Termas romanas de Caldes de Malavella, Girona

DESCUBRIENDO GIRONA

Caldes de Malavella, de las termas romanas al Vichy Catalan

Las aguas mineromedicinales que brotan en esta villa termal ya eran apreciadas desde época romana. Han pasado siglos y hoy se disfruta de ellas siguiendo la ruta de sus fuentes históricas, degustando sus  famosas aguas embotelladas y, sobre todo, en sus balnearios. 

por KRIS UBACH

Hubo un tiempo en que los habitantes de la vieja Hispania romana iban de ciudad en ciudad a través de la Via Augusta, una gran calzada –la mayor de la península ibérica– que unía Roma con Cádiz en época de emperadores y repúblicas. De aquella época y como si de un itinerario de Google Maps se tratara, quedaron escritas (con sus distancias kilométricas incluidas) las etapas que seguían los viajeros para moverse por el territorio del imperio. Así, hoy sabemos que quienes salían de Tarraco (Tarragona) rumbo norte, visitaban primero Semproniana (Granollers) y paraban en Aqvis Voconis (la actual Caldes de Malavella) antes de proseguir su viaje hasta Gervnda (Girona).

¿Y porqué la modesta Aqvis Voconis (también conocida como Aqvae Calidae) se incluía en semejante itinerario de largo recorrido? Ya lo habrás adivinado: porque la villa contaba con unas termas a todo lujo y color alimentadas por aguas que, además de brotar a 60 ºC, eran (y siguen siendo) mineromedicinales.

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Hoy, en pleno centro urbano de Caldes de Malavella, se exhiben aquellas termas romanas que durante siglos aliviaron las dolencias y fatigas de tantos y tantos viajeros romanos. De las viejas estructuras se conserva la gran piscina central (natatio) con sus escalones de acceso casi intactos, así como parte del corredor porticado y varias estancias de servicio. En el vecino Espai Aquae, un flamante centro de interpretación e investigación que profundiza sobre el patrimonio natural e histórico vinculado al agua termal, se muestran algunos de los objetos hallados en este lugar (visitcaldes.cat).

DE FUENTE EN FUENTE

Junto a las termas, la Font dels Bullidors –la surgencia original que alimentaba todo el complejo termal– forma parte hoy de la Ruta de las Fuentes Históricas que se puede recorrer por la localidad. La dels Bullidors se canalizó a principios del siglo XIX para dar servicio público a la población y poco después sus aguas se empezaron a embotellar como Vichy Caldense (hoy Agua Mineral Imperial).

Otra de las fuentes en la ruta es la Font de la Mina, cuyas aguas empezaron a venderse en bonitas botellas de cristal como Agua del Balneario Prats en los albores del siglo XX (hoy Agua Malavella). Otra surgencia original que brota a 60 ºC es la Font de Sant Narcís, que siempre ha dado servicio a los vecinos de Caldes de Malavella y que hoy se comercializa bajo el nombre de San Narciso.

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Tanto afán por embotellar las aguas locales tenía una explicación muy sencilla: vendérsela a la burguesía catalana era un negocio altamente rentable. De hecho, fue esta adinerada clase social quien espoleada por la prescripción de los beneficios del agua de Caldes de Malavella empezó a practicar a finales del XIX lo que hoy conocemos como turismo termal. El gran boom llegaría en 1840 con la inauguración de los primeros baños modernos, el Balneari Prats, al que siguieron poco después el Balneario Vichy Catalan (1898) y el ya desaparecido Balneari Soler en 1900. El primero de ellos (balneariprats.com) recibía en sus comienzos a poco más de 400 personas al año, pero la familia Prats quiso dar un envoltorio adecuado a sus servicios balnearios y para ello construyeron el suntuoso edificio neoclásico que todavía hoy ejerce como hotel y centro termal.

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EL CÉLEBRE BALNEARIO VICHY CATALAN

Otro de los históricos aún en uso es el Balneario Vichy Catalan (hotelbalnearivichycatalan.cat) que se levantó sobre una de las fuentes termales naturales de la villa, la del Puig de les Ànimes. Su ideólogo fue el señor Modest Furest i Roca, un médico local especializado en la hidroterapia, la homeopatía y la higiene social, disciplinas que por aquel entonces estaban en pleno auge. Además de promover el balneario –construido en un imponente estilo neomorisco– Furest construyó una planta embotelladora para que los visitantes pudieran llevarse a casa aquellas aguas con propiedades mineralógicas bicarbonatadas, alcalinas, litínicas y fluoradas. Los anuncios de la época dejaban claras sus virtudes casi milagrosas: «Vichy Catalan. El que la bebe desconoce el dolor de estómago y destierra para siempre el artritismo. Es la mejor defensa contra el cólera, tifus y demás enfermedades infecciosas. De venta en todas las farmacias».

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