50 kilómetros de Tánger merece la pena acercarse a Ashilah, una bonita ciudad costera de Marruecos que destaca por sus murallas blancas, sus playas tranquilas y su vibrante escena artística.

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