Arenal de Moris en Caravia, Asturias

Caravia y La Isla: dos paraísos diminutos en Asturias encajados entre el mar y las montañas

Playas deslumbrantes, rutas de senderismo, bonitos paseos entre casas de indianos, huellas del Camino de Santiago y restaurantes con vistas al mar donde comer de lo lindo. Todo esto encontramos en este pequeño territorio de apenas trece kilómetros cuadrados, recostado en la orilla del Cantábrico.

por Noelia Ferreiro

Cualquiera que sea la dirección de la mirada, los ojos se inundarán de belleza. Si es al norte, darán con un Cantábrico impetuoso que bate sus olas en playas vírgenes, ideales para la práctica del surf. Si es al sur, vislumbrarán la Sierra del Sueve, que despliega su rocoso perfil hasta la Sierra del Fitu y conforma con ella un hermoso murallón a escasa distancia de la costa. Es lo que tienen Caravia y La Isla: el privilegio de encontrarse encajados entre las montañas y el mar.

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Apenas trece kilómetros cuadrados ocupa este recóndito territorio del centro-oriente de Asturias, que se hace hueco entre Ribadesella y Colunga. Dos diminutas parroquias pintadas con la característica paleta azul y verde del norte, que conservan su fisonomía rural y su esencia marinera.

CHAPUZONES CON VISTAS

Comencemos con las vistosas playas, rústicas y salvajes, que se extienden a lo largo de este minúsculo litoral. Playas como la de Espasa, a la que el río del mismo nombre separa del concejo de Colunga, dejando a su paso un reguero de agua en el que chapotean los niños. O como la de La Isla, la más concurrida de todas, que recibe este nombre por un islote al que se accede, a través de una lengua de tierra, sólo cuando hay bajamar. Más seductora resulta La Beciella, a la que se llega caminando por una senda costera, que es también un tramo del Camino de Santiago. Al paso encontraremos el llamado Bolu, un espigado farallón que emerge sobre las aguas como un vigía del mar. 

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Queda el Arenal de Morís, en el extremo oriental, allí donde se congregan los surfistas para disfrutar del oleaje. Casi un kilómetro de arena tostada a la que se acercan unos leves acantilados tapizados de vegetación. Aquí encontramos un chiringuito que, como en una suerte de Ibiza asturiana, ofrece música en vivo al tiempo que se degusta un cóctel, mientras la caída del sol tiñe la playa de rojo. Luego, para continuar la fiesta al aire libre en un entorno fabuloso, habrá que acercarse a Playa Madre (playamadre.com/), el escenario perfecto para bailar hasta altas horas de la noche. 

CAMINATAS EN VERDE

Es otra de las actividades de esta zona para los que no gusten de tumbarse al sol. Porque estos municipios andan sobrados de parajes montañosos coronados por la niebla, en cuyos bosques de acebos y tejedas merodean zorros, jabalíes y gamos junto a la más emblemática de las especies: el asturcón. 

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La excursión más popular es la que conduce al Mirador del Fito, al que se conoce como el Balcón del Principado. Una grandiosa aproximación a los Picos de Europa en lo que constituye la postal perfecta: cumbres escarpadas sobrevoladas por las rapaces, prados en los que pastan las vacas y, al fondo, inabarcable, el horizonte infinito del mar.

HERMOSA ARQUITECTURA 

Carabia y La Isla también tienen su lado urbano. En medio de tanta naturaleza se ocultan dos pequeños y bellos entramados, que atesoran ejemplos de arquitectura popular (como palacetes y hórreos) y también buenas muestras de construcciones medievales y renacentistas.

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Pero lo que más destaca en un paseo por sus callejuelas es la herencia de los indianos, aquellos emigrantes que abandonaron la tierrina a finales del siglo XIX para viajar a las Américas y amasar considerables fortunas. A su regreso, levantaron impresionantes casonas que hoy lucen llamativas con sus monumentales fachadas y sus inmensos jardines. Un ejemplo es Villa Maria Luisa, en La Isla, con una situación privilegiada en primera línea de la playa. 

COMER BIEN Y DORMIR MEJOR

Claro, porque estamos en Asturias y esto implica disfrutar de una rica (y contundente) gastronomía. Un deleite que, en este pequeño territorio está, además, aderezado por bonitas vistas al Cantábrico. Para ello está Fitomar (fitomar.com), en la playa de la Espasa: un lugar perfecto para tomar una sidra acompañada de una andarica (nécora). Quienes prefieran un cachopo tamaño XXL tendrán que ir a Casa Carlos (Ctra. Ribadesella-Canero, Km 16500) , eso sí, con mucha hambre.

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Para descansar en un lugar idílico, nada como El Babú (rusticae.es/hotel/hotel-el-babu-10104), una casona del siglo XVIII transformada en un hotel boutique, con elegante decoración y espectaculares vistas a la montaña. El mismo encanto que destila Los Caspios (loscaspioshotel.es), con una estupenda piscina, en este mini paraíso que esconde Asturias en uno de sus pliegues secretos. 

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