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Una ruta por el Alentejo entre villas blancas, miradores y calzadas romanas

Andando por los caminos de la sierra portuguesa de São Mamede se descubren todas estas sorpresas y más. La primera, la preciosa villa fortificada de Marvão, sobre la cresta más afilada de este parque natural, ideal para una escapada al otro lado de Extremadura.

por ANDRÉS CAMPOS

En cualquier otro lugar del mundo, la sierra de São Mamede, con sus modestos 1100 metros de altura, pasaría inadvertida. Pero aquí no, porque es la montaña más alta de Portugal al sur del Tajo y porque el contraste entre sus crestas y el resto del paisaje alentejano (dehesas prácticamente llanas de encinas y alcornoques) es brutal. No es de extrañar que el muladí Ibn Marwan eligiera en el siglo XI una de estas crestas para levantar el castillo que recuerda su nombre, Marvão, porque desde allí se domina medio Portugal y buena parte de la vecina Extremadura. Por cierto, que este Ibn Marwan fue el mismo que fundó en el año 875 Badajoz.

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Además de tener una de las mejores vistas del parque natural de la sierra de São Mamede, sobre el valle del río Sever y las laderas rebosantes de robles y castaños, el blanco pueblecito amurallado de Marvão y su fortaleza son un potentísimo imán. Hay que descubrirlo y después ponerse a andar por algunas de sus sendas bien señalizadas (con paneles informativos y marcas de pintura roja y amarilla).

DE MARVAO A PORTAGEM

Muy recomendable, el sendero circular PR 1 MRV, de 7,7 kilómetros y algo menos de tres horas duración, que une Marvão con Portagem, siguiendo el rastro de calzadas milenarias. En Portagem hay un hermoso puente sobre el río Sever, al lado de una torre donde pagaban los aranceles los mercaderes provenientes de Castilla o con destino a ella. Una lápida recuerda a los miles de judíos que cruzaron por aquí cuando los expulsaron de España en 1492. Además hay un antiguo molino, el moinho da Cova, rehabilitado como centro de interpretación. Y una piscina fluvial donde, después de la caminata, nadando o a la sombra de los álamos, se está en la gloria. Aunque tomándose una Sagres helada o un licor de guinda (ginjinha) en la terraza ribereña del restaurante O Sever, tampoco se está mal.

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CASTELO DE VIDE

Caminando desde Marvão por el sendero PR-3 MRV se puede llegar caminando, en unas tres horas y media (solo ida) al pueblo de Castelo de Vide, en el que se establecieron muchos de los judíos que cruzaron el río Sever. Pasmosa, la judería, con su fuente de la Villa (de mármol blanco de Estremoz, como tantos monumentos del Alentejo), sus callejuelas rompepiernas, sus puertas ojivales llenas de símbolos hebraicos y su sinagoga musealizada. En él, vale la pena hacer la ruta de las fuentes (PR 5 CVD), porque las hay de todas las épocas, formas y materiales (además de las de agua mineral, que embotellan dos fábricas) y la de la sierra de São Paulo (PR 1 CVD), que corona la preciosa ermita de Nossa Senhora da Penha. Para reponer fuerzas, una boleima de maçá, una tarta fina y crujiente de manzana y canela, típica de Pascua, que tuvo su origen en la maztá o pan ácimo de los judíos.

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LA RUTA DEL CONHAL

También merece la pena (y tanto) alargar el viaje hasta el extremo norte del alto Alentejo para recorrer la ruta del Conhal (PR 4 NIS), en Monte do Arneiro. Un conho es un canto. Y un conhal, un cantizal. Eso es lo que quedó aquí después de que los romanos estuvieron buscando oro a orillas del Tajo: una inmensa escombrera de cantos rodados que se recorre siguiendo una senda circular, de 11 kilómetros y unas cuatro horas de duración.

Para llegar a Monte do Arneiro, hay que pasar antes por Nisa, localidad famosa por sus bordados y su cerámica con incrustaciones de piedra. En el taller Artesanato Galucho (Portas de Montalvão s/n, tel. 245 41 23 29) podemos ver a las bordadoras en plena faena. Tampoco es mala idea visitar el Museo do Bordado e do Barro (museubordadoebarro.cm-nisa.pt), que está a tiro de piedra.

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MIRADOR DE MONTE DO ARNEIRO

Para asomarse está el mirador sobre las Portas de Ródão, donde el Tajo se encañona entre cortados de 170 metros. Allá abajo, el río embalsado es como un espejo, solo maculado por el reflejo de los buitres y las barcas de los pescadores que capturan carpas de más de 25 kilos. La prueba de que esto no es exageración, en el restaurante O Túlio (ver guía práctica). Al mirador se llega en un par de horas siguiendo la ruta senderista del Conhal (PR 4 NIS).

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INFO PRÁCTICA

CÓMO LLEGAR

Marvão está en el Alto Alentejo portugués, a 235 kilómetros de Lisboa, lindando con Extremadura. Desde España, se puede ir por Cáceres y Valencia de Alcántara (117 kilómetros) o por Badajoz, Elvas y Portalegre (92 kilómetros).

Landescape Walks (tel. +351 919 77 61 84) organiza viajes de senderismo para grupos pequeños por el Alto Alentejo.

DÓNDE DORMIR

En Marvão. Pousada de Santa Maria (pousadas.pt), en lo más alto de la villa, con unas vistas que enamoran y la garantía de Pousadas de Portugal. Dispone de un buen restaurante de cocina tradicional.

En São Salvador da Aramenha. Quinta do Barrieiro (quintadobarrieiro.pt), un alojamiento rural excepcional, a 14 kilómetros de Marvão, en una finca campestre de la escultora Maria Leal da Costa. Son siete casas independientes decoradas con obras de la artista, con jardín, parque escultórico, piscina, lago natural y monte por los cuatro costados.

En Castelo de Vide. Casa Amarela (casaamarelath.pt), una elegante casona del siglo XVII, catalogada como monumento de interés, en la plaza principal. Ofrece 11 habitaciones, vistas a la sierra de São Paulo y desayunos con dulces y embutidos típicos.

DÓNDE COMER

En Marvão. Varanda do Alentejo (varandadoalentejo.com) ofrece platos tradicionales, como la sopa de sarapatel de cabrito o la ajada de cazón, en el mejor restaurante de la villa amurallada, con unas vistas infinitas.

En Portagem. O Sever (sever.pt), un restaurante con terraza a orillas de río Sever, idóneo para tomar bacalao dorado, carrilleras de cerdo y dulces conventuales.

En Monte do Arneiro. O Túlio (tel. 245 46 91 29), una sencillísima casa de comidas, especializada en pescados del Tajo. Sorprendentes, las sopas de peixe, con pan y huevas de carpa. En su momento, anguila y lamprea.

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